Al bajarme del tren que venía desde Bruselas, me dirigí a la oficina de información turística a comprar un mapa. No había mapas en inglés, así que tuve que comprar uno en español; es raro pero generalmente prefiero los que están en inglés porque así no tienes que pensar en como se traducirá la atracción turística que quieres visitar si le tienes que preguntar a alguien; en eso estaba cuando vi a tres chicas de mas o menos mi edad, hablando sobre conseguir un hostal. Me acerqué y les comenté que yo ya tenía uno y que parecía bueno, que si querían podían ir conmigo, verlo y si no les gustaba cambiarse a otro. Parecieron amables y vinieron conmigo. Esperamos cerca de una hora por el camión adecuado hasta que llegó y después avanzamos cerca de media hora más. La ciudad era impresionantemente bella. Una ciudad pequeña a primera vista, pero un poco más grande cuando se está más tiempo en ella, es sin lugar a dudas, la inspiración de algún cuento de hadas. Las casas con sus techos escalonados, el predominante color café del ladrillo, sus canales, sus casas cloridas, y sus plazuelas en las que miles de turistas pasean a pie, y sobre todo en bibicleta. El día estaba soleado así que después de dejar nuestras cosas en el hostal nos salimos a pasear. Vimos una iglesia, The Church of Our Lady, con obras de michelangelo y entramos a algunas boutiques, después fuimos a una cervecería y compramos cerveza de CEREZA, para traer en las mochilas. Después de unas cuantas el ambiente mejoró

, así que caminamos y de repente fuimos y nos tiramos en los adoquines de una de las plazas. La perspectiva era tan bella que nos quedamos largo rato. Después tomamos un tour por los canales, en uno de los pequeños botes que pasean por toda la ciudad, de verdad lo recomiendo mucho, es de las cosas más bonitas por hacer en Brujas. Por la noche nos estuvimos en el hostal bebiendo cervezas de todo tipo, y cenamos un gran banquete en el hostal. Ahí conocimos a otros mochileros que andaban de paseo, uno de ellos era de Canadá y el otro de Estados Unidos, ellos también se conocieron ahí. Iban acompañados por otra chica que no se le despegaba al canadiense, y después empezaron los problemas cuando el canadiense no se despegaba de mi amiga Australiana. Pronto éstabamos en la mesa, dos canadienses, dos australianas, un americano y yo, la mexicana. Siendo la única cuya lengua nativa no es el inglés en un ambiente en el que las cervezas acaloran la discusión no fue fácil sobre todo con tantos acentos, pero me sirvió en exceso para practicar mis habilidades linguisticas

. Después de como 10 cervezas, decidimos salirnos a pasear, caminamos un poco hacia el lado opuesto del centro, y nos encontramos con la sorpresa de que había un molino, en medio de la ciudad, en una colina cubierta por el pasto, trepamos hasta el molino y nos echamos a descansar en el pasto, cantamos y todos abrazados bajamos la colina. Yo empecé a platicar de viajes con uno de ellos y a quién después me encontré en Amsterdam.. que coincidencias no?... nos fuimos después a un bar en el que servían todo tipo de cervezas, tenían mas de 200 marcas. De verdad el paraíso, 11 grados de alcohol era una de las más light, según me dijeron al pedirla. Había de todo, cerveza clara, oscura, amarga, dulce, fuerte, no tan fuerte, ligera, de frutas, de cereales, etc. De verdad impresionante. Empezamos a hablar de libros y temas hostaleros y cerca de las 4 de la mañana las chicas australianas no resistieron más. Nos fuimos a dormir. Al día siguiente fuimos a la iglesia en la que se encuentra la sangre de Cristo, la experiencia fue increíble ya que es posible tocarla si se hace fila y se asiste a la celebración, se encuentra en un vidiro cilíndrico y parece como si tuviera un tronco adentro. La i pequeña iglesia en sí es una de las más bellas que he visto, tiene variadísimos colores e imágenes que dejan sin habla. Debajo hay túneles pertenecientes a la capilla también con una decoración más sencilla pero muy interesante, también hay un museo que no visité. Después de ahí fuimos a la torre, del campanario, la Torre Belfry donde subí sola ya que las demás no quisieron hacerlo, son cientos de escalones!, con mi rodilla mala no me importó pues sabía que la vista era especial. Al llegar a la cima me tocó la hora de las campanadas, en donde se ve trabajar el sistema desde adentro, con sus antiquísimos engranes y campanas resonando por encima de uno y con una vista espectacular de techados rojos por debajo. Impresionante. Después seguimos caminando y fuimos a probar algunos de los famosísimos chocolates belgas, también hay museos sobre la fabricación de éstos. Más tarde fuimos al supermercado a comprar algo de comer, y después nos quedamos de nuevo en el hostal, repitiendo la noche anterior, pero ahora con unos españoles con los que armamos semejante fiesta en nuestros cuartos, para despedirnos al día siguiente donde yo me dirigiría a Amsterdam y ellas a otro lugar en Bélgica. Aún nos escribimos y hace no mucho me llegó una de sus postales desde Istanbul. Sin embargo Brujas, seguirá siendo para nosotras por lo menos, el lugar donde platicamos y platicamos con una bella vista hasta el amanecer, bebiendo cerveza de sabores.. que más podiamos pedir?... Brujas tiene a ofrecer al viajero una sensación de calma y belleza que sobreapasan los sentidos, de verdad lo recomiendo, es una de mis ciudades favoritas de Europa. Cuando estén allá no dejen de visitarla. Saludos.