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Bilbao, recorrido a través de las mujeres.
Escribe: el-gato
Bilbao, principal ciudad del País Vasco y de la costa cantábrica española es un referente industrial y comercial para el país. Tras su regeneración, también es un destino cultural y turístico. Sin embargo, para mí y durante muchos años ha sido mi lugar de expansión, por la ciudad paseé con familiares, amigas, novias y reinas por una noche. Los lugares de la ciudad se asocian a todas ellas así que en este diario, que discurre por más de una década, recorreré Bilbao con esas mujeres.
Bilbao, las mujeres del Casco viejo y las siete calles.
Bilbao, España — martes, 20 de julio de 2010
El tren de Euskotren, el relámpago azul, entró traqueteando en la estación de Atxuri. Hacía más de una hora que había salido de mi ciudad, pese a que está a menos de 50 Km de Bilbao. Bajé del tren y encendí un cigarro en el andén antes de cruzar el edificio de la estación. Desde los andenes se ve la ría, el puente de San Antón y la iglesia que le da nombre. Ahí nació Bilbao hace 800 años, como puerto castellano especializado en exportar lana. Al otro lado de la ría se ven las casas del degradado barrio de San Francisco o Bilbao la Vieja o Las Cortes o La Palanca. El barrio chino de la ciudad es conocido por todos esos nombres. Bilbao, una ciudad que durante décadas olió a hierro y grasa mientras teñía sus casas de gris y niebla. Sin embargo, yo, esta ciudad no la asocio a las fábricas, al comercio, la universidad, la contaminación o la burguesía, no, ni siquiera al Guggenheim o al Athletic. Bilbao a mí me recuerda a mujeres. Realmente la mayor parte de las veces que pisé la villa fue para encontrarme con una mujer, enseñar la ciudad a una mujer, amar a una mujer o perder para siempre una mujer.
A mis 28 años caminé por el andén, apuré el cigarro y me adentré en el edificio de la estación. Cuando, cincuenta metros después, salí por su puerta a la calle tenía 15 años, eran los años 90 y todo era diferente...los recuerdos tienen la capacidad de moverte libremente en el tiempo.
Aunque todo era diferente a mis 15, el edificio de la derecha, de piedra vieja, un antiguo hospital de principios del siglo XIX, era el mismo. Caminé hacia su fastuosa portada neoclásica y me senté a esperar, era un día soleado de primavera. Me había ausentado de mis clases, cosas que pasaban. Pese a su origen sanitario había sido reconvertido en instituto de formación profesional. Sonó un timbre en el interior y empezó a salir una multitud de jóvenes de mi misma edad, yo la vi salir con unas amigas a las que nunca conocí, pero hice como que no la había visto, me di media vuelta para mirar hacia la iglesia de San Antón, le daba el sol.
Ni un minuto después (ya iba a darme la vuelta a buscarla cual perrillo) me rodeó rozando mi costado con la mano y directamente me besó. Por supuesto, una sonrisa bobalicona afloró en mi boca, no valgo para tipo duro, ya entonces lo aprendí. Caminamos de la mano dejando a la izquierda el puente medieval de San Antón y su preciosa iglesia gótica. Fue construida sobre un antiguo alcázar que protegía la ciudad, de él nacían las murallas y aún se ven parte de sus restos, personalmente me encanta. Sin embargo no entramos en ella, estábamos a otras cosas así que dejamos el templo a la izquierda. A nuestra derecha los arcos que rodean las 7 calles, las primeras siete que se crearon en la ciudad medieval, los techos de los arcos estaban artísticamente decorados. Entramos en el enorme y amarillo mercado de La Ribera, se supone que es el mayor mercado cubierto de Europa. Hoy en día está siendo reconstruido porque su estado era penoso, la arena de mar usada en el hormigón lo estaba deshaciendo. Sin embargo entonces estaba lleno de vida, ella compró fruta para comer, con aquella mujer me tocó su etapa herbívora y más cuando se acercaba el verano y la operación bikini (¿Con qué edad empiezan a hacerla?).
Salimos con una bolsa que albergaba varias frutas y nos adentramos en las 7 calles. Según pisé Barrencalle resonó en mi cabeza, procedente de un bar, la canción de los MCD (mejor no digo que significa por si molesta a algún católico) llamada “Barrenkalle”.
