Pekín

Escribe: gabitar
Un viaje de mil millas, empieza con un simple paso. (Proverbio...

 

   Enviar a un amigo   

 
Capítulo 1

Pekín

Pekín, China — domingo, 14 de mayo de 2006

Un viaje de mil millas, empieza con un simple paso.
(Proverbio chino)


La inconformidad positiva, hace que los seres humanos,
caminemos por una senda infinita de búsqueda.
(Li Tingyu)


Durante la ultima etapa de mi niñez y casi toda mi adolescencia soñaba mucho, pero con mayor intensidad, en viajar. Cuando leía, me transportaba geográficamente, mientras que mi peregrina imaginación diseñaba lo que se describía en los libros y lo que era más importante, que lo hacía incluyéndome en el lugar.
Hoy he cumplido muchos de estos anhelos, que solo compartía con mi almohada y creo que los he superado con creces, porque alrededor de quince ciudades de Europa, Norteamérica y Africa, ya forman parte de mi andar por el mundo.
Pero, como antes cité en el pensamiento de Li Tingyu sobre la conformidad, quiero ir ahora a otros muchos lugares, a todos los que pueda. No hay sensación más agradable que viajar, más aún, si el destino está tan relacionado con los inicios de la civilización, como es el caso de un país inmenso, con una tradición diferente de lo que conocemos en occidente y que ha perdurado casi intacta hasta nuestros días, el más poblado del planeta y segundo más extenso, lo que le ha valido, la denominación de Gigante asiático.

A finales de octubre y tras haber sido relegado por un viaje a Praga, me propuse no dejar para otro año mi caminata por la Gran Muralla. Era un regalo por haber cumplido mis 40 años y nunca mejor dicho, ¡que regalo!
Así el 29 de noviembre a las cuatro de la tarde salía, junto a un amigo cubano, en Air China, rumbo al país que escribía con tinta sobre papel, vestía con excelente seda y comía espaguetis cuando todavía en Europa vivían en cavernas, y que conste que no estoy exagerado.
Cuando llegamos al aeropuerto, nos esperaba con una banderita amarilla, la que sería nuestra guía. Una simpática china de Beijing, de la que recibimos una espléndida atención. Ya teníamos referencias de ella desde Estocolmo, porque en la documentación que nos entregaron indicaban que podíamos llamarla Brita, imagino que con el propósito de evitar a los suecos complicaciones fonéticas. Pero como yo no soy sueco, todo el tiempo la nombré por el suyo propio, que además no me parecía nada difícil de pronunciar. Rogelio, mi compañero de viaje, hizo lo mismo. Así, que nada de Brita. Peng Bo para arriba y Peng Bo para abajo.
Cuando el bus se detuvo frente al edificio donde íbamos a hospedarnos, nos dio muy buena impresión. Confortable y con un excelente servicio, el Hotel Xinquiao (Novotel) fue nuestro refugio de descanso y de otras pillerías.
Del Aeropuerto al Hotel, Peng Bo nos instruyó sobre el manejo de la moneda china; el yuan, así como datos muy generales de Pekín.
Tuvimos el tiempo justo para hospedarnos y dejar el equipaje sin acomodar nada, porque debíamos bajar al lobby para nuestra primera visita programada. Eran las dos de la tarde y habíamos adelantado en el tiempo siete husos horarios.
Cambiando el formato de mis anteriores relatos de viaje, daré mis impresiones de cada lugar visitado por separado. También introduje cuatro fonemas (NO-DO) para contar otras anécdotas, satirizando los documentales que en época de Franco en España se pasaban en los cines antes de cada filme. Por cierto, muy parecidos a los Noticieros ICAIC de Santiago Alvarez.

