¡Bariloche por fín!

Escribe: daniel523
Uno de nuestros sueños de viajeros era poder conocer por lo menos algo del Sur de Argentina, pero nunca se nos había dado la oportunidad. En el año 2008, finalmente, las circunstancias nos permitieron realizar este viaje soñado. Quedamos realmente pasmados con la grandiosidad de los paisajes, encantados con su gente... y con la sensación de haber conocido menos del 1% de lo que nos ofrece esta zona maravillosa!!Vaya dedicado este diario a Charly Poa, que me alentó a hacerlo.

 

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Circuito Chico y Cerro Catedral

Bariloche, Argentina — viernes, 18 de enero de 2008

El 18 de enero nos pasó a buscar el micro por el hotel para nuestro primer paseo: Circuito Chico  por la mañana y Cerro Catedral después del mediodía.

Luego de recorrer varios hoteles levantando al resto de la gente, emprendimos el viaje, saliendo del centro y tomando la Avda. Bustillo, que en su mayor parte va bordeando el Lago Nahuel Huapi, recorrido hermoso, poblado de vegetación natural mezclada con los jardines floridos de las residencias y posadas allí ubicadas,  en el que se van abriendo panoramas espectaculares del lago.

A poco de partir podemos divisar la Isla Huemul, donde en 1948, en época de la Presidencia del General Juan Domingo Perón, se instaló un centro de investigación sobre energía nuclear que en su momento dio mucho que hablar, hasta que en 1952 fue definitivamente cerrado, quedando hoy sólo los restos de los enormes edificios construidos para dicho proyecto.

Cuando llegamos a la falda del Cerro Campanario nos encontramos con una cola enorme para acceder a las aerosillas que llevan a su cúspide, por lo que la guía decidió que siguiéramos y visitáramos primero un comercio que se dedica a la elaboración de productos a partir de la rosa mosqueta: te, mermeladas, etc.

Hago un paréntesis para comentar que esta flor, aunque hoy prácticamente es un símbolo de Bariloche y la encontramos por todas partes, en realidad es exótica, introducida por los primeros inmigrantes europeos que poblaron esta zona. Hoy la rosa mosqueta se puede considerar una plaga, ya que encontró terreno muy fértil para su desarrollo y ha contaminado todos los bosques nativos de manera incontenible.

La que sí es una flor autóctona  es la del Amancay, que también es muy abundante, acompañándonos casi siempre en nuestros recorridos, con su color amarillo anaranjado salpicado de rojo, que ha generado una de las leyendas más bonitas de esta región:

 
Se cuenta en que la zona del Ten-Ten Mahuida (Cerro Tronador) habitaba la tribu Vuriloche, nombre que por deformación daría origen a Bariloche. El hijo del cacique de la tribu, de nombre Quintral, estaba enamorado de Amancay, quien le correspondía, pero en razón de su origen humilde sabía que no podrían llegar a nada.

Un día una epidemia de una extraña enfermedad se abatió sobre la tribu afectando también a Quintral, quien en medio de su delirio sólo pronunciaba el nombre de Amancay. Ésta  consultó con una Machi (curandera) para que la ayudara a encontrar una cura para su amado. La anciana le dijo que la única forma de salvar a Quintral era con una infusión de una flor amarilla que sólo crecía en la cumbre del Ten-Ten Mahuida, por lo que Amancay inmediatamente fue en su busca. Así llegó a la cumbre de la montaña donde encontró la bella flor, pero una vez que la arrancó, un cóndor, guardián de los dioses, descendió junto a ella recriminándole el que hubiera arrancado la flor que pertenecía a los dioses.

Brotando lágrimas de sus ojos Amancay le explicó la razón por la cual había actuado así, por lo que el cóndor le propuso entregarle la flor a cambio de que ella le diera su corazón. Amancay no tuvo dudas... de cualquier manera, de qué le serviría su corazón si no tendría a nadie a quien amar?

El cóndor con su potente pico le abrió el pecho en busca del corazón, mientras ella pronunciaba por última vez el nombre de su amado Quintral. El cóndor, conmovido, con delicadeza tomó el corazón con una garra y la flor amarilla con la otra para volar hacia la morada de los dioses, sin darse cuenta que gotas de la sangre de Amancay salpicaban no sólo el camino sino también la flor. Una vez en su destino pidió para llevar la cura a Quintral y que el sacrificio de la joven no fuera olvidado.