“En Barrenkalle tu cabeza va a estallar
Al salir de copas cada noche disfrutando hasta caer
Ves las jarras de cerveza poco a poco desaparecer”
Dejé a la mujer herbívora en algún rincón del tiempo y en en mi mano, dónde había una bolsa con frutas, apareció un baso de plástico de un litro deliciosamente lleno de frío kalimotxo, vino malo con cola de nombre desconocido (Uli Fresh, la mejor para kalimotxo), la calle olía a marihuana. Yo estaba sentado en la entrada de un portal frente a un bar, era una tarde noche de invierno, el cielo estaba cubierto por nubes bajas que las luces de la ciudad teñían de rojo. Amenazaba lluvia. Del bar de enfrente salía música de Soziedad Alkoholika, un grupo de rock radical vasco, no prestaba especial atención a su letra, creo que le recordaban a los judíos su pasado en Alemania para acusarles de su presente en Israel con no muy buenas formas, poco importaba porque ella salió con su katxi (vaso de litro) de cerveza en una mano y un porro en la otra. Se sentó a mi lado.
Me ofreció unas caladas y, como de costumbre, no acepté, la gente pasaba arriba y abajo más o menos bebida, más o menos fumada, a lo lejos se oían los gritos de una manifestación independentista, última hora de una tarde de invierno. Sería el kalimotxo o los efluvios del hachís pero me tiré a la piscina, salté a la plaza como un torero, me lancé a besarla y triunfé, no sólo no me hizo la cobra sino que pude averiguar si su piercing de la lengua pinchaba o no. Me sorprendió que estuviera tibio. Le dimos unos cuantos tragos a los katxis y nos levantamos del escalón. Al alejarnos del bar sonaba una canción de Koma, “Aquí huele como que han fumao” en la que la brigada anti estupefacientes asalta un bar reclamando las drogas...”...aquí huele como que han fumao, vaciad los bolsillos, contra la pared!...” Y tanto que olía como que habían “fumao” en esa calle.
Recorrimos Barrenkale hasta un callejón, el típico cantón del casco viejo bilbaíno de apenas un metro de anchura. Nos metimos por él pero había demasiado tránsito para lo que buscábamos, un peatón ya era demasiado, enseguida llegamos a la plaza de Santiago o plaza de la catedral. Frente a nosotros la torre de la catedral y el enorme rosetón iluminado. La aguja de la torre se perdía entre las nubes rojas, al rasgarlas comenzó el sirimiri, la lluvia fina y constante tan frecuente en la ciudad. Tampoco entramos, claro. Del edificio destaca su claustro gótico, uno de los pocos que existen en la provincia y que es una obra de arte. También su pórtico lateral. El interior es menos interesante y es que este edificio no fue catedral hasta mediado el siglo XX, aunque sea chocante que una ciudad como Bilbao careciera de catedral hasta hace tan poco, no tan raro si se piensa que Bilbao, hasta la abolición foral, no pasaba de ser una ciudad de segunda fila. El edificio como tal es gótico y tiene varias puertas interesantes. De todos modos la fachada principal y la torre aguja del campanario son del siglo XIX.
Cruzamos la plaza y, con ello, el camino de Santiago, rodeamos el claustro y alcanzamos la calle del Correo. La calle del Correo es una de las más comerciales del casco viejo bilbaíno, en ella hay tiendas de moda de todo tipo y aún era hora comercial. Más de una señora se quedó mirando a nuestros vasos a medio beber, o a las pintas de la chica (que a mí me encantaban) o a que nos besásemos cada pocos metros, qué más da. A la altura del cruce entre la calle Correo con Sombrerería nos paramos. Al final de la calle Correo se oían gritos y mucho barullo, explosiones, enseguida vimos a un grupo de policías antidisturbios corriendo por el Arenal, la plaza dónde termina la calle Correo. En los 90 aún era más o menos frecuente que hubiera disturbios, hoy es totalmente extraño. Decidimos girar por la calle Sombrerería. El sirimiri no paraba y empezábamos a mojarnos así que entramos por la calle Cueva para llegar a la plaza Nueva a través de un arco. La idea que teníamos era subir por las calzadas de Mallona para perdernos por el parque de Etxeberria, lugar con muchos recovecos nada transitados, pero con el sirimiri no pintaba bien el plan.