PLAZA DE TIANAMEN; Con el escalofrío inmediato de recordar los trágicos sucesos de 1989, cuando los tanques del ejercito, dispersaron y masacraron a los estudiantes, que pedían democratización, recorrí la Plaza de Tianamen. Este inmenso espacio, que es el núcleo central de la ciudad, tiene capacidad para un millón de personas y fue diseñada por supuesto, para los grandes actos de masas a los que son tan aficionadas las dictaduras. Caminamos en todos los sentidos para poder apreciar que está rodeada de las instituciones y emblemas más importantes del país. En la zona oeste, se encuentra “La Gran Sala del Pueblo”, un edificio rectangular y uniforme, donde se reúne la Asamblea Nacional. En el lado opuesto está el Museo de Historia y de la Revolución, que junto al Monumento a los héroes de la patria, en el centro, y el Mausoleo de Mao Zedong, recuerdan que el gigantismo de las construcciones, forma parte de la demostración de fuerza y del poder.



NO-DO: De vuelta en el Hotel, nos sorprendieron con la noticia que en un lujoso restaurante, ubicado en el cuarto piso, nos ofrecerían la cena de bienvenida. Un agradable encuentro con la comida china, que degustamos hambrientos, aunque pasando un poco de trabajo por la falta de habilidad en el uso de los palillos.
En el rostro de todos se denotaba el cansancio, pero Rogelio y yo no nos lo pensamos dos veces y salimos a la calle para dirigirnos a un bar gay de nombre Half. Ubicado a unos diez kilómetros al norte del hotel, el lugar estaba casi vacío, pero comenzaron a llegar algunos asiduos y enseguida me alboroté. Conocí un chico que sabía la técnica de los masajes Tai Chi y a una loca tremebunda y con mucha gracia personal, que me ratificó que quien dijo marica, dijo diablo, en cualquier lugar del planeta.


PALACIO TIAN TAN; De los templos que visité, el más conocido y hermoso es el Altar del Cielo, también llamado Tian Tan. Aquí recorrimos sus dos magnificas construcciones ceremoniales de forma redonda y con los tejados de cerámica barnizada. Me llamó la atención el colorido vivamente rojo de sus paredes y los ornamentos dorados, muy característico de la arquitectura en la dinastía Ming, que le dan un aspecto soberbio y hago constar mis prejuicios contra los dorados en las decoraciones, pero apartando estos, nunca olvidaré el imponente espectáculo que da Tian Tan en la puesta del sol, hora que coincidió con nuestra visita.

NO-DO: Al tercer día descubrimos un parque de ligue a menos de doscientos metros del Hotel. Felizmente en China no prohiben el acceso de su pueblo a los hoteles. Eso sí, en una ocasión dos empleados de la limpieza, debieron darse cuenta que salía un chinito de mi habitación y cuando me dispuse a bajar y los miré, les vi en el rostro una sonricita acusadora. Como yo jamás he tenido vergüenza, les correspondí con otra muy descarada y les dije en chino; ¡NIJAO! (Hola)

LA GRAN MURALLA CHINA; Tengo que respirar profundamente, tras recordar la tremenda impresión que me produjo mi visita a esta obra arquitectónica con fines militares. ¿Cómo pudo el hombre, en el 221 antes de Cristo, hacer una obra de esas dimensiones?
La fortificación, a una hora y media en bus al norte de la ciudad de Pekín, tiene aproximadamente 6000 kilómetros de longitud. Comienza en el Mar Amarillo y se adentra por todo el norte-noroeste de China. Se construyó bajo el reinado de Qin Shi Huangdi, como defensa ante los ataques de las tribus nómadas de las estepas del norte. Caminé aproximadamente tres kilómetros y no solo estaba pisando y tocando aquellos muros de piedra, que son una de las siete maravillas del mundo, sino que es la única obra construida por el hombre visible desde el cosmos. Subí y bajé, siguiendo la modulación del terreno, tremendamente escarpado, aprovechando las numerosas atalayas que con intervalos de 180 metros forman parte de la monumental muralla para descansar. ¡Mágico!


