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Escribe: kotis
ire actualizando el diario en la medida en que pueda
Italia3
Bérgamo, Italia — lunes, 8 de agosto de 2011
MIÉRCOLES 27/7
No quería madrugar mucho, así que he cogido el tren a bergamo hacia las 10:00. De nuevo el tren medio vacío (una gozada). la verdad es que los trenes que he cogido en Italia son eficientes y no caros. El trayecto desde la estación central dura 50 minutitos aproximadamente y el billete no llega a cinco euros, por trayecto.
Como ya he escrito más arriba, la escapada a bergamo no estaba decidida en un principio, pero como ya habeis comentado otros viajeros, milan tiene lo que tiene. Como es de esperar un acierto otra vez: hasta el tiempo me ha acompañado con unos 27 graditos y eso que el lunes ya pronosticaban lluvias para la noche del martes y el día de hoy.
Una vez sales de la estación del tren en bergamo, vas a la oficina de turismo y te dan un mapa de la ciudad, y en mi caso una guía en español tipo país Aguilar con fotos y dibujitos en 3d muy práctica (apenas tiene 20 páginas). Allí mismo decido coger el bus número 1A que sube hasta la ciudad alta (la antigua).
Nada más bajarme en la última parada (plaza de la ciudadela), a diferencia del resto de giris, me desvío hacia San Vigilio, para lo cual hay que coger el funicular (como si me hubiese llevado al infierno, yo lo que quería era ir en funi). Sale cada quince minutos, la tarifa igual que los autobuses 1’2 euros; en mi caso por comodidad (el ahorro es relativo) cogí el pase de un día para todos los transportes municipales por 3’5euros.
En San Vigilio hay un castillo (o lo que queda de él), que no merece mucho la pena. Sin embargo, las vistas son espectaculares, ya que te has ido más arriba aún de la propia ciudad alta, aunque a mí me han parecido mejores las del mirador del propio funicular. Aprovechad que en la entrada al castillo hay baños públicos, limpios, con agua fría y gratuitos.
Como es habitual en mí, he cogido el camino que no llevaba al castillo en primer lugar… (fíjate si se verá la silueta del castillo fácilmente… y grande!). Pues no hay mal que con bien no venga, otra vez un acierto el salirse de la guía: allá arriba sólo vive gente megapija, porque vayas mansiones que se veían, tipo lago como.
Al bajar por el mismo funicular (no quería andar más de lo necesario), me acerco al jardín botánico; vamos que hasta el hierbajo más enano y poco cuidado tenía un latinajo diciendo que era especial. A mí algunos cartelitos me pareció que estaban clavado en lo que podríamos llamar hierba común. Eso sí, hay que subir. Si no he subido doscientas escaleras en el recorrido, habrán sido más.
Al de veinte minutitos (no soy muy amigo de plantas) he encontrado una terracita a la sombra, con un poco de brisa, que me ha sentado de vicio.
En resumen, de momento Bérgamo no me estaba gustando tanto como pensaba. Así que decido darle una oportunidad a la guía y acercarme al núcleo urbano. Todo cambia. Es una gozada andar por callejuelas estrechas, las puertas de las casas son como hace siglos (pero con un portero automático desentonando), la ciudad está muy limpia, ni un solo grafitti. Aunque había pocos turistas, terminas siguiendo a alguno para encontrar la zona más turística de la ciudad (porque si es por mí, ya puedo estar dando vueltas como un hula-hop). En este caso la piazza vecchia es preciosa. No sólo la plaza en sí, rodeada de restaurantes que no afean el entorno, sino los edificios que la componen o la rodean por Detrás: la catedral, la basílica de Santa María Maggiore, la capilla colleoni, la academia carrara…
Advertencia: los de bergamo deben haber descubierto la siesta porque he intentado acercarme al museo de Donizetti y abría a las 14:00 otra vez; el museo natural, lo mismo, pero media hora más tarde.
Así que he decidido volver a perderme con el plano y recorrer la muralla de la ciudad, atravesando varias puertas de entrada.
2ª advertencia gratuita, tened cuidado a ver a quién le pedís que os haga una foto, porque tal vez os pase lo siguiente:
es la puerta de san giacomo, pero la foto siguiente son los culos de las tías de la foto primera. Jodé,es que el giri este (australiano) era un artista.
Otro descubrimiento: frente a San Michelle a pozo bianco he encontrado un sitio que vendía pizzas enteras y por porciones.
