Crónica de Buenos Aires

Escribe: retinaviolenta
El Aeropuerto en Ezeiza me recibió con el bochorno del verano austral. Tuve que quitarme la ropa de invierno para poder empezar a climatizarme. Un tipo de traje café, con el sudor manchándole...

 

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Capítulo 1

Crónica de Buenos Aires

Buenos Aires, Argentina — lunes, 15 de agosto de 2005

El Aeropuerto en Ezeiza me recibió con el bochorno del verano austral. Tuve que quitarme la ropa de invierno para poder empezar a climatizarme. Un tipo de traje café, con el sudor manchándole la camisa llevaba un letrero con mi nombre. Se me acercó y me pidió que esperara un poco en lo que venían los demás pasajeros. Dos bolivianos y un de ecuatoriano se subieron a la minivan que nos iba a llevar al hotel. De inmediato se entendieron y comenzaron a platicar acerca de una marcha que se realizó en Bolivia. Yo, simplemente no puede dejar de ver el pasto perfectamente cortado de los alrededores del aeropuerto. Prendí la videocámara, pero de inmediato me sentí como turista japonés y la apagué.

En cuanto entramos a la zona urbanizada de Buenos Aires, siento como la ciudad me sedujo. Sus multifamiliares con aire acondicionado me parecieron bastante curiosos, chorreando freón, con toldos verdes para cubrirse del sol en las cálidas tardes veraniegas. Edificios que se hacen pensando en las personas. No las unidades habitaciones -estilo hormiguero- de nuestro país. Edificios que se hacen pensando en el dinero, en el contrato.

Vida de turista
Los consejos que me dio la guía de turistas, fueron casi sentencias sobre la seguridad. No alejarme de lo que ellos llaman La City, no salir muy tarde sin compañía, no estar en el barrio de la Boca más allá del atardecer y tener cuidado "con los miles de carteristas que hay en la ciudad". Luego me daría cuenta que la paranoia bonaerense es un mal tratado por sicoanalistas. La mayoría no podría sobrevivir en un verdadero estado de guerra como es la Ciudad de México.
El mayor problema con la guía era que me quería obligar a asistir al tour de compras. No, no tengo ganas de ir de comprar. No me gusta comprar nada, le explicaba en el lobby del hotel. "Es Tax Free, a todos los lugares a donde vamos es Tax Free" y lo pronunciaba con un acento inglés, muy nasal. No, de verdad, le explicaba, no tengo ganas. Pareció comprender, sin embargo, durante una semana dejó con la recepcionista los horarios de las salidas para el tour de compras.
Lo único que acepte fue el City Tour. Pero no lo hubiera hecho; intentó venderme también shows de tango con precios en euros y viajes al río Paraná. El resto de los turistas, brasileños en su mayoría, aceptaban gustosos lo que les ofrecían. DVDs grabados mientras paseaban por la Casa Rosada, por la Catedral, por el estadio del Boca Juniors, por Caminito, musicalizados con tango y milongas. Los europeos y norteamericanos lo compraban todo. Paquetes de Maradona, dulce de leche Sal Nor, chamarras de piel, figuritas cabezonas de Evita y Gardel y mates grabados con su nombre.
La vida de turista es fácil. Uno se levanta del hotel a desayunar medias lunas con cortadito, come asado criollo con vinos baratísimos y ve mujeres hermosas en sus ropas veraniegas, recorre las calles lindas de BsAs. La Florida, Lavalle, Corrientes, se baña en Tigre, ves los parques de Palermo con los deportistas alejando los males cardiacos y a los estudiantes de medicina paseando diez perros finos. Luego regresas cansado por la noche a dormir en la seguridad del hotel.
La crisis no se ve por ningún lado. No hay mendicidad, no hay prostitución, no hay nada malo por la City, por el micro centro. El obelisco se ve impoluto en la avenida más grande del mundo, la 9 de Julio, el cementerio de la recoleta con sus estatuas y sus muertos millonarios te dicen que no hay crisis. ¿Cuál crisis?, si las familias acomodadas pueden seguir comiendo bifes de 400 gramos, devorando pizzas espolvoreadas de ají y orégano, jugando al tenis y durmiendo cerca de la casa presidencial en Los Olivos. Claro, la inflación va en aumento.
Sin embargo, cuando se deja de ser turista y pasa al lado de los inmigrantes, las cosas son muy diferentes. Uno se da cuenta que los parques huelen a mierda de perro, porque los estudiantes de medicina no la levantan; que los cartoneros y demás marginados salen en la noche a husmear en la basura. Que en Callao duermen en el suelo muchos mendigos, que las prostitutas tienen piquetes de heroína en los brazos, que en los edificios de timbres dorados hay casas de citas con prostitutas uruguayas, brasileñas y claro, también locales.
Un tipo de traje gris, que se sofocaba cuando subíamos escaleras, mi guía en el tour sexual, me dijo: México es muy bonito. Le dije que Cancún no es México. Que México es más grande que eso. Que hay mucha, pero mucha porquería escondida. Como aquí.