La plaza nueva es una plaza cuadrada, rodeada completamente por arcos, al estilo de las plazas mayores castellanas. Bajo sus arcos hay una larga serie de bares. Apuramos nuestros katxis, entramos a un bar para rellenar los vasos vacíos y buscamos el rincón más oscuro de los soportales para entretenernos hasta que parase el sirimiri...si quería parar. En algún sitio sonaba una canción de reincidentes, “Vicio”, “...sin vicio no puedo estar...”. Amén. Con los ojos ya turbios por el kalimotxo y el momento y el sirimiri y todo, miré durante largo rato el extremo opuesto de la plaza, donde tenía su sede Euskaltzaindia, la academia vasca de la lengua, el lugar donde se reglamenta el Euskera. No era esa lengua la que me interesaba en aquel momento. Habían pasado más de dos horas cuando el sirimiri se detuvo, ya era noche cerrada, el cielo seguía pintado de rojo.
Íbamos a abandonar la plaza Nueva por la calle Libertad cuando un relámpago rasgó las nubes rojas y el estruendo me cerró los párpados. Cuando los abrí había vuelto al futuro y caminaba en dirección inversa, entraba en la plaza Nueva desde la calle Libertad. Miré a mi lado, la chica heavy de pelo rojo y negro, piercing en la lengua y vaqueros ceñidos y rotos se había transformado en un ángel rubio de ojos azules, una chica magyar que me visitó por unos días. Me supo la boca a kalimotxo pero preferí no decir nada en voz alta porque con ella no había tomado kalimotxo.
Veníamos de la cercana plaza de Unamuno, en dónde empiezan las calzadas de Mallona, que suben hasta la basílica de Begoña, y plaza en dónde está el museo vasco además de una tribu de punks pies negros. Tras sentarnos un rato a descansar en la plaza Nueva dirigimos nuestros pasos hacia la calle Correo. Era media tarde de un día de verano, un día tormentoso, una enorme nube negra bajaba desde el monte Pagasarri para aplastar Bilbao. Llegamos a El Arenal, un parque que se abre entre el casco viejo y la ría y que durante siglos fue el puerto de la ciudad. Observamos durante un rato el fastuoso teatro Arriaga, una obra de finales del siglo XIX. Recorrimos el lateral derecho de la plaza, alejados de los gigantescos árboles del Arenal hasta alcanzar el enorme templo neoclásico de San Nicolás. Pasamos entre él y un bonito edificio antiguo del Banco de Bilbao y giramos por la calle de la Esperanza. Entramos a ver el frontón, no abundan en Hungría.
Para cuando salimos del frontón la nube negra ya quería chocar contra nosotros. Empezaba a llover cuando entramos en un portal de aspecto desvencijado que hay junto al frontón. Fuimos hasta el final de un pasillo sucio y desangelado y esperamos. Me preguntó que adónde íbamos. El ascensor se abrió y dentro un señor con aspecto extraño nos cobró unos céntimos. Creo que ahí el ángel rubio ya se iba asustando (“¿Adónde me lleva este zumbado?" ), un radiocasete de los años 70 colgaba del techo del ascensor dándole a todo un aspecto aún más extraño. El elevador subía y subía y subía. Sus ojos azules me miraban y yo sonreía. Finalmente llegamos arriba. Abandonamos el ascensor y vimos los ventanales. “¿Dónde estamos?”. Se tranquilizó, no era más que un ascensor público, una enorme torre de cemento que desde el casco Viejo se eleva hasta la colina del parque de Etxeberria salvando casi 50 metros de altura. Las vistas desde arriba son maravillosas. Todo el centro de Bilbao a los pies.
