Diarios de viaje > Bernal, América del Norte
Al amor de mis amores
Escribe: Alexsanluis75
Era un día especial: 12 de diciembre. Los mexicanos celebran las apariciones de la Virgen de Guadalupe en cada rincón del País y yo, salía muy temprano con mi novia Claudia Guadalupe desde San...
Capítulo 1
Al amor de mis amores
Bernal, México — martes, 12 de febrero de 2008
Era un día especial: 12 de diciembre.
Los mexicanos celebran las apariciones de la Virgen de Guadalupe en cada rincón del País y yo, salía muy temprano con mi novia Claudia Guadalupe desde San Luis Potosí hacia la carretera 57 a México. El camino fue tranquilo, sin prisas y con poco tráfico, en un día marcado por un fresco que calaba un poco en los huesos. Cerca de las 9 y media de la mañana, después de pasar por Querétaro y seguir el camino hacia la Peña de Bernal, el monolito más grande del mundo, llegamos al pequeño pueblo, declarado Pueblo Mágico con justa razón, porque la atmósfera que envuelve a cada espacio es de verdadera magia, misterio, historia y pasión.
Dejar el coche en la calle es posible, pero preferimos meternos a un estacionamiento. Al bajar del coche y empezar a estirar las piernas por sus empedradas calles, se respira ese aire de provincia que todavía podemos disfrutar en algunos lugares de nuestro País, además de comenzar a ver a las personas del lugar, principalmente a los mayores, despertar tranquilamente y salir a barrer el frente de sus hogares o sus comercios, ya que en dicha región, son famosos sus trabajos textiles en lana, sus dulces o sus artesanías en piedras diversas como la obsidiana, la gema o tantas y tantas más que guardan las minas queretanas. Poco a poco, el pueblo deja a un lado la noche y comienza a vivir; los puestos de gorditas empiezan a contar a sus primeros clientes mientras las manos de las señoras dan forma a la masa y la rellenan con unas rajas con queso, frijoles o carne deshebrada, mientras el olor a café negro comienza a extenderse por el negocio.
Ahí, el ambiente mañanero es ideal para comenzar a despejarse, el olor a aire puro llena los pulmones y desde el primer momento comienza a relajar, tal vez como una antesala de lo que será el ascenso a pie hacia la Peña de Bernal, que corona el pueblo del mismo nombre. Después del desayuno y un breve receso, miramos hacia la enorme formación rocosa, que nos invita ya a subir, por lo que, tomados de la mano y con un poco de agua para el camino, comenzamos el ascenso, acompañados de un sol intenso que se combina con el todavía aire fresco de la mañana. Los primeros pasos suelen ser más rápidos, por esas ganas de llegar a la cima.
Pero poco a poco, la misma peña nos va diciendo que para llegar enteros, hay que medir el paso, así que comenzamos a ir más lento, mientras el sol nos empezaba a abrazar con sus rayos y nos hacía irnos quitando la gruesa chamarra. Al inicio del ascenso, el camino es fácil aunque en pendiente, pero más adelante, hay que ir trepando sobre piedras de gran tamaño y lisas, por lo que hay que hacerlo con cuidado. Sin embargo, al ver que unos niños y otros no tan niños suben más de prisa, el orgullo nos gana y queremos apretar el paso. "Ya no puedo", me dice Claudia con un rostro que denota cansancio. Apenas un día antes, había sido presa de una espantosa migraña que ponía en duda nuestra ida a la Peña. "Otro poco más",le digo, tratando de animarla.
Avanzamos un tramo más, pero repentinamente a mí también me pegó el cansancio, el sol, y tal vez un deseo de ser solidario con ella. "Hasta aquí, no puedo más", me dijo. Así que nos sentamos sobre la tierra, mientras mirábamos hacia lo más alto de la peña, recordando cómo una vez anterior, llegamos hasta la explanada que se forma en una parte del monolito y que sirve como mirador para los turistas, o como base para quienes son expertos en rappel o ascenso libre y continúan hacia la punta de dicha roca.
