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Bilbao, recorrido a través de las mujeres.

Escribe: el-gato
Bilbao, principal ciudad del País Vasco y de la costa cantábrica española es un referente industrial y comercial para el país. Tras su regeneración, también es un destino cultural y turístico. Sin embargo, para mí y durante muchos años ha sido mi lugar de expansión, por la ciudad paseé con familiares, amigas, novias y reinas por una noche. Los lugares de la ciudad se asocian a todas ellas así que en este diario, que discurre por más de una década, recorreré Bilbao con esas mujeres.

 

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Bilbao, las mujeres entre la ría y el cielo pasando por el Ensanche.

Bilbao, España — martes, 20 de julio de 2010

 Bilbao. Las mujeres entre la ría y el cielo pasando por el Ensanche.

Cuando salió el flash me molestó un poco ya que no lo quería, le quité el automático y volví a sacar la foto. Desde debajo de la escultura absurda sonó una frase de burla con acento mexicano. Había vuelto atrás en el tiempo otra vez. Hacía calor, yo iba en pantalón corto pero era insoportable. Cuando se acercó a mí no pude evitarlo, le toqué el trasero con fruición. Sería por el calor, claro. Cruzamos el puente del ayuntamiento y me detuve en medio, en parte para observar la ría, hacia arriba hasta el teatro Arriaga, hacia abajo hasta la pasarela de Zubizuri. Pero sobre todo era para esperar el paso de un autobús. El puente del ayuntamiento es levadizo. Sus dos mitades se levantaban cada vez que pasaba un barco grande. De ese modo cuando pasa un autobús o cualquier vehículo pesado las dos mitades del puente vibran como si fuese a abrirse y estar ahí es...peculiar. Hoy en día el muelle de la Ripa y el del Arenal ya no se usan como puerto y el puente ya no se abre.

Bajamos al muelle de la Ripa y caminamos por él, ría arriba, hasta llegar al puente del Arriaga. Observamos la bella estación de trenes de FEVE, los ferrocarriles de vía estrecha que unen Bilbao con Santander y León. Junto a la ría la torre de la Naja, imponente y elegante sobre la ría. Tras él una decena de globos aerostáticos de mil colores se elevaban sobre la ciudad. Giramos a la derecha para subir por la calle de Navarra hasta girar en la calle de Olavarri hacia el edificio de la Bolsa, tiene una fachada interesante aunque no es monumental. La bolsa de Bilbao sigue siendo importante hoy en día pese a que la industria bilbaína ya no es lo que fue. Subimos las escaleras y nos adentramos en el edificio de la estación de trenes de Abando. Ya en su interior disfrutamos de su enorme vidriera repleta de motivos vascos. El mar, las minas, la industria, la virgen de Begoña. Es una estación de película que además cuenta con zona comercial. Fuimos a ella para comer un bocadillo disfrutando del aire acondicionado y de unos cuantos besos que por aquel entonces sabían dulces.

Tras comer salimos por la puerta principal de la estación a la plaza Circular. En su centro se alza la estatua a Don Diego López de Haro, señor de Vizcaya y fundador de Bilbao. La plaza está rodeada por edificios comerciales, especialmente financieros y el que más destaca es la torre del BBVA con sus 100 metros de altura y su fachada de cristal que juega con el cielo, especialmente atractiva en días grises cuando da un color industrial que me agrada, ochentero. Un tranvía pasó campanilleando a nuestra derecha mientras cruzábamos la calle y comenzábamos a pasear por la Gran Vía.