NO-DO: Rogelio con fiebre y gripe, se quedó en cama. Le preparé un té cargado de miel y un brebaje con paracetamol. Lo dejé, cargo de conciencia incluido, para irme solo al Half Bar. Tomé un taxi, que hizo el recorrido en diez minutos. Era martes y solo tuve por compañía a los tres empleados. Como dos de ellos estaban detrás de la barra, pedí un trago y ocupé una mesa, lo más alejada posible. El Camarero que me atendió, se acercó e iniciamos un tímido intento de contacto. Estuve toda la noche conversando con él. Rompía todas las normas del país, por su estatura poco frecuente en sus habitantes. Me dijo que estaba mezclado con Mongol, que practicaba Shaolin y Kong Fu, que tuvo un amigo de Valencia y que tiene una hija llamada Ye. Todo esto fue utilizando algo de inglés, las pocas palabras que sabe en castellano y mucha pantomima. Cuando cerró el bar a la una de la madrugada, nos fuimos a su casa que estaba a unos 900 metros de allí.

LA CIUDAD PROHIBIDA; Antes de hacer esta esperada excursión, nos encaminamos muy temprano hacia un barrio en los suburbios de Pekín para hacer una visita programada a una familia china y un circulo infantil. Yo que vengo de donde vengo, enseguida percibí, los trazos de propaganda política. No obstante fue muy interesante conocer a la familia Sintao.
Una modesta casita, decoración muy oriental y un patio-jardín con animales de compañía muy simpáticos; ardillas, ruiseñores, peces.
Nos sentamos en círculo en la sala para escuchar a la matriarca de la familia, ya jubilada, contarnos sobre su vida cotidiana y entre flor y flor de Loto una lechuguilla, para que supiéramos, lo bien atendidos que están los jubilados por el Partido del Pueblo.
De allí caminando unas cuadras, fuimos al Círculo infantil, donde nos recibieron numerosos niños de entre 3 y 4 años. Canciones y danzas que ejecutaron con una disciplina y rigor de deportistas. En cualquier caso, nunca había visto tantas caritas chinas tan lindas.
Por fin en la tarde hacíamos entrada por la puerta principal a la Ciudad Prohibida, en cuyo frontón, no está ningún retrato de los emperadores chinos, sino uno de Mao, con una inscripción que dice; Larga vida al camarada Mao. Entonces, comienza la larga caminata por aquellos recintos interminables. Es un conjunto inmenso de edificaciones antecedidas de enormes patios, que al traspasarlos encontraba nuevos predios, muy parecidos a los que iba dejando detrás. Era la antigua residencia de la familia Imperial y de la corte. Construida hace más de 600 años, por la dinastía Ming, comprende una serie de amplias salas y palacios, que servían para ceremonias oficiales del estado, así como áreas residenciales. Allí habitaban diez mil personas en función del emperador; eunucos, soldados, cocineros, sirvientes, músicos, funcionarios y concubinas.
Visité habitaciones, comedores, salones y templos religiosos de aquella maravilla arquitectónica a la que el pueblo no tenía acceso, de ahí que fuera llamada La Ciudad Prohibida.

NO-DO: Aproveché que no había oscurecido para recorrer el parque cercano al hotel, de una punta a la otra y descubrí una especie de grutas y muchísimos escondrijos. Tenía una tremenda similitud con el Jardín Botánico que está detrás del Hospital de 26 y Boyeros en La Habana y eso me fascinó. Me entretuve tanto que si no corría al hotel, llegaba tarde a la hora de salida para una representación acrobática que estaba programada para esa noche.
Rogelio seguía mal y prefirió no asistir.
Antes, comimos en un restaurante mongol, que además de una comida muy sabrosa nos ofreció un show con bailarines vestidos a la usanza de la época del gran Khan.