Chespirito
Los argentinos saben de inmediato que eres extranjero. Pero lo más curioso es que inmediatamente te reconocen mexicano. En la calle, cuando caminaba, me decían: "¡Eh, cuate!" o "Mira, habla como el chavo del ocho". En un restaurante, tres parroquianos -dos hombres y una mujer- reconocieron mi acento. Me invitaron a sentarme en su mesa y pidieron una ensalada cesar y un vino tinto marca Norton, cortesía de uno de ellos. La razón de la invitación era para que les platicara sobre el Chavo del Ocho. Me reí. Pensé que era una broma. Uno de ellos era médico. Los otros dos trabajan en marketing y en una aseguradora médica.
Les dije que el Chavo del Ocho tenía mínimo veinte años fuera del aire, y fue hasta hace poco que lo retransmitieron. Que Chespirito tenía cerca de diez años sin tener una emisión con programación nueva y que no podía ahondar más. Aunque si les dije, que no podía entender como es que teniendo un alto grado de cultura en el país, les pudiera gustar el Chavo el Ocho. Los tres se quedaron callados y uno de ellos, -el médico- dijo: "Es que no me tienes paciencia" y se comenzaron a reír.
El resto de la comida fue para preguntarme si sabía la razón del pleito entre Chespirito y Kiko y sobre la adicción a la cocaína de la Chilindrina. Traté de explicarles lo más que sabía y además de hacer de su conocimiento mi hipótesis sobre el enamoramiento oculto de Doña Florinda por Don ramón y mis fundadas sospechas de la paternidad de este personaje sobre el chavo. Se quedaron maravillados. Me dieron sus teléfonos pero no les hablé. No podría soportar otra sesión.

Surfistas nazis deben morir
BsAs, en especial, pero Argentina en general, sufre extrañas contradicciones. Con la llegada de criminales de guerra nazis y exiliados judíos en las pampas, han pasado varias cosas absurdas. Por ejemplo, que judíos escapados de los campos de concentración se encuentren un día desayunando con uno de sus torturadores. O que los mismos judíos que se sienten agredidos por el racismo te segreguen. A mi tocó en un bar, que uno de ellos comenzó a burlarse de mi acento mexicano. Luego de una discusión más o menos acalorada el tipo me dijo que estaba contento de poder encontrar a cuando menos tres mexicanos cultos (se refería dos de mis amigos y yo), pero que de todos modos no pensaba visitar México, porque antes prefería ir a países civilizados. Como Alemania, le contesté o la franja de Gaza y Cisjordania. Si, esos sitios, me dijo muy enojado y se fue hablando en algo, que supongo, era hebreo.
Pero las contradicciones están a la orden del día. En una iglesia atestada de gente había una pinta que decía "Dios no existe". En una escuela de monjas llamada "Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús", su lema era "Les enseñamos a ser libres a las mujeres". Las manifestaciones en pro de los indígenas las hacen personas blancas, con aire europeo, que se dicen indígenas. Como el cantante de ANIMAL, una banda de power metal, que hace conciertos gratuitos, seguramente para que los mapuches puedan entrar al pit mosh y azotarse en el slam. Sí, algo así como los tipos que hacen turismo revolucionario en Chiapas.
Es que BsAs misma es una contradicción. Los edificios españoles fueron demolidos después de su independencia oficial, para eliminar toda huella colonizadora, pero en su lugar hicieron otros de influencia francesa, italiana e inglesa. Los argentinos, desde los más pobres a los más ricos, odian a los norteamericanos e idolatran a los europeos. Sin embargo, todo lo que está privatizado (casi el país entero) pertenece a los de la comunidad europea. La gasolina, las aerolíneas, la telefonía es de españoles, el agua, el subte, los trenes es de franceses., los bancos en son de italianos o ingleses.

Copycat
Aunque el repudio hacia los gringos es generalizado, dos partes de Palermo, uno de los barrios más bonitos, está dividido en Palermo SOHO y Palermo Hollywood. Porque, según reza una guía turística: "Palermo no se parece a nada en el mundo. Aunque tiene la arquitectura de la ciudad de Palermo, el aire bohemio del SOHO neoyorquino y el glamour del Hollywood californiano". Claro, el SOHO argentino esta lleno de diseñadores de moda y gráficos y el Sunset boulevard pampero, tiene dos canales de televisión locales.
Y para no desentonar en esto de la denuncia mediatizada, tienen a su Michel Moore, un tal Jorge Lanata, que además prologa los libros del enemigo de Bush en versión argentina y de vez en cuando se queja de las comparaciones entre el norteamericano y su persona. Sin embargo, los bonaerenses, que no todos los argentinos, son muy dados a esto de buscar equivalentes locales. Así que las frases "el Wody Allen de las pampas", "el Bob Dylan austral", "el Broodway local", o "el Montparnas argentino" son cosas de todos los días.

