A los pocos días de estar en Eslovaquia me llevaron a una excursión por el Noroeste de Eslovaquia. En un recorrido rápido pudimos ver iglesias católicas, protestantes, ortodoxas y greco-católicas.
Las más pintorescas eran patrimonio de la humanidad, estaban hechas todas en madera como las que hay en Noruega. ¿La particularidad? Estaban todas construidas sin clavos por ser ése el símbolo del martirio de Cristo. Algo que nos pareció cómico cuando las recorríamos es que tras el altar colgaba una sotana de un clavo en una madera. Me imaginé a un carpintero del siglo XVI maldiciendo en eslavo antiguo.
Otra cosa extraña es que todas las iglesias de madera que visitábamos estaban atendidas por ancianitas que nos ponían música, nos vendían postales y nos hacían el tour.
También de pasada visitamos Bardejov, que tiene una basílica muy linda y un museo de los burgueses alemanes en su hermosa plaza central.
De vuelta pasamos por el memorial de Dukla, que recuerda a los soldados checoslovacos y soviéticos caídos en la segunda guerra mundial. Es impresionante cómo cuando uno está por llegar a lo que sería la frontera con Polonia aparecen dos tanques, uno soviético encima de un Panzer nazi que conforman un monumento.
Digno de visitarse y para nada caro. Se hace en un día. Quizá sería interesante como sugerencia cruzar por Svidnik hacia Cracovia, Polonia, algo que no pude hacer porque me detuve a probar el bryndzove halussky (como unos ñoquis con queso de cabra) y pirohy (como unos ravioles pequeños).