ESPECTÁCULO ACROBÁTICO; Las representaciones de Kong Fu y Acrobacia, son muy populares en los teatros de Pekín. El rigor, la disciplina y la espectacularidad de las exhibiciones denotan un alto sentido de colectividad. Solo así se explica, que encima de una bicicleta, puedan actuar 18 chicas, que otras tantas ejecuten una armónica coreografía haciendo girar decenas y decenas de platos utilizando varillas metálicas, o que diez jóvenes fisiculturistas suban a una pirámide altísima de sillas. Hubo otros números artísticos que me mantuvieron aferrado a mi butaca, preguntándome como podían en ocasiones desafiar así las leyes de la gravedad.

TEMPLO DEL DALAI LAMA; Como teníamos el día libre, decidimos visitar el Palacio Museo Tibetano. Por nuestra cuenta viajamos en el metro desde la estación Chongwenmen hasta Yonghegong. Caminamos aproximadamente 500 metros hasta el Templo de la Dagoba Blanca, construido para conmemorar la visita del Dalai Lama del Tibet a Pekín en 1651. Es un imponente palacio que incluye parques y jardines, un complejo de edificios y un templo budista, al que tuvimos acceso, una vez que encendimos incienso y lo colocamos en el lugar sagrado destinado al dios. En un ambiente muy intimo y semioscuro los monjes rezan al ritmo que marcan varios instrumentos musicales, especialmente un platillo gigante, semejante al de una batería y una especie de colmillo inmenso de elefante, que produce un sonido grave y profundo, como si saliera de las entrañas de la tierra. Llenos de paz interior, nos dirigimos nuevamente al hotel, para prepararnos y asistir a nuestra cita con un teatro totalmente desconocido.

LA OPERA DE PEKÍN; Cuando el teatro LIYUAN, descorrió sus cortinas y aparecieron los primeros actores, me pasó algo curioso; sentí que todo dentro de mí se detenía y me sumí en una expectación, que duró hasta que el mismo telón se cerró. Aquella impresionante puesta en escena es un performance, una amalgama de danza, teatro, artes marciales, opera y acrobacia. El vestuario vistoso en coloridos y el recargado y expresivo maquillaje hacen que no se necesite en el escenario más que unos pocos decorados.
Las escenas se suceden de la mano de la orquesta, cuyos extraños instrumentos, en fascinante ensemble, guían a los actores, o ¿será al revés?
El trabajo de expresión corporal y de voces, destacan una gran profesionalidad y un rigor multidisciplinario, sobretodo, teniendo en cuenta la diversidad de acciones que se ejecutan durante toda la función.
Me quedé fascinado. Rogelio y yo intercambiamos miradas, que no querían decir otra cosa que; después de esto, qué podemos pedir. Agradecido me fotografié con dos de los actores en la entrada del teatro y cuando me disponía a retirarme, dándoles las gracias en chino; Sié sié ní, ocurrió algo simpático; Me dijeron que hacerse fotos con ellos costaba 20 yuan. Haciéndome el sueco, le dije a la guía Peng Bo, que no entendía lo que me decían, pero ella rauda y veloz, que para eso estaba, me sacó de dudas: Ja, det kostal tjugo yuan.
Y me reí, porque recordé a los chinitos de la calle Zanja en La Habana que no pronuncian jamás una r. Bueno, ni bastante parte del resto de la población no china, pero en ellos es mucho más evidente.

NO-DO: Al día siguiente recibí la visita en el hotel, de los dos chicos que conocí en el Half Bar, me dieron un masaje Tai Chi, que jamás olvidaré. Rogelio bajó a dar una vuelta, mientras esto acontecía.