Ambas cosas fueron concedidas: Quintral fue curado y de cada gota de sangre que cayó en los valles y las montañas nació una bella flor amarilla con gotas rojas.

Desde ese día, quien regala una flor de Amancay entrega su corazón!!

 
Volviendo a la visita al comercio de rosa mosqueta, la verdad es que el te no me gustó para nada, pero dicen que tiene muchas propiedades medicinales.

Después de un rato volvimos al Cerro Campanario, donde nos encontramos con que la cola para las aerosillas seguía bastante grande... Así que paciencia y tomar quina la mejor medicina!!! A esperar!! Mientras el tiempo corría pasaron unas personas vendiendo guindas que, aunque un poco caras, estaban buenísimas!!!

Por fin nos llegó el turno de subir y venciendo el vértigo, que a la vejez viruela tengo, lo hicimos. Vale la pena todo para apreciar el paisaje desde allí arriba, muy difícil de describir con palabras: desde cualquier lugar que miráramos los panoramas eran bellísimos, sumado a que tuvimos la suerte que prácticamente todos los días nos tocaron despejados, lo que nos permitía visibilidad ilimitada: lagos (Nahuel Huapi, López, etc.), cerros (Otto, López, etc.) con picos nevados y mucho verde, característico de esta estación. También pudimos apreciar la característica estructura del complejo Llao Llao.

La bajada en la aerosilla tiene el plus de ver a nuestro frente al Lago Nahuel Huapi en todo su esplendor.

De aquí nos dirigimos hacia un mirador natural, cercano a Colonia Suiza, que brinda otra vista hermosísima de toda la zona. Nos sacamos unas fotos y partimos con rumbo al Cerro Catedral, llamado así por una serie de picos en forma de aguja que semejan las torres de una catedral gótica.

 La época de más movimiento en este cerro es el invierno, ya que está considerado uno de los centros de deportes de invierno más importantes del mundo, con infinidad de pistas de ski y medios de elevación de última generación.

En lo particular, que amo la naturaleza, no comparto que para la creación del complejo se haya efectuado el desmonte de toda la ladera, dejándolo prácticamente pelado como se ve en las fotos (probablemente en invierno, con la nieve se disimule algo), contrastando con la mayoría de los demás cerros cubiertos de árboles. Para completar el panorama este sufrido cerro soportó hace algunos años uno de los peores incendios forestales de la Patagonia, habiéndose quemado la mayor parte de los bosques que tenía sobre la ladera que da al Lago Gutiérrez (el incendio finalmente fue apagado por la propia naturaleza con copiosas lluvias, aunque su inicio no fue nada natural!!).

En verano hay pocas instalaciones en funcionamiento: algunos comercios de venta de chocolate... cuando no!!, algunos restaurantes así como puestos de comida rápida. También en medios de elevación está reducido a un mínimo que permita la ascensión hasta el Refugio Lynch, a unos 2000 metros de altura. Así que... una vez más a combatir el vértigo, porque ir hasta ahí para quedarse abajo no tiene sentido, lo mejor está arriba y para llegar hay que utilizar dos tipos de sillas, un tramo con sillas con capacidad para 4 apersonas con una especie de parabrisas rebatible, que llegaban hasta ¾ partes de la ladera y el resto en aerosillas con capacidad para 2 personas.

Indudablemente lo más disfrutable de este paseo, fue para mí el panorama que pude apreciar de esta altura, destacándose la majestuosidad de la Cordillera de los Andes pudiéndose ver entre las montañas dos volcanes que están en el lado de Chile: el Puntiagudo y el Osorno.

Existe, además del refugio, buena cartelería, incluyéndose una foto panorámica de la cordillera con los nombres de los lugares más destacados que podemos avistar desde este punto.

Luego de un rato, en el que muy difícilmente pudimos absorber toda la grandeza que nos brindaban la cordillera, los ríos y lagos, volvimos al hotel para cenar y acostarnos tempranito, ya que al otro día, también muy temprano en la mañana, tendríamos la excursión terrestre más larga de nuestras vacaciones: Siete Lagos... lo mejor estaba por empezar!!!


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