De ruta por Centroamérica
Escribe: Pastor82
Objetivo: recorrer seis países en 30 días en uno de los meses más calurosos del año en esta parte del mundo. El istmo centroamericano que une México con Sudamérica es un maravilloso mundo de selváticos paisajes, antiguas culturas y gentes con una hospitalidad increíble.
R.A.A.S. (Nicaragua): el Caribe desconocido
Bluefields, Nicaragua — jueves, 13 de marzo de 2008
El RAAS (Región Autónoma del Atlántico Sur), conforma junto al RAAN (Atlántico Norte) las dos regiones orientales que otrora conformaran el antiguo departamento de Zelaya. Ambas regiones, bañadas por el Caribe, son el territorio de las impenetrables selvas vírgenes, reservas naturales e indígenas y lenguas precolombinas que todavía persisten junto con culturas ancestrales que poco tenían que ver con el resto del país.
En realidad este viaje no estaba previsto, y en lugar de ello, teníamos pensado recorrer el central Corredor del Café del departamento de Matagalpa, llegar al conocido Hotel Selva Negra, que habíamos conocido de forma casual por Internet (www.selvanegra.com), y de ahí llegar al selvático departamento de Jinotega y desde ahí adentrarnos en la reserva indígena de Bosawas.
Pero las cosas no salieron como esperábamos y como tuvimos que irnos de Chontales antes de lo esperezado, aprovechando que estábamos en el corazón del país, decidimos seguir rumbo al este y así ver la otra costa de Centroamérica, la caribeña, y así dirigirnos a lo que Carlos llamó "la Ruta de la Langosta".
El bus salía muy temprano y todavía era de noche en la Terminal de Juigalpa cuando después de desayunar unos snacks de una máquina, el bus puso rumbo a la ciudad de El Rama.
El paisaje de sabana de Chontales, con árboles enanos y vegetación semi-selvática, a menudo roturada por campos de cultivo y pastos para el ganado, fue progresivamente sustituido por la frondosa vegetación de selva, con un verde vivo y gigantes árboles de hoja ancha que convivían amistosamente con altas palmeras cocoteras.
Las casas de ladrillo poco a poco fueron dando paso a poblados con viviendas de madera y techo de palma, a cada pueblecito donde el bus hacía parada y donde siempre había alguien que salía o entraba.
Cerca de tres horas más tarde llegábamos al El Rama, el último punto del país donde llegaba el asfalto. A partir de ahí no existía forma alguna de urbanismo: poblados indígenas comunicados por ríos y afluentes escondidos entre la espesura de la selva.
A partir de aquí había que continuar por el Río Escondido en una de las pangas que salen a diario hacia la costa caribeña. Teníamos que esperar a que la panga completara sus 20 asientos, si no, no salía rentable la travesía.
Eso podía tardar horas, así que dimos una vuelta por El Rama, nunca alejándonos del muelle fluvial de la pequeña ciudad, cuyas estructuras de madera eran la antesala al ambiente caribeño que nos esperaba. Ahí nos acompañó un muchacho, natural de una de las aldeas de aquella zona, que estaba muy interesado en cada cosa que decíamos.
Tres horas más tarde se apuntó el vigésimo pasajero y mediante un aviso, nos dirigimos al muelle. La panga tenía techo, lo que agradecí porque el sol era muy fuerte.
La travesía por el Río Escondido fueron dos maravillosas horas, contemplando ambos lados del selváticos paisaje; árboles cuyas raíces sobresalían del cauce, chozas ubicadas en la ribera, siempre con alguna canoa amarrada a un improvisado muelle de madera, niños jugando desnudos saludaban a la embarcación, el fuerte viento causado por la velocidad de la barca besándome la cara. La anchura del río hacía que tuviera que estar girando la cabeza a cada rato para poder divisar ambas riberas.
El río desembocaba en el Caribe, en la costa oriental nicaragüense, en una ensenada que bañaba a la ciudad de Bluefields. A éste núcleo, que tiene carácter de ciudad y además es una de las más importantes de Nicaragua, sólo se puede acceder por el río o en avión, siendo inexistentes las carreteras que la pudieran comunicar.
Esta ciudad debe su nombre inglés a que esta costa, que se llamó la "Costa de los Mosquitos" fue colonia inglesa. De hecho nunca perteneció a la Corona Española. Las gentes de aquí, descendientes de esclavos negros que se mezclaron con los indígenas, hablan un inglés criollo fácil de entender y llaman "españoles" al resto de nicaragüenses. A parte hablan lenguas indígenas tales como la garífuna, miskitu o rama.