ZOO Y FÁBRICA DE JARRONES; Muy temprano en la mañana, nos dirigimos al Zoológico de Pekín, ubicado en el Parque Dongdan. Pudimos apreciar una amplia gama de animales que componen la fauna china, aunque la mayor atracción son los osos panda. Una especie endémica del país, de colores blanco y negro. Mientras nuestra guía explicaba, que están en peligro de extinción, pensé enseguida en el hombre como principal causa, pero no toda la culpa es humana en este caso. Supe que la hembra, puede parir hasta tres ejemplares, sin embargo solo adopta al primogénito y abandona a los demás, que mueren por no poder salir adelante solos.
Del zoo, fuimos a la fabrica de jarrones chinos. Desde la civilización Shang, que tuvo su esplendor, nada menos que en el siglo XIII antes de nuestra era, los chinos decoraban sus vasijas. Se han encontrado objetos de esta época que incluyen elementos de cerámica, jade y bronce. Las vasijas constituían una parte fundamental de las ceremonias fúnebres y religiosas y las que han sido halladas, sugieren que los Shang, tenían diferentes imágenes de culto. Algunas de estas piezas rituales de bronce, iban decoradas en toda su superficie con monstruos y pájaros y en algunos casos con figuras humanas.
De todas formas, no fue hasta la dinastía Tang, 618-906 después de Cristo, que se desarrolló la porcelana. In situ, pudimos admirar todo el proceso manual de esmaltado del cobre, conocido como técnica cloisonné. Antes de hornearse a altísimas temperaturas de más de 1200 grados centígrados, se van colocando con pinzas las laminas de metal, que dan forma a los dibujos y que servirán de separador de colores. Se introducen los esmaltes y a la cocción. Por ultimo, el pulido y acabado final. Un trabajo muy paciente, cuyo resultado son unas artes decorativas únicas en el mundo.

PALACIO DE VERANO; El Palacio de Verano, fue construido al norte del centro de la ciudad de Pekín para el descanso imperial, durante este período del año. Desde la dinastía Qing albergó en sus 290 hectáreas a la regia familia.
Este remanso de paz, fue escogido por la Emperatriz Cixi, para residir hasta su muerte en 1908. Aquella extraña y dura mujer, llegó al palacio como concubina, cuando solo tenía quince años y se convirtió rápidamente en la favorita. Fue la madre de Pu Yi, el ultimo emperador, destronado por la revolución.
Caminamos los 700 metros del corredor, decorados con 14000 escenas de la mitología china, especialmente la figura del Dragón, que representaba al monarca. El lago que rodea la isla, imprime una belleza exuberante a los imperiales jardines. Los edificios que más llamaron mi atención, fueron, el Hall de la Benevolencia, El teatro para la Opera, El Salón de Jade, La Torre de la Virtud, La Puerta del Firmamento y la Pagoda, una torre octogonal de porcelanas multicolores con 16 metros de altura.
Casi a la salida, hay un parque, donde se reúnen espontáneamente muchas personas a cantar. No entendía, por supuesto, el significado de las canciones, pero armonía vocal y musicalidad no faltaban.

NO-DO: Bastante tarde en la noche salí para hacer un recorrido por los alrededores y entré a un pequeño restaurante. Había mucho frío en la calle y pedí una copita de saque, una especie de aguardiente fortísimo de arroz. La mejor mesa, estaba en una esquina, muy cercana a la estufa de calefacción, pero la ocupaban tres jóvenes que tomaban sopa y que se servían directamente de una olla colocada al alcance de todos en el centro. Como se percataron de que los miraba, me llamaron y tras el clásico hacerte el tonto, porque crees que no es contigo, me levante a una velocidad supersónica y me senté junto a ellos. Me invitaron sopa e inicié el intento de comunicarme a través de la mímica. Entonces tuve la buena idea de pedir una botella de saque y todo fue más relajado. El que tenía más cerca, que era el más guapo, porque bobo no soy, me frotó los brazos y las manos que las tenía semicongeladas, intentaron enseñarme algunos movimientos de Kung Fu, demostraron en mi propia espalda y cuello, los puntos de masaje más importante en el Tai Chí. Me tocaban el pelo y se reían de mi nariz. Entre el alcohol y tantos tocamientos, salí de allí rojo como un tomate y que conste que no era de ira.

