Siempre sucede lo mismo: empiezo a armar el bolso con anticipación para que no me falte nada, y termino a último momento corriendo desesperada porque me olvidé la mitad de las cosas. No me hace falta una lista, me hace falta ponerme menos ansiosa. Tanto apuro y hasta tuve tiempo de estar un rato en la terminal conversando.
Elegí a Carmela como compañera de viaje porque no me animaba a irme sola. La conocía hacía mucho de la escuela y la parroquia, y eso hacía que tuviera ciertos reparos a lo que podía ser la convivencia: sabía que no era una persona fácil. Pero aún así me largué.
El micro resultó ser un lechero que nos llevó a hacer un tour por el gran Buenos Aires antes de salir a la ruta. contamos más de 15 paradas de aquí a San Nicolás, incluyendo tres vueltas a la rotonda de San Justo para parar en la misma cantidad de lugares. En este periplo invirtió 3 horas.
Comprobamos así que de Buenos Aires a Tucumán llovía ininterrumpidamente, y tuvimos un espectáculo de cielos nunca vistos, nubes en varios niveles y de las más variadas formas, que con la caída del sol comenzaron a teñirse de los colores más lindos, dando combinaciones novedosas justamente por los distintos niveles... Todo cubriendo el ya bello espectáculo de la pampa, ora cultivada ora en barbecho, extendiéndose hasta el horizonte.
La oscuridad dio lugar a los rayos que iluminaban el horizonte y que metieron un poquito de miedo, tras la parada en Rafaela para cenar los vimos caer bastante cerca... pero igual dormimos bien.