La Gran Vía es la principal avenida de Bilbao, la cruza de Este a Oeste y tiene en su centro la elegante plaza Moyua (también llamada plaza elíptica por su forma). La recorrimos por entre sus comercios, bromeando, como cuando le recordé que puso una queja en el gran edificio comercial de El Corte Inglés firmándola a nombre de una persona ficticia. Llegamos al edificio de la diputación foral. En el País Vasco las leyes son diferentes a las del resto de España. Las diputaciones provinciales funcionan como mini estados con grandes competencias, por ejemplo la de recaudar los impuestos en su territorio, en el resto de España eso lo hace el propio estado. Es un bello edificio de finales del siglo XIX con unas fachadas preciosas. Tras pasear un poco decidimos huir del calor metiéndonos por las calles del ensanche hasta alcanzar la plaza de los jardines de Albia.

Un frondoso jardín ocupa esta plaza, corazón del barrio de Abando, sus enormes robles proporcionan una agradable sombra en los días más calurosos del verano. Bajo su sombra está la estatua de Sabino Arana, un señor que me cae abiertamente fatal pero al que hay que mencionar por ser el fundador del nacionalismo vasco. Ocupa un lugar en esta plaza por haber estado su vivienda natal en ella. Actualmente un moderno edificio ocupa su solar y es sede del Partido Nacionalista Vasco, es el que tiene una bandera muy grande. Cosas del nacionalismo y los tamaños.

Cuando Arana nació Abando, como Begoña, era una anteiglesia enfrentada con la villa de Bilbao. Arana descendía de los antiguos jaunchos o señoritos feudales del agro vasco. Al perder sus privilegios la familia Arana, carlista y ultraespañolista, invirtió su dinero en una industria astillera. La llegada de inmigrantes de otras zonas de España (obreros), su reclamación de derechos (les gustaba descansar de vez en cuando), su disoluta vida moral (bailaban agarrado, pasodobles, ni más ni menos los muy libidinosos) y sus huelgas (pensaron en lanzar pétalos de rosa por las ventanas, pero pensaron que así presionarían poco), que afectaron económicamente a los Arana, llevaron a Sabino a reclamar aquellos fueros medievales en un País Vasco independiente. Yo siempre he pensado que la idea era “Mientras fuimos privilegiados en España, españoles, si ya no podemos ser privilegiados en España, creemos un país con las leyes que nos hicieron privilegiados, el País Vasco independiente”. Y surgió el nacionalismo...bueno, seguramente los nacionalistas no estén muy de acuerdo con esta explicación, pero es la que menos me desagrada. Al final Abando fue anexionada por el crecimiento de Bilbao y pasó a ser su ensanche.

La plaza está rodeada por elegantes edificios, tal vez distinguiría la iglesia neoclásica de San Vicente. Junto a ella está el café-antzokia, un antiguo teatro reconvertido en activa sala de conciertos, bar, discoteca y lo que se tercie.

El calor apretaba, me despedí de Sabino con un saludo procaz y dirigimos nuestros pasos a uno de los cafés más representativos de Bilbao, el café Iruña. Iruña es como se llama en Euskera o vasco a la ciudad de Pamplona. De todos modos el café, más que a Navarra, recuerda a la Alhambra. Está totalmente adornado en estilo morisco desde hace más de un siglo, sus paredes han visto pasar a las figuras de la intelectualidad vasca más importantes del último siglo. En uno de sus sofás bebimos unas cervezas frías. Charlamos, reímos, nos besamos, todo entre el brillo de los muros estucados y los arabescos de colores hasta viajar a algún rincón de la Alhambra granadina. ¡Sultana!.

Con las burbujas aún en la cabeza y la sangre en otros sitios caminamos hacia las torres de Isozaki, entonces en obras y hoy terminadas. Son dos altas torres de roca y cristal que se abren alrededor de una escalinata en el solar de lo que fueran las aduanas. Aún se conservan restos de la elegante fachada aduanera. Así volvimos a la ría a la altura de la pasarela zubizuri. Diseñada por Calatrava cruza la ría de un solo salto. La pasarela se sostiene gracias al arco inclinado que cruza la ría al pender de él mediante decenas de cables de acero. El suelo es de cristal, el diseñador no tuvo muy en cuenta el clima vasco, suelo de cristal y lluvia abundante...suena mal, ¿cierto?. El ayuntamiento se las ve y se las desea para evitar los resbalones. Pese a todo es un puente precioso, un arpa blanca que cruza la ría sin esfuerzo.

