¡Por fin! ¡Llegamos a la Antártida! Era nuestro primer día en la Antártida y qué día. Teníamos que desembarcar a las 9 y allí estábamos, en la cubierta, esperando a que Bea viniese con la zodiac a recogernos.
Puerto Neko es una cala preciosa, muy pequeña, donde hay también una colonia de pingüinos papua. La playa es pequeñísima y justo enfrente, a unos metros, hay un glaciar espectacular. Así que Bea no nos permitió bajar a la playa porque era peligroso. Nos explicó que en caso de que cayese un trozo de hielo del glaciar, la ola que provocaría llegaría a la playa en cuestión de segundos y, por muy rápido que fuéramos, nos arrastraría seguro al mar. Así que, la playa estaba fuera de límites jeje.
Cuando regresábamos al barco, ¡sorpresa! Dos ballenas Fin, una madre y una cría. Ese también fue un momento precioso. La madre enseñaba a la cría a respirar. Se acercaron tranquilamente a las lanchas, sin miedo. Se dejaron observar y fotografiar durante más de una hora. Despertaban una ternura inmensa.
Por la tarde llegamos a Bahía Paraíso, uno de los rincones de mayor belleza de la Antártida. El sol lucía en el cielo, que era de un azul intenso. El hielo era blanco, completamente blanco. Los glaciares parecían merengues. Las focas yacían pacíficamente en los bloques de hielo. Vimos una foca leopardo, una de Weddell y una cangrejera. Tuvimos una suerte magnífica. Dimos un paseo de 3 horas con las lanchas. La bahía era un remanso de paz. El agua era un espejo donde se reflejaban los picos nevados del alrededor. Y al final del fiordo, la Base argentina Almirante Brown. ¡Qué estampa! ¡Una foto de postal!