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Palenque

Bogotá, Colombia — sábado, 6 de agosto de 2016

Crónica 

Palenque 

Leonardo Gutiérrez Berdejo 

Si alguien dijera, como en efecto se ha dicho, que no hay agua en la alta Guajira, Gorgona, en el sur del Atlántico, o en cualquier lugar de la Colombia perdida, alejada de los centros del poder, de los grandes ríos, de los páramos o de cualquier otra fuente de agua, no sería nada extraño y, con seguridad, que no nos asombraríamos. Lo creeríamos sin chistar. Pero si, en lugar de lo anterior, se nos dijera que a escasos noventa minutos de Bogotá, al lado de tres ríos -uno de los cuales permanece siempre caudaloso- una comunidad veredal padece de sed, seguro que nadie lo creería y sería, además, algo verdaderamente insólito o increíble, por no decir que imposible. Sin embargo, así es: es el drama que en cada verano vive la comunidad de la Vereda El Palenque, situada a las espaldas del municipio de Anapoima, aunque hace parte de la jurisdicción de Apulo, situado un poco más adelante, en la vía que conduce a Tocaima y Girardot. Con un nombre que hace honor a uno de los pueblos más libertarios de América, la Vereda Palenque, para más detalles de su ubicación, se encuentra a las puertas de la salida del municipio de Anapoima en el que el precio de la tierra, por su cercanía a la ciudad capital, tener un clima privilegiado y por el flujo permanente de turistas, alcanza dimensiones inalcanzable para cualquier parroquiano. 

Este precio, se incrementa considerablemente por el solo hecho de estar casi al frente de una de las urbanizaciones más exclusivas del país (Mesa de Yeguas) que alberga a notables propietarios, personas adineradas y/o estrechamente vinculados al poder político o económico y en la que, llueva o no, nunca falta el agua por contar con un exclusivo y potente acueducto que, en muchas ocasiones, a cuentagotas, suministra agua a Anapoima. Esta es la mayor desgracia de Palenque: una vereda en la que en épocas de verano o de inviernos cortos la alegría y la sonrisa se pierden, como se pierden las cosechas, los animales y las plantas que adornan los pequeños jardines que buscan lucir los frentes de las casas campesinas a la vista de los muchos que por ahí pasan pero sin que nadie, revestido de autoridad o de poder, mueva un dedo para remediar tal situación. La cercanía a la riqueza y a las mieles del poder, aunque lejos de las decisiones que solucionen el problema de desabastecimiento, convierten a Palenque en una vereda enmarañada en los absurdos, sedienta casi todo el año, mientras que a su lado y al frente, la riqueza, el poder y la falta de voluntad política se entrelazan para dar forma a la mayor de las paradojas de los absurdos. 

Habitada en gran parte por gentes sencillas, humildes, herederos algunos de una cultura indígena milenaria, con los años, al lugar han llegado por el efecto urbanizador inversionista (Condominio El Diamante, Altos del Copia y otros más) muchos habitantes que, sin respeto alguno por el medio, han roto el equilibrio solariego y el apacible estilo de vida campestre con las estruendosas prácticas festivas, sus construcciones majestuosas y las abultadas billeteras con las que también, con suficiencia máxima y sin el menor pudor, pagan los elevadísimos precios de los carro-tanques de agua con los que, algunos particulares comerciantes del agua, confabulados quizás o, en sospechosa alianza con quienes tienen el control de la misma, especulan a la luz pública y sin que se note o exista el menor asomo de un decisivo interés por establecer control a esta anomalía. 

El drama de Palenque no solo es insólito sino que raya con la negligencia y, me atrevo afirmar sin temor alguno a equivocarme, que también con la perversidad, el abuso y la corrupción política, puesto que, en momentos de mayor impacto veranero, el suministro de agua se vuelve un imposible de alcanzar para la mayoría de los “palenqueros”, aunque no para quienes pueden pagar su elevadísimo precio y las coimas o sobornos de la corrupción. Frente al drama, muchas han sido las promesas que se han hecho para solucionar este problema por cuenta de candidatos a los habitantes de este lugar -situado a escasos cuarenta minutos del rio Magdalena- en la idea de conseguir votos para satisfacer sus aspiraciones políticas inmediatas y personales, pero ninguna de ellas, hasta este momento, se ha cumplid, sumiendo en la desesperación y en el abandono este estratégico punto. 

Palenque, se suma a la extensa y triste lista de los municipio del país que padecen el rigor de la sequía y, consecuentemente, de la sed, con la vergonzosa diferencia de que Palenque está rodeada o muy cerca de la riqueza, del poder y de fuentes importantes de agua, en tanto que otros pueblos o veredas no gozan de este privilegio, privilegio que se ha convertido en una desgraciada maldición para los habitantes. Una pequeña ventana de esperanza parece abrirse con el alcalde, recientemente posesionado, Gustavo García, quien en reunión con un grupo de lugareños prometió, que de salir electo, solucionaría este problema del suministro de agua. “Ya veremos”, parecen decir todos los “palenqueros” con un optimismo nublado por el desengaño de otras pasadas promesas. 

Vereda Palenque, Apulo, Cund. Diciembre de 2015


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