Cruzamos y caminamos por la otra orilla ría abajo, tomamos la primera calle a la derecha y desembocamos en una plaza sin salida. En su fondo un arco, nos adentramos en él y llegamos al funicular. Nos sentamos y el vehículo rojo comenzó su ascenso hacia el monte Artxanda. La pendiente es extremadamente fuerte y el funicular, pendiendo de su cuerda de acero, sube con agilidad sobre los raíles. Pronto Bilbao empieza a verse debajo y los rascacielos empiezan a quedarse pequeños. La agarré de la mano mientras disfrutábamos del paisaje. Nos cruzamos con el convoy que pende del otro extremo del cable y oímos pasar a una miriada de niños que iba en su interior.
-UuuuuuuuueeeeeeEEEEEEeeeeeeeeooooooo.

Mis oídos se taponaron por el cambio de altura repentino y estaba tragando saliva para cuando llegamos arriba. 200 metros de altura en apenas 2 minutos. Cuando abandoné el funicular miré a mi alrededor, estaba yo solo, volvía a tener 28 años, era hoy en día. Cosas que nos pasan a los que no usamos reloj.

Subí por las escaleras y salí a la plazuela. Había un ligero sirimiri, lo normal. Caminé hacia el gran mirador que ocupa la cima y apoyé mis codos en la barandilla de cemento. Todo Bilbao estaba a mis pies. Hacia la izquierda los barrios altos del norte de la ciudad caían hacia el parque de Etxeberría con su chimenea en medio. A sus pies el casco viejo, la plaza Nueva, la torre de la catedral, la ría...hacia el Este los suburbios de Bilbao se perdían entre las montañas cubiertas de niebla. Justo frente a mí las torres de Isozaki, el rascacielos del BBVA, todo el ensanche bilbaíno y los barrios que subían por el monte Pagasarri. La ría rodeaba Bilbao hacia el Oeste pasando a los pies de la rosa de titanio del museo Guggenheim, junto a la universidad de Deusto, hasta perderse entre montañas y ciudades que terminan pocos Km más allá en el Atlántico. ¿O era el Atlántico el que desembocaba en la ría de Bilbao?, no sé, tendré que comprar un mapamundi de Bilbao...que chulos son en esta ciudad, porque pueden.

De pronto, entre los brazos que tenía apoyados en la barandilla, apareció una mujer, cerré los párpados y besé su cuello, cuando los abrí volvía a estar yo solo, ¿y quién era?, pues no hay dos nucas iguales, era mi preferida hasta la fecha. Caminé hacia la fuente que preside el centro de los jardines que hay en el mirador, ocupando el centro de una rosa de los vientos. Las hojas doradas cubrían un suelo mojado y brillante que avanzaba entre la arboleda. Cuando miré mi mano sostenía un paraguas, miré a la derecha y dos lagos azules, dos Balatones, sonrieron, sonreí y no pude evitar hacer el bobo junto al monumento que le han hecho al enorme engranaje que hacía subir y bajar el funicular, un paraguas, lluvia y una mujer delante...pues a bailar singing in the rain, a veces me extraña haber encontrado novia alguna vez. Comenzó a llover con fuerza, así que me acerqué hacia una cercana cafetería. Me senté junto a las cristaleras con una enorme cerveza. Afuera llovía.

