Visitando Bogotá, Villa de Leyva, Ráquira, Cartagena de Indias, San Andrés y un poco de la Experiencia Decameron

Escribe: Griseldab
De la modernidad de Santa Fé de Bogotá a la magia de Villa de Leyva y Ráquira. A la magia de Cartagena de Indias y al mar de los siete colores, San Andrés.

 

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Capítulo 1 3 4

Santa Fe de Bogotá, Villa de Leyva, Ráquira

Bogotá, Colombia — martes, 3 de marzo de 2009

Llegué con mi esposo a Bogotá desde Mendoza, la madrugada del 2 de enero de 2009. Desde Argentina, los pasajes a Bogotá rondan los 700 dólares durante la mayor parte del año, y en diciembre bajan a casi más de la mitad, por lo que aprovechamos esa promoción de LAN Argentina para visitar a una vieja amiga y dar unas vueltas por este precioso país. Llegamos al Aeropuerto de El Dorado en Bogotá,  donde caminamos por unos largos pasillos con azulejos pequeños y unas gigantografías de hermosos lugares para visitar. Esperamos para hacer migraciones un momento, había poca gente porque eran las 3.35 hs de la madrugada y aún la ciudad no despertaba.

Pasamos las maletas y avisamos que llevábamos nuestra famosa yerba mate y no se presentaron inconvenientes, un buen dato para los compatriotas. Nuestra amiga fue a buscarnos, el aeropuerto queda a 15 km del centro de la ciudad de Santa Fe de Bogotá, por el horario de madrugada no tardamos tanto en llegar a destino, pero se debe tener en cuenta que un día de semana laboral se puede demorar más de una hora en recorrer el camino de la ciudad al aeropuerto por el tránsito.

Es una ciudad de estructura mayormente moderna, con edificios de ladrillo visto, por ello se le llama también la ciudad roja. Igualmente se pueden recorrer algunos barrios con casas de estilo inglés que ofrecen otro panorama.Al otro día, habíamos reservado un alojamiento en Villa de Leyva por tres días. Partimos por la mañana, fueron casi tres horas de coche hasta llegar al pueblo. Realmente vale la pena visitarlo, es un pueblo típico colonial de estilo español fundado en 1592 y declarado monumento histórico en 1954. Replica a los históricos poblados de calles empedradas, casas coloniales bajas pintadas de blanco con techos de tejas rojas rodeado de verdes montañas.

Al caminar por las calles se pueden observar los patios típicos con sus fuentes en el centro y galerías con flores. El estado ha emitido normas para preservar la arquitectura del pueblo, por lo que el caminar por esas calles hace que uno se traslade en el tiempo. Se pueden disfrutar deliciosos platos típicos como también mucho de artesanía del país. Villa de Leyva ofrece mucho para asombrarse, hay que prestar atención a los adornos de las casas o a las piedras de los pisos de las calles, algunos no son piedras sino fósiles. Se pueden observar caparazones de tortugas o amonites utilizados en las construcciones, toda una rareza.

Dentro del pueblo, se puede visitar un hotel que ofrece una vista espectacular de este lugar, el Hotel El Duruelo. Este hotel es un viejo convento de las Carmelitas Descalzas, diseñado en la ladera de la montaña con una vista maravillosa. Desde hace tiempo, la congregación se trasladó al centro de Villa de Leyva y se está explotando como Hotel en manos de la Iglesia Católica. El hotel se funde con la naturaleza típica del lugar, con galerías y sofisticadas flores que decoran cada paso.

Cuenta con las habitaciones en un plano, más arriba un spa y una piscina grande, y si se sigue ascendiendo por la ladera encontramos una pequeña y silenciosa laguna donde se puede practicar pesca. A un costado de la misma se encuentra una atracción de este lugar llamado “Centro Energético”. Es un punto sobre el terreno donde uno puede escuchar el eco de su propia voz, lo curioso es que sólo lo oye la persona parada en este lugar y no lo escuchan las personas que se encuentran alrededor, aunque estén muy cerca. Aún no se ha encontrado explicación y por lo que nos comentó la guía del Hotel, tampoco se ha escavado o investigado de otra forma. Se oye como si uno se metiera dentro de un tubo, sorprendente.