Los Increíbles, la película
El ego porteño está elevado a niveles increíbles. Cosa que sufren los argentinos de las provincias. Una amiga de corrientes me explicaba que ella no podía ser recepcionista del hostal donde trabajaba, porque era de Corrientes. Que el dueño del hostal, -un yuppie de traje reluciente, nada que ver con los chicos cool que contrata para atender- le decía que debía entender su situación de provinciana. Cuando intentó practicar su inglés con los huéspedes, se lo prohibieron. El dueño el dijo que no iba estar pagándole clases de inglés gratuitas.
Ese mismo ego desaforado los ha hecho sobresalir en el fútbol, en el rock y en las artes. La misma FIFA tuvo que ponerse firme para evitar caer en su juego, cuando intentaban quitar el número diez de la camiseta de la selección auriazul. Su ego nos ha hecho creer a nosotros mismos que Fito Paez es un poeta o que Charly García es un buen músico.
Pero este ego es atizado por ellos mismo. El Clarín se autoproclama como el diario más vendido en castellano, cuando el País ibérico se vende en toda Latinoamérica. Dicen que a partir del 2005 las películas de animación serán dobladas en Argentina para todo el mundo de habla española y ponen de ejemplo Los Increíbles. Que, como sabemos, fue doblada en México, con voces locales, aunque hubo versiones en Venezuela y Argentina.
En San Telmo, otro barrio, hacen un tianguis de antigüedades. Me acerqué a un par de tipos que se veían amables y le dije que ese mercado me recordaba mucho a la lagunilla. Ellos dijeron, que no, que no podía haber otra feria de antigüedades como la de San Telmo. Les dije que sí, y ellos neceaban que no, que esas cosas solo podían darse en Argentina, porque eran muy europeas. Les dije que en la lagunilla podías encontrar de todo, desde espadas imitación medieval, ropa usada, películas, hasta parafernalia nazi. También les dije que había otros lugares que me recordaban a México, porque a fin de cuentas, todos habíamos sido colonizados por los españoles. Por ejemplo, la Plaza Cortazar se me asemejaba mucho a Coyoacan, algunas calles de Belgrano, a la Condesa, Retiro a Zaragoza. Pero ellos decían que no, que de verdad no me creían. Cuando me percaté que se estaban enojando, decidí poner tierra de por medio.

El Proceso
Este sentimiento de negación de la crítica los lleva a vivir en un extraño equilibrio. Mientras platicaba con el dueño de una pizzería libre, me decía que ellos no habían vivido una dictadura. Que Videla había realizado un Proceso necesario para la vida argentina. Que las bandas de inconformes y flojos habían puesto a la nación en un periodo de desestabilización. Por lo que se hizo necesario que el ejército tomara cartas en el asunto, para poner orden, eliminar a los montoneros y reorganizar a la Argentina. Le pregunté que si no le parecían exageradas las desapariciones, los asesinatos arrojando a los disidentes desde un avión al Río de la Plata, los secuestros de hijos y adopciones de estos por los mismos asesinos, el férreo control policial, que el uno por ciento de la población había sido asesinada durante el llamado Proceso, según datos de Amnistía Internacional. Le dije que a mi todo eso me parecía muy nazi.
El pequeño empresario, como se autodenominaba, me decía que no. Que existieron algunos excesos, pero necesarios para detener la inestabilidad. Y ponía de ejemplo a Chile. Que Pinochet había masacrado a una sarta de populistas, de inconformes, de flojos que querían que todo se los diera el estado; pero que había forjado un país modelo. Y que por eso no entendía que lo quisieran juzgar por ser un patriota.
A media luz
Sin embargo y aunque el sentir popular es de proclamarse de rancio abolengo, de sentirse la "Ciudad más europea de América" (aunque Colonia, Uruguay, lo sea más) la verdad es que a media luz se esconden aquellos que saben que son argentinos, no europeos en el exilio. Los que más se las ven duras en esta Argentina post 1 a 1, son los marginales. Los cartoneros que trabajan de noche para que sean vistos por los turistas. Los homosexuales que son vistos con repudio, a pesar de pueden casarse entre ellos, las chicas morenitas del norte, metidas a sirvientas o a prostitutas de a cien pesos la hora. Las bandas de rock que, después del incendio en la disco República Cromagnon, son vistas de mala manera. Reducidos los espacios donde tocar, se han tenido que mover por el país y tratar de encontrar espacios en las provincias empobrecidas para poder sostener una Buenos Aires que nunca duerme.
Antes de regresar, una asociación de derecha seguía con su denuncia contra Andrés Calamaro por haber incitado a la drogadicción (dijo en un concierto, "se me antoja un porrito"). Sin embargo, Menen sumaba y sumaba puntos para poder regresar a cobrar del erario. Primero Senador y después, quien sabe, podría ser de nuevo presidente. La argentinidad al palo, dice Bersuit Vergabarat.


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