Sacó fotos en todas direcciones, las 7 calles medievales, la aguja de la catedral rasgando las nubes, el cuadrilátero de la Plaza Nueva, la ría abrazando el casco viejo, el ensanche cuadriculado de Abando, el rascacielos de Iberdrola...toda la ciudad, rodeada por sus montañas. Se relajó, no, definitivamente no soy un perturbado (del todo). En cuanto salimos de la pasarela del ascensor comenzó a llover con fuerza. Una nube intensamente negra aplastó Bilbao acompañada de una lluvia espesa y un sinfín de relámpagos que caían a nuestra altura. Aceleramos el paso. Ella sacó un paraguas del bolso que, poco después, ya iba en mi mano. Yo, como chico previsor que soy y siendo vasco...no llevaba paraguas, como si no conociera el clima local. En fin, en casa del herrero cuchillo de palo. Nos juntamos y aprovechamos su paraguas, uno de esos momentos que son mejores si la acompañante es más que amiga, pero no era el caso, entre los relámpagos y el agua la llevé a un bar cercano. Entramos y nos sentamos junto a las enormes cristaleras a tomar unos cafés. Hablamos y hablamos, reímos, contamos nuestras pequeñas grandes historias mientras afuera llovía y llovía.
Paró de llover un poco y seguimos paseando bajo el paraguas, charlando. Pasamos junto a los campos de fútbol y señaló la chimenea que preside el centro del enorme prado que es este parque. Durante su estancia le sorprendió la enorme cantidad de chimeneas solitarias que había en el País Vasco. No son otra cosa que los restos de antiguas industrias, sus chimeneas han quedado como recuerdo de lo que fue esta tierra, una especie de homenaje. El parque de Etxeberria no es sino el solar, cubierto de césped y árboles, que ocupara la enorme fábrica de aceros del mismo nombre. Un Bilbao lluvioso se abría ante nuestros ojos mientras tomábamos, bajo el paraguas, la avenida de Zumalacárregui, le conté la paradoja del nombre de esa avenida.
Durante siglos, el lugar en el que estábamos, perteneció a la anteiglesia de Begoña que se regía bajo leyes forales (de origen feudal) mientras que Bilbao, al ser villa, se regía por leyes reales (monárquicas). En el siglo XIX se quiso cambiar en España el sistema legal por aquello de la democracia, la igualdad entre los hombres y demás minucias. El mundo rural se oponía, controlado por el clero y la nobleza aspiraban a mantener el sistema absolutista de clases inamovibles y privilegios. En España lo defendían los partidarios del rey Carlos, los carlistas. Begoña, la colina en la que estábamos, era carlista. A sus pies, Bilbao, era liberal, apoyaban a la reina Isabel y todas esas minucias de los derechos del hombre. Se inició la guerra y los carlistas rodearon Bilbao, aprovecharon las alturas de la anteiglesia de Begoña para bombardear la villa de forma constante bajo las órdenes del general Zumalacárregui. Bilbao resistió y venció. Hubo en total tres guerras carlistas que vencieron los liberales y bilbaínos en los tres casos. La abolición foral supuso el despegue económico de Bilbao y del País Vasco, Bilbao creció y acabó por convertir a su vieja enemiga, la anteiglesia de Begoña, en un barrio más. Hoy esta ciudad mantiene una enorme avenida a nombre de quién la bombardeó con saña. Y bueno, su explicación tiene, pero no voy a meterme en política en este diario, de todos modos es obsceno. En cualquier caso intenté explicarle la política vasca pero me parece que no entendió gran cosa. Suele pasar.
Así que le señalé el esbelto campanario de la basílica de Begoña, patrona de Vizcaya. Peculiar iglesia gótica cuyo interior tiene una considerable pendiente de modo que la virgen queda más alta de lo que realmente está. Minúscula efigie con grandes devociones.
Bajamos hablando de Hungría, España, Galicia, el País Vasco...hasta alcanzar el edificio del ayuntamiento. Es un bello edificio del siglo XIX de estilo renacentista italiano con una escalinata preciosa, a sus pies, en unos pequeños jardines y hecho con setos y flores, estaba el escudo de Bilbao. Cruzamos la calle hacia la ría, que está frente a la fachada del ayuntamiento. Allí hay una estatua contemporánea de nombre absurdo, “Variante ovoide de la desocupación de la esfera” y que es exactamente eso, una esfera vacía. Ella me puso la cámara en la mano y echó a correr bajo la lluvia para ponerse bajo la escultura. Como pude sostuve el paraguas, entrecerré los ojos por el brillo del suelo mojado, enfoqué la cámara....sus ojos azules en un día tan gris eran tan...salió el flash.
