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Relatos catarinenses
Escribe: mochacharme
Recorrido por algunas de las playas màs bonitas del Estado de Santa Catarina. Si bien las distancias entre las playas del estado son cortas si de kilòmetros hablamos, recorrerlas en bus hace parecer lo contrario. Desde el norte del estado hasta la playa màs hermosa a mi parecer en el sur, estos son los relatos de una semana a todo bus, històricos pueblos de pescadores, mucha lluvia, planes fallidos, algunas decepciones, mares azules para un batalla y muchas saudades...
Bombinhas
Bombinhas, Brasil — lunes, 17 de enero de 2011
El 17 de enero dejamos Ilha do Mel, en el Estado de Paranà, para trasladarnos al estado vecino de Santa Catarina. Desde la isla tomamos un barco hasta Pontal do Sul, a sòlo media hora de viaje (R$ 11,00). Yo me hubiera quedado a vivir en Ilha do Mel, pero nos estàbamos quedando sin efectivo y necesitàbamos llegar a tierra firme para solucionar el tema y por otro lado nos daba curiosidad conocer las playas del estado vecino, elegidas desde hace muchas dècadas por los argentinos para pasar sus veranos. Luego de almorzar en Pontal do Sul, tomamos un ómnibus a Curitiba, capital del estado. Era según nos aconsejaron la opciòn màs ràpida y menos complicada para cambiar de estado. Ya que Curitiba tiene una Rodoviària enorme con muchos servicios y frecuencias diarias a todo el pais. El pasaje nos costò a cada una algo de R$ 19,00 por Empresa Catarinense. El viaje dura unas dos horas, con lo cual llegamos a Curitiba en la tarde, con tiempo de arribar un bus hasta Ipatema, Santa Catarina (R$ 32,00) desde donde màs tarde debìamos tomar ómnibus local que nos dejara definitivamente en Bombinhas, unos pocos km màs adelante de Ipatema. En el dia cuesta conseguir pasajes directos. Antes de viajar logramos sacar dinero del cajero automàtico de la Rodoviària de Curitiba.
Durante el viaje: màs Serra do Mar y Mata Atlàntica, bellisimo paisaje. Me llamò mucho la atención una ciudad casi a mitad de camino, donde el cementerio se emplazaba sobre un cerro, o sea que la vista que predominaba en toda la ciudad era la de èste, y la ruta pasaba justo por delante de èl. Me pareciò espantoso, y tètrico: granito, metales, muros, y nichos superpuestos. Luego de unas casi 3 horas de viaje, y siendo de noche llegamos a la ciudad balnearia de Ipatema, dudamos un poco si quedarnos o no, la Colo habia levantado temperatura. Pero enseguida llegò un ómnibus, asi que nos subimos. El boleto costò R$ 8,00.
Sobre las 22:00 hs, el ómnibus nos dejò en pleno centro de Bomhinhas. Estàbamos muy cansadas, la Colo para ese entonces volaba de fiebre, teniamos hambre, y encima llovia. El centro comercial de Bombinhas se desplaza sobre la Avenida Vereador dos Santos, que presenta gran infraestructura turistica, inmobiliaria y gastronòmica. Las construcciones son modernas, hay mucho cartel publicitario, mucho telèfono de inmobiliarias a la vista y particulares, muchisima gente, la mayoria familias del litoral argentino, pero por sobre todas las cosas hay un nivel de estrés y una contaminación sonora que nos dejò un poco aturdidas ya en los primeros minutos que llevàbamos dando vueltas por las calles paralelas o transversales a la principal, en busca de algo que alli no existia: un hostel.
Todo eran pousadas bastante caras y departamentos de alquiler. Y los lugares que mayormente se ajustaban a nuestro bolsillo mochilero, se encontraban sin plazas. El residencial juvenil sobre la avenida, que desde afuera se veia como una pocilga, estaba lleno y ademàs debiamos esperar hasta la mañana siguiente a que abriera la inmobiliaria que estaba a cargo. La hora se pasaba volando, para esa altura estàbamos mojadas y malhumoradas, la verdad era que ese sitio a mi particularmente no me gustaba nada, ni la gente que cruzaba por la calle, ni el centro tan ruidoso. Me senti un poco desolada, pero no estaba sola. La idea de llegar a este lugar sin reserva previa, es que lo hagan de dia, cosa de encontrar las inmobiliarias abiertas y conseguir departamentos a muy buen precio, se que los alquilan partir de R$ 100,00 la diària, para 4 personas. No aprendiamos y seguiamos llegando a los destinos en la noche. Tambièn cabe aclarar que en temporada alta la capacidad inmobiliaria esta casi saturada.
