Basilea es una ciudad que, a pesar de los desafortunados acontecimientos del principio, me agradó en seguida. Casi no salí, por miedo, los primeros días, pero cuando lo hice, en seguida se ganó mi alma con sus callecitas límpias y coloridas, la gente amable y políglota (todos hablan al menos 3 idiomas), el majestuoso Rhin... Es muy festiva y muy organizada, cuando llegas a la Casa de la Ciudad, con su fachada roja y torrecitas puntiagudas, te sientes como si has caído en un cuento, y que de pronto te va a salir un nomo o duende, o algun ada te tocará el hombro ligeramente...
En el libro de visitas puse que mi sueño ya se había cumplido: ¡estaba en un lugar soñado!
Basilea tiene la universidad más antígua de Suiza:
Erasmo,
Paracelso,
Daniel Bernoulli,
Jacob Burckhardt,
Leonhard Euler,
Friedrich Nietzsche,
Eugen Huber,
Tadeus Reichstein,
Werner Arber y
Carl Jung son algunos de los nombres asociados a esta universidad.
Al final lamenté haber sido tan cobarde y perder la oportunidad de conocerla mejor.
Además de Basilea y Sankt Moritz, visitamos otros lugares: un día fuimos a cenar a Zurich en un increíble restaurante suizo y comimos esas famosas Würst... cualquiera es deliciosa!!! En El lago Lucerna me admiré de la limpieza del lago, que hasta su agua se usa para lavar las manos y de la belleza de las montañas... La ciudad es muy musical, hay muchas escuelas y tiendas de música y hasta el decorado de las casas tiene ese tema. Supongo que es el legado del gran Wagner que compuso la mayoría de sus famosas obras en su refugio en Tribschen, en Lucerna...
En Oberhofen (Interlaken), ciudad natal de Brigitte me impresionó el famoso trío de montañas: Eiger, Mönch y Jungfrau. Finalmente, hicimos una visita relámpago a Berna: la nevada era increíble, me encantó llenarme de nieve, hasta me quité la gorra, para sentirla. Mientras esperábamos una hora a que sonara el famoso reloj cantor, fuimos a ver la fosa de los osos. La fosa estaba ahí, pero los osos prefirieron resguardarse de la nevada, así que no los vi. ¡Lástima! Después de tomar una cena ligera fuimos a ver el reloj cantor. Al día siguiente me despedí de Suiza.