Francia - Alemania - Holanda - Bélgica en 6 días!!!
Escribe: Manuel-Arias
Me seleccionaron para un viaje de negocios a la capital del amor, aunque no tuve suerte para comprobar su lema. Fueron 6 dias de trabajo pero gracias a indicaciones de un compatriota que vivía allá terminamos nuestras labores en un tiempo record de 3 dias y con lo que nos quedó de viáticos recorrimos el resto de paises en un lindo topolino alquilado que terminó convertido en una chiva por la cantidad de paquetes, jajaja, típico.
Bruselas y Brujas a las carreras
Bruselas, Bélgica — viernes, 24 de septiembre de 2010
Nos despedimos fraternalmente de esta familia colombo alemana, muy agradecidos por la grata compañía e impresionados por la cantidad de historias que nos compartieron, me encantaría poder hablar así de mi ciudad pero mi memoria no da para tanto. Arrancamos para Bruselas y llegamos como al medio día. Como nos habían recomendado, lo más conveniente fué aparcar el coche cerca a la carretera principal y hacer nuestra breve exploración en metro para que nos alcanzara el tiempo. Así que compramos el billete en una máquina expendedora, casi no reunimos suficientes monedas y no había nadie que nos cambiara. Caminamos con el billete en la mano esperando encontrar una registradora o un torniquete hasta que llegamos al metro. Llegamos a una estación cuyo nombre no pude ni pronunciar, y con un mejor inglés nos dieron indicaciones para llegar al Manneken Pis. Las chicas belgas son las más hermosas que haya visto en mi corta travesía por Europa, pero su dialecto es todo lo contrario al romantico francés, hablan como si estuvieran escupiendo y con sonidos guturales muy poco femeninos a mi parecer...
Llegamos a una enorme plaza donde al parecer estaban preparando algún tipo de concierto, y por un callejón lleno de tiendas de chocolates pudimos degustar de los más exquisitos dulces. Debo decir que el chocolate belga es el más delicioso que jamás haya probado, y yo que soy flojo para el dulce, pude comerme un montón de trufas sin sentir la más minima molestia. Al fin llegamos a la anhelada estatua, demasiado pequeña para la grandeza de los monumentos que habíamos visto, pero la historia nos pareció divertida: "Resulta que durante el siglo 14 la ciudad estaba siendo asediada por terribles fuerzas extrangeras, quienes colocaron explosivos en sus murallas mientras todos combatían. Afortunadamente un niño se dió cuenta del inminente peligro e ingeniosamente liberó sus fluidos internos sobre la mecha de la pólvora, salvando así las murallas y logrando la posterior retirada de los invasores." En su honor se construyó una diminuta estatua que tiene cientos de vestidos que son cambiados según la época del año. Después supimos que al costado opuesto de la plaza quedaba una estatua similar pero de una niña, pero no era tan popular como el pipisín.
Después de esto zarpamos de regreso al metro y con el mismo tiquete al igual que en París entramos al metro sin torniquetes, ahora rumbo a la última estación, Bruparck, donde quedaba Minieuropa y el Atomio, el primero es un parque donde se pueden encontrar réplicas a escala 1:25 de las principales maravillas del mundo como la torre Eiffel, la torre de Pisa, Santiago de Compostela, animación de la caida del muro de Berlín, entre otras, con una marca en el suelo donde si te paras te pueden tomar una fotografía exactamente igual a como se veria en la construcción real. El atomium es una estructura de 100 metros formada por 9 esferas de acero de 18 metros de díámetro con ventanales que representan un cristal de hierro. Tristemente no pudimos llegar a esa estación por reparaciones en las líneas y teníamos que tomar otra ruta, pero el tiempo apremiaba y debíamos continuar.
En el metro de regreso al auto entendimos que por cada trayecto había que comprar un billete, a pesar de que nadie lo pida ni hayan máquinas para registrarlo. Es impresionante que las personas sean tan correctas como para cumplirlo. En Paris hay algunos puntos del metro así de civilizados pero la mayoria tienen torniquetes de cuerpo entero debido a desagradables visitantes que aún así las golpean y burlan como yo mismo pude observar. En nuestro caso andamos sin pagar pero de verdad que fue sin querer, la próxima vez compro más tiquetes, jejeje.
Cruzamos Bruselas hasta volver a la carretera. Una hora después estabamos entrando a la Venecia del norte, la impresionante Brujas. Sus imponentes murallas y demás construcciones góticas aceleraron mi corazón. Al entrar a la plaza central me sentí como si el tiempo se hubiera devuelto: había carruajes medievales, princesas con largos vestidos y tiendas de vikingos, solo faltaba algún caballero con armadura para creer que me había transportado. El ayuntamiento era un enorme castillo con banderas de colores, y junto a el otras construcciones que no alcanzamos sino a fotografiar. Cruzamos la plaza y entramos a la Basílica de la Sagrada Sangre, que guarda esta sagrada reliquia a la que se le atribuyen incontables milagros, llevada allí durante la Segunda Cruzada, y que es expuesta durante una santa procesión por toda la ciudad donde la mayoria de los habitantes se visten de caballeros medievales y cruzados. Hubieron tantos puntos que nos faltaron visitar como el Bonne-Chierré, un antiguo molino; o el Kruispoort, que se parece a las monumentales entradas de las ciudades medievales cerradas por una ennorme puerta de madera que sirve también como puente levadizo.
Recorrimos las calles por lo poco que quedaba de la tarde, nos tomamos fotos en los hermosos canales donde también hacian excursiones en pequeñas barcas, y terminamos cenando en un restaurante sin intercambiar muchas palabras. Iniciamos nuestro viaje de regreso no sin antes prometer que un día te llevaría allí conmigo, para que juntos nos emocionaramos al ver las maravillas de la arquitectura que puede hacer el hombre, y jurarnos amor eterno bajo las impresionantes columnas, testigos mudos de épicos romances entre caballeros y doncellas durante cientos de años.
Llegamos a París como a las 5 de la mañana, recogimos nuestras cosas y las acomodaron encima mio en el asiento trasero. El pequeño topolino ahora parecía una chiva al típico estilo de mi país, para los elegantes huéspedes del hotel seguro fué un alivio deshacerse de tan pintorescos visitantes, pero la nostalgia nos invadia y partimos sin mirar atrás. Regresamos el auto en el aeropuerto de Charles de Gaulle y tomamos el vuelo de nuevo a nuestra Colombia tierra querida, tierra de muzas y cantores, sin enormes construcciones pero con personas de gran corazón como aquella familia que tan buenamente nos regaló esta experiencia inolvidable y enriquecedora pero que no se disfruta tanto sin la compañía del ser amado, definitivamente tengo que regresar contigo.
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Últimos comentarios
caminante44 dice:
Muy bueno el diario. Me ha gustado mucho. Gracias por compartirlo.
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carmenparis dice:
también me gusto tu Diario pero es un poquito feo hablar asi de la gente de Marruecos porque personas de otras nacionalidades tampoco pagan el metro al igual que unos colombianos que yo conozco .... jejeje
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Manuel-Arias dice:
Por supuesto, no es bueno generalizar, solo quise compartir el punto de vista de los parisinos respecto a esta situación. Tampoco me gusta cuando estigmatizan a mi país por las noticias de droga y guerrilla, es exagerado. Gracias por tu comentario.
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Capítulos de este diario
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1
Paris, la capital del amor??? No para solteros...
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2
El bordecito de Alemania y Holanda
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3
Bruselas y Brujas a las carreras
En Bruselas...
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