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Al encuentro de Chiloé
Escribe: noritacecilia
Todo viaje nos cambia, nos renueva. Y Chiloé (esa tierra mítica...), es un ámbito que lleva a la reflexión y la meditación, los paisajes te llenan y te llegan hasta el alma...
Este diario trata de los días hermosos que pasé en Chiloé y en los alrededores del Lago Llanquihue, de los lugares que visité y las personas que encontré en el camino.
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Bariloche, 11 años después
Bariloche, Argentina — miércoles, 6 de enero de 2010
Cuando desperté nuevamente, estábamos frente al Embalse Ramos Mexía, y desde allí, entre cabeceos (porque ya era de día) anduve viendo en las mesetas las capas de basalto resistentes a la erosión y todas esas cosas que miramos los profesores de geografía.
Para el desayuno, ¡qué espectáculo! Tomar mi mate cocido con la vista del Lanín a un lado y el embalse Piedra del Águila del otro, en un día tan despejado que todo se veía nítido.
Mientras tanto, hablábamos con Adriana, mi compañera, de los planes futuros; cuando le conté los míos se entusiasmó, así que decidimos visitar Bariloche y luego hacer al menos una parte del viaje juntas pasando a Chile para recorrer juntas la zona del Lago Llanquihue y Puerto Montt, y luego yo iba a pasar sola a Chiloé.
Recién llegada llamé a Laly, mi contacto, la amiga de un amigo, que me indicó cómo llegar. Me tomé los dos colectivos y llegué para almorzar, así que cocinamos, disfrutamos la vista del lago, conversamos, y luego le mandé un mensaje a Adriana.
Nos encontramos al pie del Cerro Otto, y subimos en el telesférico. Desde arriba se veía que del lado de Chile había muchas nubes, y empecé a preguntarme cómo estaría el tiempo por esos lados. En Bariloche el sol era pleno y los cerros estaban muy nevados; según me dijeron, por las noches nieva casi todos los días, tanto que en el Cerro Catedral están haciendo culipatín. Nos tomamos un café con torta en la confitería giratoria, dimos unas buenas vueltas y nos fuimos para el centro, donde nos separamos hasta el día siguiente.
Caminé por el Centro Cívico; fui a la oficina de turismo, donde me dieron mapas de la ciudad y sus alrededores y el horario de los colectivos locales, me senté un rato al borde del lago, hice algunas compras (infaltable la yerba para llevar a Chile!!) y me volví. Laly ya había llegado y nos hicimos una picada con una cerveza para seguir conversando.
Después de 11 años de no visitar Bariloche, lo noté cambiado. Sobre todo sentí que hay mucha gente, DEMASIADA gente por todos lados!! Por un lado, dicen que este año hay mucho turismo ante la sequía en Córdoba; por otro lado, me decían que en los últimos 10 años la ciudad duplicó su población. Sea por lo que sea, el tránsito era intenso y por todos lados había mucha gente... Bariloche se convirtió en una flor de ciudad!! Pero sigue conservando ese encanto especial que la hace única y que redescubrí desde el cerro Otto: los valles amplios, los cerros nevados, el gran lago azul con sus brazos, penínsulas e islas... Y como no puedo con mi genio, en todo ello veía la impronta de la acción glaciar y me sentía aún más fascinada de poder leer las huellas del paisaje!!
Sin duda que había empezado el camino con el pie derecho: la estaba pasando muy bien y no estaba sola.
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publicado el 31 de enero a las 20.22
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