En barco de Manaus a Belém

Escribe: JACHO
No idealices nada que no hayas conocido aun. Este barco lo dibuje cientos de días en mi camino y me imaginaba muchas situaciones en torno a él. Viciado por la literatura de viajes quería...

 

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Capítulo 1

En barco de Manaus a Belém

Belém, Brasil — martes, 13 de mayo de 2008

No idealices nada que no hayas conocido aun.

Este barco lo dibuje cientos de días en mi camino y me imaginaba muchas situaciones en torno a él. Viciado por la literatura de viajes quería sentirme un Maqroll, el de Mutis o cual personaje de Conrad en el Corazón de las tinieblas.

El caos con el barco comenzó días atrás para conseguir el pasaje que se obtenía en algunas de esas agencias ambulantes de viaje en el centro. El precio del mismo variaba como el viento y yo me creí vencedor cuando obtuve un precio acorde a mi bolsillo, pero el tímido hombre jamás podrá luchar contra la más arrebatadora fuerza de la naturaleza y menos contra la misma que nace de las entrañas y solo genera ambición y egoísmo.

El día que llegue al barco vibraba como un tambor que entonase una fuerte canción de guerra, un repiqueteo interno iba con mis pasos cuando me acercaba a esa mole de hierro y madera. Logre entrar a el con mis cosas que deje a merced en algún lugar mientras debía hacer una fila para obtener el billete real y después de esperar algo en esta vino mi primera decepción. Ya mi precio no funcionaba y la tarifa era mas alta por orden de un dueño un don nadie, era indiscutible había que pagar más, así funcionan las cosas en el trópico del descontento. Cuando retorne por mis cosas conté con suerte y estas seguían allí, instale a la Dama en un lugar que creía seguro y luego subí al segundo piso a buscar un lugar para poner mi hamaca, allí todos duermimos en hamacas, excepto los del camarote del tercer piso. Buscar un espacio para la hamaca en principio parece una tarea sin sentido, sin norte.

El lugar se nota ya colmado y piensas que no cabe una más, pero con el correr del tiempo y por cierta ley que desconozco el lugar como que se expande y este instrumento de cuerda suspendido en el aire, como diría el poeta Raúl Gómez Jatin, se multiplica con un humano adentro, somos cientos de crisálidas con un periodo de hibernación largo. Nada mas placido que una hamaca, si esta entre dos palmeras y con el mar muy próximo y una brisa que apenas te mece aun mejor o si es en un balcón cuya vista da a un bosque y en esa amplitud de espacio solo escuchas a los pájaros y un vientecillo de vez en cuando llega, perfecto. Pero cuando somos tantos que en la noche estas con un anciano que te respira casi al oído y del otro lado unos pies te saludan y tu cadera roza con otra desconocida y estas cuñado como en una lata de salchichas y además no atinas a ver tu equipaje que esta desperdigado por el piso, así entonces la estancia en ese bello instrumento se torna tormentosa casi hasta el delirio.

Puede pensarse que soy quisquilloso acerca de la comodidad y se estaría errado al pensar esto. En este viaje he dormido en los lugares más insospechados, es el hecho de la proximidad con los otros y la falta de espacio lo que me agobiaba en esos momentos. Pero pasaron los días en el Amazonas Star, el nombre de mi barco y lo que quedaba era irse para los corredores y perderse en las aguas del amazonas que tiene espacio para tantos, espacio que esta siendo violado por el mismo hombre donde pareciera que tiene por tarea ensuciar lo que mas pueda, no contento con escupir al piso donde duermen, acumulan basura para lanzar al río, es un deporte como tantos sin la mas absoluta conciencia claro esta. Para estar allí hay que estar en el río y tratar de olvidarse de lo otro.

Sus aguas están prestas a atender a quien tenga la bondad de entrar en contacto con ellas. Yo, amante del sol en la lejanía, trataba de atrapar amaneceres y caídas de sol para tener otros cuadros en mis haberes y las mas de las veces dibujaba el contorno, la silueta que da la floresta desde el barco. La selva se ve profunda y también es como un iceberg, este es verde y con más aristas, es un iceberg con huéspedes que no se muestran, uno florido y frugal, exótico y misterioso. Hay que despertarse de vez en cuando para recordar que se esta navegando por el río mas grande del mundo y que respiras del pulmón que da aire a esta cansada tierra, entonces tal vez olvidas, en ese momento, las hamacas con sus hombres, esos capullos que no darán alas nunca jamás y te quedas a vivir en el río por largas jornadas mientras los motores del barco siguen activos y devoran millas acuáticas.

El amazonas se alimenta con unos tremendos aguaceros que intimidan pues unas amenazadoras lluvias se dejan ver en la lejanía y piensas que toda el agua del mundo caerá sobre el barco, pero aquí la naturaleza tiene tacto y el agua va llegando con leves gotas que trae el viento y como aquí el ritmo es otro aparece una tempestad que se deja sentir solo por unos minutos, luego vuelve esa humedad aquí tan característica y vuelve la selva a suspirar. Adentro del barco en ese segundo piso donde mora todo un batallón se suceden esos rituales diarios a la luz publica. Cuelgan toallas mojadas de los barandales, ropa interior que alguien se atrevió a lavar. Las mujeres peinan sus frondosas cabelleras, el desfile de hombres que van al baño para tomar una ducha a cualquier hora del día, todavía me pregunto porque no usan camisa, los ancianos que se pierden mirando al horizonte por las ventanas y los niños que buscan cualquier rincón del barco para jugar. Las horas de comida llaman a interminables filas que se mueven con la lentitud de un perezoso.

El barco es un albergue de mil rostros, de cientos de costumbres y de olores sin igual. El barco también es bodega flotante que lleva y trae, que abastece y libera. En el barco hay innumerables charlas con extraños pero también hay silencios que evidencian ese cierto desespero por llegar rápido a puerto. Los puertos son el descanso para nuestro gigante, son recibimiento y despedida, los puertos son pueblos que son interrogantes de donde hay vida. La vida en este río corre como loca y a pesar de su aparente quietud va desesperada, el mundo habla a través de sus riberas.

A la llegada al puerto final este gigante de tres pisos duerme por espacio de ocho días para volver a llenar sus entrañas de mas historias. Recuerden seguir visitando el blog: erransaudade.blogspot.com, allí encontraran más textos y fotos del viaje.


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