Creo que era el único giri de la zona y le he estropeado la lectura a la dependienta. Tenían unos 12 tipos diferentes de pizza, cuyas porciones mastodónticas salían por un precio entre 2’5 y 3’5 euros. Por 4 eurillos he cogido mi "kilito" de funghi con jamon serrano y un botellín de medio litro de agua fresquita. Además está al lado del prato de la fera, frente a San Agostino.
Aquí he tenido mis pequeñas disputas con una abispa que quería mi pizza (evidentemente ha ganado ella, pues tres minutos eternos más tarde, en un despiste, le cojo la pizza y me cambio de banco).
Después de llenar la panza, me dirijo al museo de ciencias naturales (tiene un nombre largísimo y no me acuerdo). Sorpresa grata otra vez, igual que el castillo y el jardín botánico es gratuito. Nada más subir las escaleras te encuentras un mamut a escala natural junto a su “cría”, más grande que una vaca (la foto me ha salido demasiado oscura). Es un museo que merece la pena: está orientado a los escolares, pero a quien le guste ver animales reconstruidos o disecados, merece la pena. A mí me impactó bastante, además del mamut, un pedazo cocodrilo del nilo que pa’qué. Por cierto, aunque no aproveché, tiene también baño en el interior.
Vuelvo a despedirme de la plaza vieja y me subo al autobús que va hacia el aeropuerto, bajándome en el centro de Bérgamo, para acercarme tranquilo hacia la estación de tren.
Alguien ya ha comentado que hay cola en la taquilla (lo confirmo, tanto al llegar a la mañana como al salir a la tarde). Sin embargo, sacar el billete por la máquina es muy sencillo, aunque no aceptaba tarjeta.
Una vez de vuelta a milán toca lavar la camiseta (estaba indecente) y, si se mantiene el tiempo sin llover, a cenar a los navigli.
En efecto, el tiempo sigue sin declararme la guerra y para allá que voy.
Pues no están nada mal los navigli, lleno de gente autóctona y turistas a la par. Por recomendación del foro cené pizza en Da Noi2 (navigli pavese, via giosué Boris 1) simplemente inmensa (del tamaño de las XXL de telepi), buena y barata (7,5 euros).
De allí directo al metro (hay un billete que te permite cuatro viajes a un euro cada uno) a descansar que mañana tengo que ir a ver el cenáculo vinciano, que para eso lo había reservado con diez días de antelación
No quería madrugar mucho, así que he cogido el tren a bergamo hacia las 10:00. De nuevo el tren medio vacío (una gozada). la verdad es que los trenes que he cogido en Italia son eficientes y no caros. El trayecto desde la estación central dura 50 minutitos aproximadamente y el billete no llega a cinco euros, por trayecto.
Como ya he escrito más arriba, la escapada a bergamo no estaba decidida en un principio, pero como ya habeis comentado otros viajeros, milan tiene lo que tiene. Como es de esperar un acierto otra vez: hasta el tiempo me ha acompañado con unos 27 graditos y eso que el lunes ya pronosticaban lluvias para la noche del martes y el día de hoy.
Una vez sales de la estación del tren en bergamo, vas a la oficina de turismo y te dan un mapa de la ciudad, y en mi caso una guía en español tipo país Aguilar con fotos y dibujitos en 3d muy práctica (apenas tiene 20 páginas). Allí mismo decido coger el bus número 1A que sube hasta la ciudad alta (la antigua).
Nada más bajarme en la última parada (plaza de la ciudadela), a diferencia del resto de giris, me desvío hacia San Vigilio, para lo cual hay que coger el funicular (como si me hubiese llevado al infierno, yo lo que quería era ir en funi). Sale cada quince minutos, la tarifa igual que los autobuses 1’2 euros; en mi caso por comodidad (el ahorro es relativo) cogí el pase de un día para todos los transportes municipales por 3’5euros.
En San Vigilio hay un castillo (o lo que queda de él), que no merece mucho la pena. Sin embargo, las vistas son espectaculares, ya que te has ido más arriba aún de la propia ciudad alta, aunque a mí me han parecido mejores las del mirador del propio funicular. Aprovechad que en la entrada al castillo hay baños públicos, limpios, con agua fría y gratuitos.
Como es habitual en mí, he cogido el camino que no llevaba al castillo en primer lugar… (fíjate si se verá la silueta del castillo fácilmente… y grande!). Pues no hay mal que con bien no venga, otra vez un acierto el salirse de la guía: allá arriba sólo vive gente megapija, porque vayas mansiones que se veían, tipo lago como.