Es por eso que Bluefields tenía un extraño toque jamaicano, de población negra, viviendas de madera y el inglés como lengua predominante.
Nada más pisar el muelle de la ciudad nos recibieron un grupo de muchachos dispuestos a cualquier servicio a cambio de unas córdobas. Entre ellos se encontraba Majestick, una especie de versión nicaragüense de Bob Marley. Es ese tipo que hay en todos los lugares que es capaz de conseguirte cualquier cosa. Cualquiera! Es muy conocido en la ciudad.
Un taxi nos llevó a un restaurante donde Carlos se autoconcedió su deseo de la "Ruta de la Langosta". Además se comió dos! Luego fuimos a un céntrico hotel desde el que se veía la ensenada del Caribe.
El resto del día lo dedicamos a conocer la ciudad, paseando por las calles de aquel pintoresco rincón del Caribe. Por la noche bajamos a comer un coctel de gambas a un modesto restaurante que es estaba en la misma calle del hotel, y el día siguiente fue completo comprando en el mercado, paseando, conociendo gente, sintiendo la presencia caribeña en la brisa que acariciaba la playa...
No tuvimos tiempo para ir a El Bluff, al otro lado de la bahía, donde nos dijeron que había más marcha. El bajo presupuesto que traíamos también nos impidió visitar Corn Island La isla del Maíz); un paradisíaco islote de blanca arena en medio del mar, el punto más turístico del oriente nicaragüense.
Tomamos la última panga del día que se dirigía de nuevo a El Rama, y aunque la panga de vuelta no tenía toldo, el sol de la tarde ya no era tan fuerte. La panga se detuvo un par de veces en algunas casitas de la ribera del río para dejar algunos víveres imposibles de conseguir en aquellos remotos lugares.
Una vez en El Rama, y ya anocheciendo, no tardamos en tomar un bus que se dirigía directo a Managua, donde los únicos pasajeros de etnia blanca parecíamos ser nosotros.
El resto eran afroamericanos que hablaban en inglés. A mitad de camino hicimos una parada para cenar. Compramos comida rápida, creo que era pollo.
Algunas horas más tarde llegábamos a Managua a unas horas que la noche ya había teñido de oscuro toda la ciudad y la única actividad era la de algunos taxis. Sin saber muy bien qué hacer, nos dijo una simpatiquísima indigente que dormía al raso con su hija que en la estación de autobuses había habitaciones.
Allí encontramos una sucia y modesta, aunque baratísima habitación doble. También había habitaciones comunes donde dormía la mayoría de los viajeros afroamericanos que viajó con nosotros desde Bluefields.
La mañana nos despertó con aquella habitación inundada y todas nuestras cosas mojadas. Agarramos un taxi y regresamos a casa de Marcela, donde ya habíamos pasado una noche.
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Últimos comentarios
ARTE-SANO dice:
Orale todos unos expedicionarios... la verdad, la verdad, me dan algo de ñañaras los rios...
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kiin-uh dice:
Es una tristeza que no hayas podido conocer Corn Island es de lo
mas bello, no solo por sus arenas blancas y las aguas azules , sino por
lo virgen que se mantienen estas areas, es el mejor lugar del mundo para comer langosta.
Yo soy mexicana y apesar de vivir en el caribe mexicano , me encantaria regresar algun dia, tengo mucha familia viviendo Managua, pero ahora tiempo es lo que hace falta, con todas estas narraciones, he vuelto a vivir todos mis años en Nicaragua.
Saludos
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bob_alonso dice:
Q lastima man!!!!
Ese es uno de mis destinos ir a Corn Island y Bluff....
Buen relato.....!!!!
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wawi07 dice:
Muy bueno los relatos, a su vez estoy leyendo el diario de viaje del Tato Lopez (el mejor jugador de Basket de todos los tiempos en mi pais ) que va por su segundo libro: "Almas de vagar" y casualmente o no estubo y relata muchas vivencias de los lugares donde estuvieron ustedes. Si puedes (/se que es dificil )y pienso que les gustara mucho, adivino sin conocerlos ni al tato ni a ustedes que tiene una forma se pensar y de sentir bastante similar. Saludos y felicitaciones
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FREEMIND dice:
Pues el lugar se ve genial, y eso que dices de que no esta lleno de apartamentos creo que lo hace más interesante, siempre he tenido la intención de hacer un recorrido de este tipo. Felicidades.
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