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Transmongoliano Verano 2008

Escribe: Gor-K
El viaje que me permitió recorrer prácticamente el continente asiático de punta a punta. Desde Pekín (China) hasta Moscú (Rusia), un viaje de unos 6 000 km donde pudimos ver culturas muy dispares, así como parajes increibles: desde desiertos áridos, lagos inmensos, profundos bosques de coníferas, junglas asfixiantes y urbes masificadas. Claramente, algo de lo que estaré orgulloso el resto de mi vida.

 

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La Gran Muralla China a su paso por Mutianyu

Pekín, China — lunes, 28 de julio de 2008

Había llegado el gran día de Pekín. Por fin íbamos a visitar el monumento más especial de nuestro viaje: la Gran Muralla China. Al menos así pensábamos algunos de nosotros; de hecho, otro compañero y yo llevábamos bromeando desde España que íbamos a ir a China tan sólo para llegar hasta la muralla, tocar y volver, jejejeje. Como siempre ha representado para nosotros algo tan alejado, el tan sólo hecho de llegar hasta ella era para nosotros un logro.

Pekín tiene diversos tramos de Muralla China que se pueden visitar. Se diferencian entre ellos porque unos están más alejados que otros y con peores accesos en transporte público. El más famoso es el tramo de Badaling. Lo es por su proximidad y eso conlleva a que se llene de turistas. Sin embargo, llegó a nuestros oídos que existía otro tramo, el de Mutianyu, menos masificado e igualmente restaurado para los visitantes. Eso sí, no ofrece tantos servicios como el de Badaling, que creo recordar, se permiten visitas nocturnas de la Muralla.

En nuestro hostal de Pekín habíamos contratado la excursión a Mutianyu unos días antes, así que partimos rápidamente esa mañana en dos furgonetas: una que llenábamos sólo nosotros, y otra con otros turistas que no aseguraría que fueran todos de nuestro mismo hostal. La excursión no recuerdo cuánto nos costó, pero incluía el transporte, y el ticket del telesilla que nos subiría desde la zona de aparcamientos, hasta la Muralla. Y aquí viene el aliciente que nos decantó por visitar este tramo y no otro: cómo bajaríamos de nuevo al aparcamiento. Y es que, en Mutianyu, existen diversas formas de subir y bajar de la Muralla. Una era en telesilla, otra haciendo un poco de senderismo por una serie de rutas trazadas y por último (y esta sólo vale para bajar), descender montado en un carrito a través de un canal metálico. Sí sí, era una especie de bobsleigh en seco con un carrito con ruedas en el que te sentabas y dejabas entre las piernas la palanca del freno: si tirabas hacia ti, frenabas, dejándolo libre al tirarla hacia delante. Como podéis imaginar, fue nuestra opción de bajada por unanimidad.

El viaje no se hizo pesado. Creo que duró una hora y pico, pero nunca me dio la sensación de largo. Llegamos sin problemas y tras una pequeña charla de la chica-guía que venía con nosotros en la furgoneta, nos dio los tickets de subida y nos dejó vagar por la Muralla solitos hasta la hora de vuelta al hostal, que era ya por la tarde. En la zona del aparcamiento, había un gran mural con el mapa de la zona, dónde se encontraba el telesilla, las rutas de senderismo y el tobogán famoso. Lo estudiamos rápidamente y nos apresuramos a subir cuanto antes porque estábamos ansiosos ya por tocar la Gran Muralla China.

Una vez arriba, el espectáculo estaba servido. ¡Era colosal! ¡Y la estábamos tocando por fin! Empezamos a recorrerla a pie, una vez subiendo escaleras, otras veces empinadas cuestas y eso, al principio, lo haces con alegría. Después de horas paseando por ella, uno se da cuenta que se fatiga un poquito. ¡Jamás en mi vida había sudado tanto como sudé ese día! Fue algo increíble. Debido al esfuerzo (nada del otro mundo para gente acostumbrada al senderismo), pero la humedad reinante era sofocante. Chorreábamos como grifos abiertos y consumimos bien de botellas de agua. Los chinos que allí trabajan se lo conocen, y por cada caseta de la muralla había apostado uno que vendía agua, refrescos y todo tipo de aperitivos. ¡Benditos sean! Anda que no compramos botellas ni nada. Y los mosquitos y demás insectos voladores: ¡qué cantidad! No es que fueran molestos, pero sí me llamó la atención. ¡Menos mal que veníamos bien vacunaditos desde casa!

Después de hartarnos bien de pasear por ella, había llegado el momento de despedirnos de ella, de probar el tobogán. Y no defraudó. No más terminar quería montarme de nuevo como si fuera un niño pequeño. ¡Fue divertidísimo! El trayecto era muy completo, con curvas, botes, puentes, etc. Estos nos recordaban al programa de la televisión nipona El Castillo de Takesi ("Humor Amarillo", como lo bautizaron en la traducción española) en la parte de los "Cañones de Nakasone", jajaja. Además el trazado era largo, casi de 10 minutos de bajada continua. En resumen, una risas y muy recomendable.

Y con todas estas vivencias nos metimos en la furgoneta de vuelta al hostal donde la siesta de rigor cayó fácilmente con el esfuerzo realizado. Los días en Pekín llegaban a su fin. El tiempo restante del día lo dedicamos cada uno a lo suyo, ya sea a comprar algún recuerdo para la familia, ya sea para terminar de hacer la mochila puesto que a la mañana siguiente cogíamos nuestro primer tren del transmongoliano.

Tips:

No desperdiceis la oportunidad de descender de este tramo en el tobogán. Es realmente divertido y entra dentro del precio de la entrada a la Muralla (pagas por el telesilla, pero en vez de bajar en él, bajas por el tobogán). ¡Atención porque se coge velocidad! Pero eso entra dentro de cómo cada uno gobierne el carrito.

En Pekín, China


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Últimos comentarios

andreavera dice:
muy buena experiencia y super entretenido tu diario..... ojalá y en algun momento pueda visitar estos países que suenan tan enigmáticos
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nanoinca dice:
Necesito un viaje así!!!!
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mirnoca dice:
El tobogan era casi como una montaña rusa!!!! me muero....o no
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mirnoca dice:
Muy entrete tu diario.Un gran abrazo desde Chile y fecitaciones por este hermoso viaje.
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Tafuri dice:
Wenisimo!!
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buvar dice:
Buenisimo el relato lo guardaré para cuanvaya hacer el mismo recorrido que hiciste tu.
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Plano del tramo de muralla en Mutianyu

   

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