En esa parte, el aire se siente más puro que nunca, el viento sopla fuerte pero sirve como una muestra de la grandeza de la naturaleza y un llamado a la consciencia del ser humano de la importancia de cuidar nuestro entorno, para que otros que vengan después de nosotros, disfruten de este verdadero espectáculo natural. "¿Ya nos bajamos?", pregunto a Claudia, a quien el cansancio no le permite respirar con normalidad. Aún así, asentó con la cabeza, pero, y antes de emprender el descenso, comenzé a leer unas palabras que previamente había preparado, y en las que hablaba de que así como ascendimos juntos a la Peña, así quería ascender con ella otras montañas en la vida, siempre que aceptara ser mi esposa. La emoción de los dos fue única, especial e imborrable. Mi voz se entrecortaba mientras leía, tanto por los nervios de ese momento como por el cansancio que me agobiaba. Sin embargo, al terminar de leer, el mejor aliento que pude recibir fue el beso amoroso de Claudia, la alegría de su rostro y la esperanza en una vida en pareja.
Para rematar, y acompañados del paisaje natural y rocoso de la Peña de Bernal, saqué el anillo de compromiso, para sellar ese deseo de formar una familia y continuar creciendo como persona junto con el amor de mis amores. El descenso no fue menos fácil, las piernas nos temblaban a los dos, pero poco a poco lo fuimos logrando hasta ver a lo lejos el punto en donde habíamos estado y en donde esperamos volver pronto, para que nuestros hijos conozcan el punto donde comenzó una nueva etapa de nuestra historia. Al bajar, siendo 12 de diciembre del año 2007, la población se congregaba en el templo, llenándolo, para rendirle culto a la guadalupana y agradecerle el favor de vivir en un pueblo tan lleno de tranquilidad, y que en otros tiempos tuviera una importante actividad económica y cutural, pues cerca de la plaza principal, se exhiben diversas máscaras, además de los tradicionales puestos de comida diversa y de los recuerdos que todo turista no debe dejar de llevar.
Este diario estuvo lleno de amor, por lo que tal vez sea en otra ocasión, cuando exponga con mayores detalles los atractivos del pueblo mágico de Bernal. Claudia, te amo. Alex.
Los mexicanos celebran las apariciones de la Virgen de Guadalupe en cada rincón del País y yo, salía muy temprano con mi novia Claudia Guadalupe desde San Luis Potosí hacia la carretera 57 a México. El camino fue tranquilo, sin prisas y con poco tráfico, en un día marcado por un fresco que calaba un poco en los huesos. Cerca de las 9 y media de la mañana, después de pasar por Querétaro y seguir el camino hacia la Peña de Bernal, el monolito más grande del mundo, llegamos al pequeño pueblo, declarado Pueblo Mágico con justa razón, porque la atmósfera que envuelve a cada espacio es de verdadera magia, misterio, historia y pasión.
Dejar el coche en la calle es posible, pero preferimos meternos a un estacionamiento. Al bajar del coche y empezar a estirar las piernas por sus empedradas calles, se respira ese aire de provincia que todavía podemos disfrutar en algunos lugares de nuestro País, además de comenzar a ver a las personas del lugar, principalmente a los mayores, despertar tranquilamente y salir a barrer el frente de sus hogares o sus comercios, ya que en dicha región, son famosos sus trabajos textiles en lana, sus dulces o sus artesanías en piedras diversas como la obsidiana, la gema o tantas y tantas más que guardan las minas queretanas. Poco a poco, el pueblo deja a un lado la noche y comienza a vivir; los puestos de gorditas empiezan a contar a sus primeros clientes mientras las manos de las señoras dan forma a la masa y la rellenan con unas rajas con queso, frijoles o carne deshebrada, mientras el olor a café negro comienza a extenderse por el negocio.
Ahí, el ambiente mañanero es ideal para comenzar a despejarse, el olor a aire puro llena los pulmones y desde el primer momento comienza a relajar, tal vez como una antesala de lo que será el ascenso a pie hacia la Peña de Bernal, que corona el pueblo del mismo nombre. Después del desayuno y un breve receso, miramos hacia la enorme formación rocosa, que nos invita ya a subir, por lo que, tomados de la mano y con un poco de agua para el camino, comenzamos el ascenso, acompañados de un sol intenso que se combina con el todavía aire fresco de la mañana. Los primeros pasos suelen ser más rápidos, por esas ganas de llegar a la cima.