Otro lugar para visitar, es El Museo del Fósil, es un pequeño museo cerca de Villa de Leyva donde se encuentran los restos de un reptil marino de 110 millones de años y otros fósiles. Hay unos grupos de vendedores que venden restos fósiles y piedras semipreciosas en estado natural a precios muy económicos. Al otro día nos dirigimos a Ráquira, un pueblo pintoresco. Se destaca por cinco cuadras de una calle angosta, con casas de fachadas de colores vivos y decorados con múltiples artesanías. Cada uno de los lugareños abre su espacio para vender artesanías típicas de Colombia. Aquí deben aprovechar a comprar regalos o recuerdos debido a que los precios suelen ser un cien por ciento menores que en el resto del país. Esa calle desemboca en una plaza donde se encuentra la Alcaldía y la Iglesia del pueblo.

En resumen, es un pueblo muy pequeño, pero lo ideal es recorrerlo con tiempo un día domingo si es posible, debido a que se entra en contacto con la riqueza del arte colombiano de la mano de sus artesanos.De vuelta en Bogotá nos dispusimos a recorrer la riqueza cultural que ofrece la ciudad. Nuestra visita fue inmediatamente después de la Fiestas de Navidad y Año Nuevo, por lo que tuvimos una atracción adicional. En Bogotá se acostumbra para celebrar estas fiestas, decorar algunas plazas y parques, algunos son patrocinados por empresas y otros por el propio estado. Se utilizan temas en cada espacio y con miles de luces se moldean formas de distintos colores que logran una atmósfera de cuentos de hadas.

Esto resulta una atracción familiar, donde los lugareños visitan y fotografían los distintos escenarios. Realmente el esfuerzo y empeño que se coloca en estas decoraciones superan ampliamente las expectativas de los visitantes. Nuestra secuencia de visitas dentro de la ciudad de Santa Fe de Bogotá fue el Museo del Oro, Museo Nacional de Colombia, la Catedral de Sal de Zipaquirá, Plaza de Bolívar, el Barrio de la Candelaria, Museo de Botero, esmeralderos, el Barrio de Usaquén y el cerro de Monserrate, en cuatro días. El Museo del Oro ha sido reestructurado y abierto al público en noviembre de 2008, por lo que tuvimos la suerte de disfrutar de un edificio moderno con instalaciones impecables, el costo de su entrada fue aprox. 1,5 dólares. Los tesoros que guarda este lugar son indescriptibles, esperaba encontrar objetos rústicos de culturas indígenas hechas en oro.

Pues lo de rústico lo tuve que suprimir en su totalidad. Las obras que tiene este museo son de un detalle fino y exquisito que deja boquiabierto a la mayoría. Cada pieza está pensada y moldeada captando detalles, y mucho más en las más pequeñas, como figuras de animales a las que les colocan por delante una pequeña lupa para admirar en detalle a estos artistas de antaño. El Museo Nacional de Colombia tiene atractivo arquitectónico, aparte de fantásticos tesoros del arte, ya que era una cárcel de dos pisos con arcos, columnas y un patio hermoso. Este museo cuenta la historia de Colombia, posee objetos indígenas interesantes, restos de elementos de la conquista española con mapas y representaciones de la misma, objetos que pertenecieron a Bolívar, en otras habitaciones se recrea momentos difíciles del país como el golpe de estado de 1953 y también, se puede disfrutar de maravillosos artistas colombianos, Botero, Santa María, Grau. Otro día lo dedicamos a visitar la Catedral de Sal de Zipaquirá.

Llegamos temprano por la mañana, subimos unos escalones, sacamos las entradas que costaron 5 dólares e ingresamos a una mina de sal con una guía y un grupo de personas. Es un camino oscuro, donde se comienzan a percibir figuras iluminadas cada unos 20 metros aprox. que representan las estaciones del calvario. Luego, se llega a una serie de capillas y a la nave principal. Lo fantástico de este recorrido es observar las figuras totalmente talladas en sal en contrate con una iluminación maravillosa. La visita finaliza con un video donde muestran cómo se explotó esa mina de sal y cómo se sigue trabajando en otras minas. Fuera de la mina se puede disfrutar de un patio de comidas con unas ricas arepas.

La Plaza de Bolívar está enmarcada entre bellos edificios, se encuentran la Catedral de Bogotá, el Palacio Nariño (donde reside el Presidente), el Palacio de Justicia. Este último ha sido reconstruido luego de haber sido dañado con bombas en épocas difíciles de esta ciudad. Desde allí, a unos 200 metros, se encuentra el Palacio de la Moneda y el Museo Botero. En este museo se puede seguir disfrutando de una colección más numerosa de obras de artistas colombianos. Desde las puertas de este museo se puede empezar a recorrer el Barrio de la Candelaria. Es uno de los primeros asientos de población de Santa Fe de Bogotá. Se conservan las casas con arquitecturas típicas españolas, con habitaciones y galerías que rodean un patio central, fachadas coloniales y calles empedradas. Muchas de ellas están pintadas de colores llamativos por lo que generan un ambiente cálido y pintoresco. Inmediatamente junto a este Barrio, se ha construido el Centro Cultural Gabriel García Márquez, una estructura moderna cuyo arquitecto fue Salmona, reconocido a nivel mundial por el uso de ladrillo visto y líneas puras en sus edificaciones.