Los árboles de la pradera de Artxanda lloraban con ganas. Volví a mirar al frente y allí volvían a estar aquellos ojos azules, charlamos durante más de media hora mientras afuera llovía, yo bebía mi cerveza cuando ella hablaba, ella su té cuando me escuchaba. En una de esas miradas al exterior volví a viajar en el tiempo, cuando miré al frente los ojos azules se habían evaporado y eran mi hermana y una buena amiga quienes estaban frente a mí, era de noche, estábamos enseñándole la ciudad. Fui a la barra para pedir una segunda ronda y me encontré entre los papeles del suelo 20 euros, suerte que tiene uno. Volví al presente y miré hacia el lugar del hallazgo...nada, estaba limpio, ¿qué esperaba?. Además estaba solo, otra vez.

Salí del bar, solo y en el presente, hay que empezar a aclararlo. Subí hacia la pradera cubierta de árboles que hay en la cima de Artxanda, no había nadie más que yo. Paseé entre las mesas y bancos que usa la gente para reuniones domingueras y en una mesa me vi. Unos cuantos años más joven, celebrando un cumpleaños colombiano, junto a brasileñas, ecuatorianas y mi mexicana, corriendo tras un balón por el prado, comiendo arepas, tomando cerveza y pony maltas, simplemente pasando una tarde agradable. Me dejé en aquel rincón de otra época. Seguí bajando y alcancé la colina de la ermita de San Roque. Subí por el camino de la ermita hasta llegar a la cima. Me senté en su pórtico a ver el valle del Txoriherri. Es un amplio valle a espaldas del monte Artxanda. En él está el aeropuerto de Bilbao con su torre de control y su edificio principal. El edificio es muy interesante ya que simula un ave-avión elevándose hacia el cielo, con su morro metálico apuntando a las nubes y sus alas albergando las instalaciones con grandes cristaleras. Los aviones pasan a pocos metros sobre las casas de Derio y, sobre todo, sobre el cementerio de Derio que es, realmente, el de Bilbao...ni paz para unos ni paz para otros.

Una voz conocida susurró a mi izquierda con acento vizcaíno...

”¿te acuerdas de cuando quedamos en el perro?”.

 Miré sobresaltado pero no había nadie, aunque esa pregunta si me la habían hecho en ese mismo lugar años atrás. Claro que me acuerdo de cuando quedamos en el perro. De pronto escuché muchas voces a mis espaldas, cuando miré hacia atrás había una docena de mujeres del pasado allí, diciendo al unísono aquello de...”No, que no se va a estrellar nadie, no seas morboso”. Amigas, familiares, exnovias y proyectos de todo un poco que se cumplieron, o no, según el caso, pero reunidas por algún misterio del espacio/tiempo. Creo que tengo poca imaginación para enseñar Bilbao y acabo siempre en los mismos sitios con todas. “venga chicas, vámonos, ya toca ir bajando hacia Bilbao”. La imagen de ver a según quienes juntas me hizo reír. Cuando dije eso, sonriendo, apareció un matrimonio por el camino que me miró como si estuviera loco. “Buenas tardes señores”....”bu....bu....buenas”, pobrecicos, seguro que pensaron, “otro que se ha escapado del psiquiátrico de Zamudio”, un pueblo a los pies de Artxanda.

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Últimos comentarios

soyviajera dice:
Me ha gustado pasear de nuevo por tus recuerdos y sin quererlo, también por los mios en esa ciudad.Hace muchos años que no vuelvo.
Los edificios y el puñetero sirimiri nos son comunes.Un saludo

Publicado

el-gato dice:
Gracias, me alegra que te haya traído recuerdos de tus tiempos bilbaínos, deberías volver de visita, la ciudad ha mejorado muchísimo...el sirimiri sigue siendo igual de molesto, sin ir más lejos hoy lleva todo el día fastidiando, saludos!
Publicado

falca dice:
Excelente relato no ya de viajes exclusivamente sino con mucho de ficción/realidad? pero que buenos son los riesgos, me dio gusto leerlo... un abrazo
Publicado

el-gato dice:
Jaja, la verdad es que me gustó escribirlo aunque no ha terminado de convencerme al 100%, me alegra que te haya gustado, saludos!!
Publicado

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