Pero poco a poco, la misma peña nos va diciendo que para llegar enteros, hay que medir el paso, así que comenzamos a ir más lento, mientras el sol nos empezaba a abrazar con sus rayos y nos hacía irnos quitando la gruesa chamarra. Al inicio del ascenso, el camino es fácil aunque en pendiente, pero más adelante, hay que ir trepando sobre piedras de gran tamaño y lisas, por lo que hay que hacerlo con cuidado. Sin embargo, al ver que unos niños y otros no tan niños suben más de prisa, el orgullo nos gana y queremos apretar el paso. "Ya no puedo", me dice Claudia con un rostro que denota cansancio. Apenas un día antes, había sido presa de una espantosa migraña que ponía en duda nuestra ida a la Peña. "Otro poco más",le digo, tratando de animarla.
Avanzamos un tramo más, pero repentinamente a mí también me pegó el cansancio, el sol, y tal vez un deseo de ser solidario con ella. "Hasta aquí, no puedo más", me dijo. Así que nos sentamos sobre la tierra, mientras mirábamos hacia lo más alto de la peña, recordando cómo una vez anterior, llegamos hasta la explanada que se forma en una parte del monolito y que sirve como mirador para los turistas, o como base para quienes son expertos en rappel o ascenso libre y continúan hacia la punta de dicha roca.
En esa parte, el aire se siente más puro que nunca, el viento sopla fuerte pero sirve como una muestra de la grandeza de la naturaleza y un llamado a la consciencia del ser humano de la importancia de cuidar nuestro entorno, para que otros que vengan después de nosotros, disfruten de este verdadero espectáculo natural. "¿Ya nos bajamos?", pregunto a Claudia, a quien el cansancio no le permite respirar con normalidad. Aún así, asentó con la cabeza, pero, y antes de emprender el descenso, comenzé a leer unas palabras que previamente había preparado, y en las que hablaba de que así como ascendimos juntos a la Peña, así quería ascender con ella otras montañas en la vida, siempre que aceptara ser mi esposa. La emoción de los dos fue única, especial e imborrable. Mi voz se entrecortaba mientras leía, tanto por los nervios de ese momento como por el cansancio que me agobiaba. Sin embargo, al terminar de leer, el mejor aliento que pude recibir fue el beso amoroso de Claudia, la alegría de su rostro y la esperanza en una vida en pareja.
Para rematar, y acompañados del paisaje natural y rocoso de la Peña de Bernal, saqué el anillo de compromiso, para sellar ese deseo de formar una familia y continuar creciendo como persona junto con el amor de mis amores. El descenso no fue menos fácil, las piernas nos temblaban a los dos, pero poco a poco lo fuimos logrando hasta ver a lo lejos el punto en donde habíamos estado y en donde esperamos volver pronto, para que nuestros hijos conozcan el punto donde comenzó una nueva etapa de nuestra historia. Al bajar, siendo 12 de diciembre del año 2007, la población se congregaba en el templo, llenándolo, para rendirle culto a la guadalupana y agradecerle el favor de vivir en un pueblo tan lleno de tranquilidad, y que en otros tiempos tuviera una importante actividad económica y cutural, pues cerca de la plaza principal, se exhiben diversas máscaras, además de los tradicionales puestos de comida diversa y de los recuerdos que todo turista no debe dejar de llevar.
Este diario estuvo lleno de amor, por lo que tal vez sea en otra ocasión, cuando exponga con mayores detalles los atractivos del pueblo mágico de Bernal. Claudia, te amo. Alex.
|
Publicado |
|
Capítulo 1
Últimos comentarios
Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o inicia sesión aquí
Capítulos de este diario
En Bernal...
¡Compártelo con tus amigos!
¿Quieres compartir tu capítulo “Al amor de mis amores” con tus amigos en Facebook?