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Últimos comentarios
falca dice:
Ja ! tremendo relato, mitad novela, mitad diario de viaje... tenés un escritor adentro !!!! espero seguir leyendo los otros... saludos!
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soyviajera dice:
Me has recordado mis propios paseos por el Bilbao de hace mil años,
donde viví un año .Entonces íbamos de txiquitos y pintxos(cuando se escribian con ch)por las siete calles y sudábamos la gota gorda en el
"Garden" o mi favorito "Flash"....seguro que tus padres los recuerdan.
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el-gato dice:
Gracias a las dos!, me alegra que te haya gustado Falca, estaba intentando hacer un diario-experimento, a ver que salía así que me alegra que te haya gustado y bueno, ya están los 2 últimos capítulos por si te atreves a leerlos, jaja, saludos.
Soyviajera, sí, al menos el Garden aún sigue funcionando, estuve un día en él ni sé por qué. Eso sí, los chiquitos y los pinchos siguen a la orden del día y tan buenos como siempre, aunque ahora sean con tx, jaja, saludos!
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falca dice:
Entonces bienvenidos los experimentos !!! claro que voy a animarme a leer los otros... jajaja salud !!!
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Asturiana dice:
Me gusta como lo describes , seguire leyendo ah y gracias por compartirlo con estos "viajeros en el tiempo" un besin.
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callovelasquez dice:
Excelente relato,me gustaria conocer bilbao, este diario,llama a conocer esta ciudad, saludos
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aristofennes dice:
si algo admiro de los diarios escritos, es su originalidad, contarlos de tal manera que envuelvas al lector y lo metas en la historia, pues lo has hecho, felicitaciones y gracias.
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un viajero dice:
Eres increible! Leerte fue como entrar en la trama de una de esas buenas peliculas de Woody Allen..... Me encanta como describes. Mis estrellas absolutamente.
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maratial dice:
Que original diario!!! jajaja. Esta muy bueno recorrer los lugares con los recuerdos también. Un beso!
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jimenez225 dice:
Tienes madera para relatar.
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el-gato dice:
Pues muchas gracias a todas y a todos, me alegra que os haya gustado porque opté por una forma de hacerlo...peculiar, así que aprecio más los comentarios, gracias por ellos y por leer el diario, saludos!!
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escapadadefinde dice:
Pues acertaste en esa forma "peculiar" que yo llamaría maravillosa.
Me ha encantado.
Un saludo.
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estelasenlamar dice:
Que linda es Bilbao! que linda como la describes...como a una mujer.
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el-gato dice:
Gracias por leerlo y comentarlo, me alegra que te haya gustado, saludos!!
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Veronica-c-2 dice:
Kaixo!!! buscando informaciòn lleguè a tu relato, interesante, saludos![]()
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el-gato dice:
Kaixo!!, me alegro de que te haya gustado, gracias por leerlo y por el mensaje, saludos!!.
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anitan dice:
me gusto mucho esos rasgos de relato con toque de novela para apreciar el paisaje urbano y las mujeres que t acompañaron en el...
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murga dice:
Muy bueno, el relato y atrapante... sos un escritor de alma.
Saludos desde argentina
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_jazmin_yop dice:
Llueve mucho en Bilbao?
Ah , me gustò mucho el relato , digamos mejor los tres relatos-autobiografìa ![]()
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el-gato dice:
Hola Jazmín, gracias, me alegro que te hayan gustado
Sobre si llueve mucho en Bilbao, pues sí, mucho, en abril, por ejemplo, hemos tenido 28 de los 30 días lluviosos....nos van a salir raíces, aunque hoy estamos muriendo a 35 grados...
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el-gato dice:
Gracias Murga y Anitan, no había visto vuestros mensajes, os pido disculpas, gracias por leerlos, me alegra de que os haya gustado, saludos!!.
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Capítulos de este diario
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1
Bilbao, las mujeres del Casco viejo y las siete calles.
-
2
Bilbao, las mujeres entre la ría y el cielo pasando por el Ensanche.
-
3
Bilbao, mujeres, de las nubes a las llamas junto a perros floridos
En Bilbao...
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