Finalmente terminamos durmiendo en un Residencial bonito sobre Vereador dos Santos, Nos alquilaron un cuarto con cama matrimonial, baño privado, tv plasma, minibar, y ventana con vista a un pedazo del mar, a R$ 210,00 agregàndonos por ese mismo precio, un colchòn y sàbanas. La habitación era linda, toda blanca, y muy moderna. Se escuchaba el ruido del mar, y por suerte nada de nada de los sonidos de la calle. Colo se diò un baño caliente, y se metiò en la cama, a descansar y bajar la fiebre. Con Josefina nos cruzamos enfrente a comer unas super hamburguesas con papas fritas. De lo cual comimos menos de la mitad, pero a decir verdad era econòmico comer alli. Màs tarde escuchando las olas romper suavemente sobre la costa, nos dormimos.
La playas..
Siete mares he surcado, siete mares color azul, yo soy nave, voy navegando...
Al dia siguiente deseàbamos huir de Bombinhas, el contraste con Ilha do Mel y el centro de esta ciudad nos aturdia, pero como tenìamos la habitación hasta el mediodìa, Colo se quedò reposando unas horitas màs, mientras Jose y yo, cruzamos al supermercado de enfrente (lleno de argentinos) a comprar galletitas, y jugo para desayunar en la playa. Luego caminamos un rato por las playas del centro, en las cuales realmente en temporada alta no hay mucho espacio para caminar, ya que son angostas, y estàn repletas de sombrillas, y gente por todas partes. Obviando esta semejanza con la ciudad bonaerense de Mar del Plata tambièn en temporada alta, debo reconocer que el mar es de un color turquesa y de una transparencia ùnica. Es pintoresca la costa de Bombinhas, una inmensa bahìa, con morros bajos de flora exuberante. La playa es más bien cerrada con aguas calmas y cálidas, muy aptas para nado y buceo, de hecho hay sobre la costa muchas escuelas de buceo. De todos modos no me sentia deslumbrada, si bien esto era el brasil de todas las postales, mar turqueza, morros intensamente verdes y Acuarela como cortina musical acompañando, extrañaba la calidez de Ilha do Mel que no tendrà el agua color turquesa, pero es un lugar diferente, càlido, donde llegamos a familiarizarnos con el entorno, a sentirnos si se quiere parte de èl. Es tanta la tranquilidad alli, que ahora Bombinhas se me volvia caòtica. Aunque en realidad quiza no lo fuera tanto. Y èsta es la impresiòn de una caminante, no logro comprender el matete que tienen en la cabeza esas familias argentinas subidas en sus 4x4, que transitan histèricas y apuradas por la avenida principal. Contrastan demasiado con el temperamento brasileño. Salvo comerciantes, a diferencia de la isla, aquí habìa muy pocos brasileños.
Durante 5 minutos nos tendimos al sol en la Prainha. Una de las playitas cèntricas. Josefina se lanzò al mar y volvió cual sirenita diciendo: “esto es Brasil”. Puntos de vista. Ja!. Aunque sin lugar a dudas es el Brasil tìpico, el màs popular, el de todas las fotos y postales, el que todos nuestros amigos conocen. Muchos tragos frutales, mate, sombrillas y sigue sonando Acuarela de fondo…
Regresamos al mediodia por la Colo, luego caminamos visitando algunas inmobiliarias y la oficina de Información al Turista, en busca de algo donde dormir. Nos gustaria conseguir algo en la playa vecina de 4 Islas, al otro lado del morro, o bien en Mariscal o Zimbos. Bombinhas cuenta con 26 playas que satisfacen todas las posibilidades, desde las céntricas y pobladas, hasta las paradisíacas playas desérticas, menos conocidas y accesibles. Las más procuradas por el turismo son: Playa de Bombinhas, Bombas, do Ribeiro, Quatro Ilhas (a quienes los argentinos llaman también Cuatro Islas, Cuatro Ilhas y Quatro Islas), Mariscal, Canto Grande, Lagoinha, Sepultura, Do Biguá, Dos Ingleses.
