El gran Capitán, en tren de Posadas a Bs As

Escribe: beris
Le dicen el "gran capitán" aunque bien podrían llamarle el "tren bala". Añoso y cansado recorre el territorio comprendido entre Posadas y Buenos Aires, bien ceñido al curso del río Uruguay,...

 

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Capítulo 1

El gran Capitán, en tren de Posadas a Bs As

Buenos Aires, Argentina — sábado, 18 de marzo de 2006

Le dicen el "gran capitán" aunque bien podrían llamarle el "tren bala". Añoso y cansado recorre el territorio comprendido entre Posadas y Buenos Aires, bien ceñido al curso del río Uruguay, marcando el paso, como dos bailarines de tango. 1800 kilómetros en unas teóricas 26 horas, aunque preguntando aún no he descubierto ha nadie que le haya visto recorrer la distancia en ese tiempo. En mi caso fueron 36 horas; otros llegaron a las 45.

El Gran Capitán es viejo. Uno de esos trenes de campaña que a golpe de voluntad dan servicio, aunque hace tiempo que su carné viene señalado una honrosa retirada. Artrítico, va comiendo uno a uno los kilómetros de camino, muy despacito, al estilo de esos ancianos que se sientan en la vereda con su termo y su tereré a ver pasar la gente y la vida, que viene a ser lo mismo. Ese mismo espíritu de contemplación tiene el Gran Capitán, esa misma parsimonia a veces desquiciante que te va llevando de un descarrile a un apagón, de una parada a una pérdida de fuerza de la máquina.

El territorio por el que traquetea ruidoso es llano. Inmensas planicies de plantaciones solitarias. Nada de grandes urbes de cemento, sino apenas lugares que no tienen siquiera la fuerza suficiente para clavar su nombre en tu memoria. Paisajes y paisajes que van pasando como en una película al ralentí, donde las vacas y los caballos son los únicos protagonistas.

A mi, personalmente, me gusta el Gran Capitán. Me encanta sentarme en uno de sus vagones sin saber cuándo llegaré al destino o que nueva avería presentará este viejo loco en el siguiente kilómetro. Me motiva sentirme en manos de este veterano con tantos metros en sus hierros como para dar varias vueltas al mundo. He de admitir, sin embargo, que no todo el mundo disfruta del mismo modo del retraso y la lentitud. Señores que se desesperan, transpiran, protestan...unas mujeres que se lamentan de no haber cogido el micro, con el que ya estarían hace horas en la capital...
Yo sigo en mis trece con el Capitán, defendiendo a muerte sus achaques y esa manera pausada y azarosa de viajar. Para velocidad y rigor horario, pienso, se hicieron los aviones (y ni eso). Yo prefiero seguir creyendo que en los trenes de larga distancia sigue vagando una idea romántica de viajar. Grandes nombres que suenan a aventura y misterio, como el Orient Express o el Transiberiano. Cómplices silenciosos de asesinatos, pasiones y dramas. Protagonistas de novelas y vías de escape de ladrones y buscavidas.
Como el Gran Capitán, ¡que carajo!


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