Cerca de este lugar, en las pequeñas calles que definen La Candelaria, se comienzan a suceder una serie de pequeños locales comerciales que ofrecen piedras semipreciosas. Como es de esperar en este país, se encuentran una variedad de esmeraldas acomodadas en distintas formas. Se pueden encontrar aros en plata y esmeraldas desde 15 dólares, en oro desde 30 dólares o las piedras sueltas. Hay variedad de formas, precios y calidades, es importante recorrerlos porque se encuentran diferencias de precios interesantes. Otro día fuimos al Barrio de Usaquén, según nos contaban, este era un pequeño pueblo cerca de Bogotá, el avance de la urbanización de la ciudad hizo que este pueblo quedara formando parte de la capital colombiana.

Este pueblo es pequeño, con casas blancas y bajas, hermosas tiendas y un shopping, Hacienda de Santa Bárbara, de una estructura preciosa adaptada a la vida moderna. En Usaquén cenamos en un famoso restaurante, Tienda del café, es una casa de dos pisos con paredes pintadas en su totalidad con exquisitos frescos y una comida espectacular.  El último día de nuestra estadía en Bogotá nos decidimos a recorrer el Cerro de Monserrate. Esta decisión no fue casual, para los que vivimos a menos de 2600 metros de altura, es necesario tomar un tiempo para que el organismo se adapte a la altura. En la cima de este cerro se encuentra un santuario al cuál se puede acceder por funicular, teleférico o a pie. Mucha gente lo sube de rodillas o caminando como una ofrenda. La entrada con los traslados rondan los 20 dólares.  Al llegar a la cima se comienza a recorrer un camino con las estaciones del vía crucis con una hermosa vegetación de fondo. Luego de un recorrido de unos  100 metros en subida, se llega a una serie de escalinatas que terminan en el santuario.

Es una iglesia en honor construía a partir de 1640 en honor a la Virgen Negra de Monserrat, Barcelona, España. En el altar se observa una figura del Cristo de los Caídos a quien el pueblo le rinde ofrendas y promesas. Lo más imponente de este lugar es la maravillosa vista que se observa desde los miradores de la moderna ciudad de Bogotá.A medida que se recorre la ciudad, se pueden absorber la cultura y costumbres típicas. No se puede dejar de saborear el ajiaco, una comida típica de esta capital, el tamal (una especie de pan de maíz relleno de carne de cerdo y carne de ternera), almojábanas (pan de queso), pan de yuca o mandioca, el canelazo (aguardiente caliente con canela) cuyo olor en las calles del centro inunda todos sitios, para los golosos, exquisitas cocadas (coco fresco rallado con azúcar, manteca y leche).

Si tienen oportunidad y no son residentes de países del Caribe, no deben dejar de visitar un supermercado de frutas y verduras, allí encontrarán una variedad aproximada de unas 20 frutas que no son conocidas en algunos países, sobre todo los del hemisferio sur. Si pueden probarlas descubrirán nuevos sabores y texturas, cuidado con una especial, pitaya, de una sabor exquisito, pero consumida en cantidad provoca diarrea.Las comidas en restaurantes medios de la ciudad rondan los 7 a 10 dólares por persona, la comida es muy buena y sabrosa. En su mayoría se ofrecen acompañadas de jugos frescos de frutas tropicales, así es que es una buena oportunidad para probarlas.Algo que no pueden perderse es abordar un TransMilenio.

Es un medio masivo de transporte que simula un metro pero sobre la superficie. Funciona de manera similar, tiene sus propios carriles, estaciones y una buena organización. Fue inaugurado en el año 2000, debido a que no era posible armar túneles de metro en  la ciudad por las características del terreno.Espero puedan visitar y disfrutar de esta hermosa ciudad, y una aclaración que vale la pena, uno se siente seguro caminando por estas calles, se observan muchos militares en distintos puntos de la ciudad y en las rutas porque no podemos olvidar que es un país con una situación particular, pero como dice mi amiga bogotana: a no asustarse que no se anda por Bogotá pateando cadáveres.


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Plaza principal de Villa de Leyva

   

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