Al bajar por el mismo funicular (no quería andar más de lo necesario), me acerco al jardín botánico; vamos que hasta el hierbajo más enano y poco cuidado tenía un latinajo diciendo que era especial. A mí algunos cartelitos me pareció que estaban clavado en lo que podríamos llamar hierba común. Eso sí, hay que subir. Si no he subido doscientas escaleras en el recorrido, habrán sido más.
Al de veinte minutitos (no soy muy amigo de plantas) he encontrado una terracita a la sombra, con un poco de brisa, que me ha sentado de vicio.
En resumen, de momento Bérgamo no me estaba gustando tanto como pensaba. Así que decido darle una oportunidad a la guía y acercarme al núcleo urbano. Todo cambia. Es una gozada andar por callejuelas estrechas, las puertas de las casas son como hace siglos (pero con un portero automático desentonando), la ciudad está muy limpia, ni un solo grafitti. Aunque había pocos turistas, terminas siguiendo a alguno para encontrar la zona más turística de la ciudad (porque si es por mí, ya puedo estar dando vueltas como un hula-hop). En este caso la piazza vecchia es preciosa. No sólo la plaza en sí, rodeada de restaurantes que no afean el entorno, sino los edificios que la componen o la rodean por Detrás: la catedral, la basílica de Santa María Maggiore, la capilla colleoni, la academia carrara…
Advertencia: los de bergamo deben haber descubierto la siesta porque he intentado acercarme al museo de Donizetti y abría a las 14:00 otra vez; el museo natural, lo mismo, pero media hora más tarde.
Así que he decidido volver a perderme con el plano y recorrer la muralla de la ciudad, atravesando varias puertas de entrada.
2ª advertencia gratuita, tened cuidado a ver a quién le pedís que os haga una foto, porque tal vez os pase lo siguiente:
es la puerta de san giacomo, pero la foto siguiente son los culos de las tías de la foto primera. Jodé,es que el giri este (australiano) era un artista.
Otro descubrimiento: frente a San Michelle a pozo bianco he encontrado un sitio que vendía pizzas enteras y por porciones.
Creo que era el único giri de la zona y le he estropeado la lectura a la dependienta. Tenían unos 12 tipos diferentes de pizza, cuyas porciones mastodónticas salían por un precio entre 2’5 y 3’5 euros. Por 4 eurillos he cogido mi "kilito" de funghi con jamon serrano y un botellín de medio litro de agua fresquita. Además está al lado del prato de la fera, frente a San Agostino.
Aquí he tenido mis pequeñas disputas con una abispa que quería mi pizza (evidentemente ha ganado ella, pues tres minutos eternos más tarde, en un despiste, le cojo la pizza y me cambio de banco).
Después de llenar la panza, me dirijo al museo de ciencias naturales (tiene un nombre largísimo y no me acuerdo). Sorpresa grata otra vez, igual que el castillo y el jardín botánico es gratuito. Nada más subir las escaleras te encuentras un mamut a escala natural junto a su “cría”, más grande que una vaca (la foto me ha salido demasiado oscura). Es un museo que merece la pena: está orientado a los escolares, pero a quien le guste ver animales reconstruidos o disecados, merece la pena. A mí me impactó bastante, además del mamut, un pedazo cocodrilo del nilo que pa’qué. Por cierto, aunque no aproveché, tiene también baño en el interior.
Vuelvo a despedirme de la plaza vieja y me subo al autobús que va hacia el aeropuerto, bajándome en el centro de Bérgamo, para acercarme tranquilo hacia la estación de tren.
Alguien ya ha comentado que hay cola en la taquilla (lo confirmo, tanto al llegar a la mañana como al salir a la tarde). Sin embargo, sacar el billete por la máquina es muy sencillo, aunque no aceptaba tarjeta.
Una vez de vuelta a milán toca lavar la camiseta (estaba indecente) y, si se mantiene el tiempo sin llover, a cenar a los navigli.
En efecto, el tiempo sigue sin declararme la guerra y para allá que voy.
Pues no están nada mal los navigli, lleno de gente autóctona y turistas a la par. Por recomendación del foro cené pizza en Da Noi2 (navigli pavese, via giosué Boris 1) simplemente inmensa (del tamaño de las XXL de telepi), buena y barata (7,5 euros).
De allí directo al metro (hay un billete que te permite cuatro viajes a un euro cada uno) a descansar que mañana tengo que ir a ver el cenáculo vinciano, que para eso lo había reservado con diez días de antelación
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