MAUSULEO DE MAO ZEDONG; El penúltimo día en Pekín, decidí visitar la tumba del conocido líder de la revolución china. Rogelio se negó en redondo, así que después de hacer una larga cola, entré en el espléndido edificio, rodeado por sus cuatro lados de una columnata, que me recordó el Agora de Atenas.
Ver a Mao, medio sonriente y con un discreto maquillaje en su urna de cristal, me sobrecogió. Es la misma sensación que experimento ante cualquier muerto. Felizmente no te puedes detener y la fila pasa junto a los cristales mirando la momia, como si marcháramos. Todo muy rápido y no es que quería mirar más el cuerpo inerte, sino a los cuatro soldados que lo custodiaban. Enfundados en sus trajes de gala del ejército chino, inmóviles, hermosos, parecían moldeados en terracota. Afuera te esperan y acechan, otro tipo de ejército; los vendedores ambulantes, que te ofrecen relojes, fosforeras, agendas, bolígrafos, llaveros, pulovers y todo con la simpática imagen del camarada Mao.

NO-DO: Después, caminé otra vez por la Plaza Tianamen y a un anciano que empinaba un papalote enorme, le pedí que me dejara conducirlo. Me reía al sentirme otra vez niño y recordar cuantas veces en la loma de mi pueblo hice lo mismo.

MERCADO CALLEJERO; Visitamos, en los suburbios de Pekín, un mercado callejero. Fue muy entretenido, porque los vendedores que pasan de doscientos, se afanan por atraerte a su kiosco. Puedes encontrar allí de todo y todo te ofrecen, mostrándote directamente los productos. Basta una vez que mires un determinado artículo, para que lo descuelguen o lo desempaquen rápidamente para ponerlo en tus manos. Te halan de la manga, te toman del brazo o te zarandean por el hombro y comienza una batalla de propuestas, rebajas y contrapropuestas que si estás de buen humor, te diviertes, si no, te puede sobrevenir un ataque de histeria.
Lo extraño es que allí consigues comprar un Rolex, un blujean, una cartera Gucci o un maletín Louis Vuiton, por tan solo 100 yuan (12 dólares), lo que hace pensar que no son más que descaradas copias.
Lo que sí compré, violando la legislación internacional, fueron varias películas en formato DVD, evidentemente no eran originales, de ahí que solo me costara 25 yuan cada una, o sea 3 dólares.

PATO PEKINÉZ; La despedida que nos organizaron fue por todo lo alto. La ultima noche, la pasamos en un restaurante donde degustamos el famoso pato pekinés, un exquisito plato de lo más famoso de la culinaria china, incluido todo el ritual que se sigue para servirlo. Un apuesto cocinero cortó en lascas el asado, mientras otras camareras colocaban en una pieza redonda y giratoria, que ocupaba el centro de la mesa, otros platos que tenían muy buena pinta. Peng Bo explicó a todos la forma de comer el pato. Una vez finalizada la cena, uno de los suecos que viajó con nosotros dijo unas palabras de agradecimiento a Peng Bo y Rogelio, le regaló en nombre de los dos, un presente muy nórdico; una lata de galletas que aquí se llaman peparkakor

NO-DO: Agradeciendo a mi compañero de viaje, lo bien que la pasamos juntos, no me queda otra cosa que destacar la amabilidad y sencillez de los chinos de a pie, el hecho de haber roto todos mis esquemas, preconcebidos, sobre la belleza asiática, porque vi hombre muy lindos y cuerpos fenomenales, mujeres guapas y elegantes, un sistema de transporte eficiente y preciso, una China comunista, que avanza a pasos agigantados hacia el capitalismo, por lo menos económico, aunque sea muy evidente el control de las instituciones del poder sobre todo y sobre todos ¡Adiós Pekín! ¡Sichén! y ¡Sié sié ní!


Publicado
Modificado
Leído 10063 veces

    Enviar a un amigo

Capítulo 1
 
 


 

Pekín

   

Capítulos de este diario