Todo lo bueno se termina… eso dicen, pero lo mejor es empezar a pensar en qué otro país vas a visitar la próxima vez, con ganas de volver a ahorrar dinero y a organizarlo todo, con la misma ilusión.
Nuestro último día en Bélgica la dedicamos para ir a la zona de la Expo de 1958, donde está el Atomium, el Estadio Heysel y el Mini-Europe, donde centramos nuestra visita. Pronto nos teníamos que ir, entramos en el Mini-Europe pensando en que nos daría tiempo subir luego al Atomium, pero no fue así; sin embargo, como dice mi madre: “cuando viajes deja algo por ver, así ya tienes excusa para volver”.
El Mini-Europe es un recinto donde pasear por Europa a través de maquetas muy detalladas, a una escala 1/25. La entrada es carilla
(12.40€), pero a mí personalmente me ha parecido que vale la pena, si van con niños, no lo duden. Con la entrada te dan un catálogo explicando el itinerario de la visita. El tamaño y la dedicación de las obras son impresionantes, algunas son realmente idénticas.
El Atomium es uno de los monumentos más representativos de Bruselas y una representación de un átomo. Construido en 18 meses, pesa 2400 toneladas y altura de 102 metros. El precio es de
5.4€
Esta zona está lejos de la zona, cogiendo metro llegáis en 15 minutos, del metro comentaros que el acceso es muy fácil. Cuando fuimos no había torniquetes, ni nada donde pagar, en todas las estaciones… en fin que fuimos gratis.
Bueno, ya poco más, la vuelta fue rápida… autobús para el aeropuerto, vuelo hacia Madrid y autobús a Sevilla. Corto, intenso y bellísimo nuestro viaje.
Lo que al principio iban a ser 400€ por persona, en Marsans, tres días en Bruselas, acabó siendo:
300€ por persona (todo incluido), 6 días y 5 ciudades, ¿no está mal, eh?
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