Retomando el copete: la idea del diario es ayudar con fintas al plan de viaje ya trazado. Por supuesto que recorrí el norte argentino, por supuesto que pasé la frontera y caminé Villazón (ciudad boliviana fronteriza a La Quiaca, Argentina), pero no hice allí nada que le pueda servir más que a mi satisfacción. Hermoso, sí, pero no voy a ser de ayuda si usted planea un viaje similar y lo que recibe es una oda al paisaje. O por lo menos así lo veo.
Para arrancar hacia el norte en enero con poca plata no es necesario dormir dos noches de octubre haciendo fila para el pasaje en tren. Esto es importante. El tren cuesta unos cuarenta pesos argentinos, casi cincuenta, y demora más de 24 horas en acercarte a San Miguel de Tucumán.
En vez de eso los servicios que salen de plaza Miserere (Plaza Once) de forma diaria son una alternativa recomendable. Son transportes con [no-todos] los papeles en regla pero que por ciento cincuenta pesos argentinos te deja en San Salvador del Jujuy en veintitrés horas. Si ya recorriste el NOA y querés seguir subiendo es buena opción ahorrarte dos provincias, si querés recorres el NOA empezar desde arriba tampoco está mal, en Tucumán la vuelta en tren (para no perder esa mística) se consigue por lo general el mismo día del viaje. Pero insisto, no le tengan miedo a esta posibilidad. Es el transporte que usa la gente local para volver a sus pagos; familias, mujeres, ningún problema de género ni etario. Para esquivar controles policiales toma rutas provinciales y en mal estado, pero mi experiencia en general fue muy buena.
El año pasado hice el NOA, no iba a perder tiempo* / *[Cuando el tiempo es limitado, Tiempo = Dinero. Cuando el tiempo es laxo la relación se va distanciando]. Llegué a Jujuy y salí para la frontera, con un poco de suerte saldría de argentina el segundo día de viaje sin gastar (fuera del pasaje inicial y las primeras viandas que cargaba) el pasaje Jujuy-La Quiaca.
Viajo sólo, lo cual lo facilita, y no le tengo ningún problema al autostop (“hacer dedo” ). Pero por experiencia: En Jujuy hay más demanda de autos que oferta, he esperado hasta seis horas para que me levanten; en Bolivia no vas a tener problema pero todos te van a cobrar algo; en Perú la genial disposición de los conductores hace que uno no alcance a levantar el brazo cuando aparece alguien dispuesto a llevarlo.
De Villazón a Uyuni debo el tren. La frecuencia con la que sale es baja y miles de mochileros buscan subir. Empecé entonces con ese arte de regateo que aquí tenemos prohibido buscando que bajen el precio en “bus”. “Ya, ya papito” me dijo la vendedora que luego resultaría la esposa del conductor “vos vas a ir sentadito al lado mío para que veas que el pasaje vale lo que vale”. Y así fui hacia Uyuni mirando en primera fila un camino de ripio, sinuoso y sobre ladera de cerros, hablando con el conductor que con una mano dominaba el volante y con la otra sostenía una pequeña botellita de whisky, la cual sacaba cada tanto por la ventana regando la tierra, “para la Pacha”, ¿vio?