Bariloche y el sur de Chile: nuestra ultima aventura de a dos

Escribe: yamila_maga
Diseñamos este viaje con toda la emoción de saber que era el ultimo que haríamos de a dos. Con un embarazo de 7 meses algunos trekkings fueron dejados de lado, pero igual nos embarcamos en varias aventuras maravillosas!

 

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Día 9: De vuelta en Bariloche, circuito Chico y Cerro Otto

Bariloche, Argentina — domingo, 10 de febrero de 2013

A las 9 de la mañana nos vinieron a buscar para hacer la excursión de Circuito Chico, la que habíamos contratado en los días previos en Bariloche.

La primera parada de la misma es el Cerro Campanario, pero como nosotros ya habíamos estado allí y lo habíamos recorrido lo suficiente, le preguntamos al guía si había algo mas para ver por allí. Nos guio hacia una Laguna que estaba a unos 500mtrs más adelante, desviando en el camino. Llegamos así a la Laguna El Trébol.

Muy lindo lugar, súper abandonado también. Hay un gran hotel que tiene todas las marcas de un gran incendio, por lo que solo queda el esqueleto y algunas paredes. El muellecito que entra en el lago posee los signos del paso del tiempo y del abandono.

Fue interesante conocer un lugar distinto, muy pintoresco y lindo, y sobre todo, lleno de paz.

Media hora después, nos pasó a buscar el guía en la camioneta. Seguimos camino hacia el Punto Panorámico, donde realmente se puede obtener bellas fotos y muy buena vista. Distinta de la del Campanario, pero indispensable.

El camino siguió hasta que llegamos al mini rio (literalmente, tiene pocos metros, ni media cuadra) que une al Lago Nahuel Huapi y al Lago Moreno. Allí hicimos una parada pequeña y continuamos.

Pasamos pro la zona del Cerro López, donde pudimos ver que hay innumerable cantidad de senderos de trekking para recorrer la zona. Apuntamos mentalmente este lugar para volver a visitarlo alguna vez, ya que los paisajes y la aventura parecían valer la pena.

Llegamos entonces a la zona del Hotel Llao Llao y puerto Pañuelo. El guía nos llevó a la mejor vista del hotel, definitivamente. Y es un gran dato, porque si uno va por su cuenta, nunca imaginaria que desde allí se ve tan pero tan bien. El punto panorámico del hotel se obtiene desde la Capilla que está frente al puerto, encima de una colina muy pequeña. La postal desde allí es inmejorable.

Esa fue la última parada de la excursión, así que emprendimos el regreso. Le pedimos al guia que nos deje en el centro porque queríamos comprar las entradas al Cerro Otto.

Todavía el reloj no marcaba las 12.30hs. Pasamos por el puesto del Cerro Otto qué está sobre la calle principal, Mitre, y compramos los tickets que incluyen el traslado al Cerro en micros que poseen horarios fijos y seguidos para ir y volver. Todo el paquete cuesta 110 pesos por persona.

Queríamos comer pastas, así que terminamos en un restaurant sobre Mitre que confirmó nuestra percepción de buen lugar para comer. Lingüini es un gran restaurant de pastas, altamente recomendada sus pastas con salsa de crema y trucha. Una delicia.

Aprovechamos el tiempo y luego de comer fuimos hasta la Catedral y después paseamos por la costanera.

Regresamos al hotel para darnos un baño y luego sí fuimos a la parada del micro para ir hasta el Cerro Otto.

El día se presentaba rarísimo, por momento parecía que iba a hacer frio, por momentos hacía mucho calor. Salimos del hotel con sol, así que fuimos un poco desabrigados a esperar el micro. Mientras estábamos allí, comenzó a llover, y ya cuando tomamos el micro, a las 16.30hs, el fresco estaba comenzando a hacerse frio lentamente.

El teleférico es un pequeño habitáculo en el que se ingresa de a 4 personas, por lo que te toca viajar con gente que no conoces si sos,  como nosotros, una pareja.

A medida que íbamos subiendo, veíamos como las nubes comenzaban a tapar peligrosamente todo el cielo.

Tamaña sorpresa nos llevamos cuando observamos que la punta del Cerro estaba envuelta en nubes, así que no había ninguna vista posible, solo densas nubes grises por todos lados. Para completar, comenzó a hacer muchísimo frio, con un viento que te helaba todo el cuerpo.

No tenía sentido estar allí, así que decidimos hacer algo de tiempo en la confitería giratoria mientras rogábamos que se despejara un poco.

Pasamos primero por una curiosa sala en donde se exponen algunas réplicas de Da Vinci, nunca entendimos el sentido de esa exposición allí.

En la confitería merendamos, mirando fijo el cielo y sus nubes. La verdad que deberían resolver la mala limpieza del lugar, que si encima le agregamos que los precios son bastante altos, uno se queda con la idea de que no es un buen lugar para estar.

Luego de una hora aproximadamente, comenzó a despejarse. Eran las 17.30hs, así que salimos rápidamente a los caminos que cerraban a las 18hs.

Si bien no había nubes y se podía obtener una buena vista desde todos los ángulos, el frio era súper intenso y encima nosotros estábamos en short y abrigo muy finito.

Pero todo valía la buena vista, así que tomamos muy buenas fotos aguantándonos el tembleque del frio en el cuerpo.

No hay mapas ni indicadores en los senderos, pero de todas formas no nos alejamos demasiado, ya que a las 18hs comenzaron los empleados del lugar a desalojar los senderos para poder cerrarlos.

Fuimos a la terraza que aun no cerraba, y desde allí tomamos más fotos. Era increíble ver semejantes paisajes y pensar que hacia una hora allí no se veía más que nubes grises.

Aprovechamos a full cada minuto y siendo más de las 18:30hs, bajamos con casi el ultimo teleférico (ya estaban los empleados del lugar listos para bajar también)

Tomamos el micro que tardo unos minutos en llegar (el ultimo está combinado con el horario como para trasladar a los que bajen en el final del día del Cerro).

Volvimos al hostel y ya la cena fue temprana, ya que al día siguiente comenzábamos muy temprano nuestra última jornada en Bariloche. 



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