Otras playas para conocer y disfrutar son: Galheta, Prainha, Praia do Embrulho, Do Caeté, Do Atalaia, Conceição, Da Tainha, Porto da Vó, Canto Grande de Dentro, Morrinhos, Zimbros, Triste, Do Cardoso, Vermelha, Da Lagoa, Do Cantinho. Como imaginan, son muchas y muy diversas entre si, eso es lo que hace de toda la costa catarinense un lugar privilegiado, con una distancia mìnima entre si, las playas pueden ser vecinas y presentar caracterìstica muy diferentes, en cuanto a oleaje, temperatura del agua, color, transparencia, el color de la arena y su densidad tambièn cambia. Èste es un fenómeno que caracteriza geográficamente a toda la costa del estado.
El dueño de una inmobiliaria nos cargò en su auto y nos llevò hasta 4 Islas para mostrarnos un departamentito muy modesto según nos adelantò, que tenia en esa playa. Ahora ìbamos en auto con la caravana caòtica de vehìculos por la avenida Dos Santos.
Pero por suerte al otro lado de morro, es otro mundo. 4 Ilhas es una playa de particular hermosura y más bien corta, con sòlo 800 m. de extensiòn, recortándose el mar contra los morros. No dispone de un centro propio aunque sí hay algunas posadas y bares. Es propia para surf y las aguas son azules verdosas, un poco más agitadas que las de Bombinhas. Pero el lugar que nos mostrò este vendedor por el contrario no nos gustò. Era espantoso. La puerta ni siquiera cerraba, tratò de convencernos de que pondria màs tarde un cerrojo. De que nos traerìa una garrafa, pero ni siquiera habia utensillos para cocinar ni calentar agua, y cosa importante nosotras no teniamos sabanas, y los colchones ademàs de rotos, estaban percudidos. Cuando contò la anécdota de la parejita de enamorados que habia pasado por alli dias antes, y que a “la hora del amor” colgaron como cortina en la ventana el ùnico cubrecamas que en esa habitación habia, nos diò tanto asco que le dijimos bien gracias. Alli quedamos, paradas en 4 Ilhas, mirando el mar de esa peninsula por ùltima vez. Regresamos caminando al centro. Ya no conseguiríamos alojamiento y la Colo no podia màs. Luego tomamos un ómnibus que se anunciaba destino Tijucas (R$ 3,50), pero que te dejaba en Portobelo, lugar que nos encantò por su aire provinciano, pero donde tampoco conseguimos alojamiento, asi que después de hacer unas combinaciones de ómnibus, y ya entrada la noche, llegamos al centro de Florianòpolis, capital del estado de Santa Catarina.
Un poco de historia de la regiòn...
En tiempos coloniales llegaron de las Islas Azores los primeros colonos portugueses que se expandieron por toda la costa caterinense, y en 1917 se fundó la ciudad de Nueva Ericeira, hoy la ciudad de Porto Belo.
Bombinhas se estableció el 30 de marzo de 1992 como ciudad independiente, habiendo sido separada de Porto Belo, cabecera del municipio.
Rodeada por el Atlántico, las bahías de arena blanca, aguas cristalinas, y la cultura azoriana matizada con la población local, han hecho de la regiòn el hogar de muchas leyendas. Viejo refugio pirata Inglés y holandés y conocido por los naufragios misteriosos que se encuentran en las profundidades de sus islas, sus playas se han convertido en un importante punto de encuentro para los buceadores de todo el mundo.
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Next Stop: Isla de Florianòpolis.
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Capítulos de este diario
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1
Bombinhas
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2
Isla de Florianòpolis
Florianópolis, Brasil | 18 de enero de 2011
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3
Pantano do Sul
Pántano do Sul, Brasil | 19 de enero de 2011
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Armazao y praia do Matadeiros
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Santo Antonio de Lisboa
Florianópolis, Brasil | 22 de enero de 2011
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Guarda do Embaù
Guarda do Embaú, Brasil | 23 de enero de 2011
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Barra de Lagoa
Barra da Lagoa, Brasil | 24 de enero de 2011
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