Relatos de viajes para recordar

Escribe: leonardo-gutierrez
Está página está pensada para compartir experiencias de viajes. No importa cual sea el destino ni el tiempo que dure el viaje, la idea es compartir pequeñas y grandes vivencias de los lugares visitados, sitios recorridos y personas que has conocido. Siempre hay algo importante que recordar. !Buen viaje y buenas notas¡

 

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Bogotá-Barcelona, C-Turista

Barcelona, España — jueves, 24 de junio de 2010

Bogotá-Barcelona.  C-Turista

Luego de una intensa búsqueda por internet, que duró un par de semanas,  encontré  una agencia de turismo que me garantizaba trasladarme desde Bogotá a Barcelona por un precio que se ajustaba a mi presupuesto. Por el precio del pasaje, la información que recibí fue escasa y, por lo mismo, no se me permitió formular muchas preguntas. Así que no pude enterarme a qué hora llegaría a Barcelona, ni tampoco hacer reparos sobre la llegada o el estado de mi equipaje, compuesto por un par de maletas.

 El viaje se realizaría en tres aerolíneas diferentes con escalas en Caracas y París. El primer tramo, Bogotá-Caracas se hizo en el vuelo 080 de Avianca – y no tuvo contratiempos. Al llegar al aeropuerto internacional Simón Bolívar, en Maiquetía, debido a una congestión, tuve que esperar en la pista cerca de dos horas y media y, luego, cuarenta minutos más en tierra, entes de abordar el avión de Air France que me llevaría a París.

El aeropuerto de Maiquetía, carece de una adecuada señalización, lo que dificulta encontrar el punto hacia donde uno se dirige, ya que se llega a base de preguntar. Esto no ayuda mucho, pero te acerca a los pocos que transitan por allí.  El caso es que son muy pocas las personas dispuestas a responderle a uno por temor a ser confundido con cualquier otro de un bando político diferente. La tensión por el poder es alta, y acusaciones y sospechas van y vienen por cualquier cosa. Es tal la tensión  que muchos en el aeropuerto simulan ser sordomudos. Un extenso corredor, de cerca de doscientos metros de largo, sin ninguna señal que informe en donde se está y hacia  dónde se va, y sin nadie más transitando por el lugar, excepto una aseadora y yo, es una experiencia que no se le aconsejo a nadie. Quisiera llegar rápido a donde me indicaron, pero no puedo. El temor apenas me deja avanzar. La aseadora nota mi estado y se me acerca. Solo me dice que la tristeza que se respira por aquí se debe a la tragedia de celos ocurrida en este pasillo, ocurrida hace algunas semanas entre un piloto boliviano pasado de tragos de nombre Raúl Morales  y Carmelita Nieto, una azafata mexicana.  Luego la aseadora desaparece sin que yo me percate por dónde lo hizo.

Una vez termino el recorrido,  busco donde sentarme y esperar la llamada del abordaje. Hay un único asiento desocupado, está en mal estado. Alguien me dice que esa silla las quebró un señor de apellido Capriles, opositor del gobierno, un día  que no encontró papel higiénico en uno de los baños al que entró para hacer una necesidad y enfurecido, salió del baño con los pantalones bajos y partió la silla en señal de protesta. Agregó que las autoridades lo condenaron a que la pagar, pero hasta la fecha no lo ha hecho. 

El retraso del vuelo de Air France que nos llevaría a París, sacó de casillas a toda la tripulación, así que, cuando abordamos este vuelo, la amabilidad acostumbrada en estos vuelos, había desaparecido totalmente y, en su lugar, encontramos a una tripulación que, con la cabeza baja apenas miraban y saludaban a quienes subían y para empeorar las cosas nos alarmaron diciendo que el vuelo se realizaría en medio de una tempestad que precisamente había comenzado momentos en la mitad del océano. Estos lo informaron un minuto antes de partir.

El aeropuerto Charles de Gaulle, París, Fr. 

Todo lo contrario al Simón Bolívar de Maiquetía,  es el aeropuerto Charles de Gaulle,  de París. En este lugar, por el exceso de información existente en todos los lugares, se llega a cualquier lugar, siguiendo una completa y visible red de señales, por lo que el viajero, escasamente tiene la necesidad de preguntar. Esto lo aísla a uno de la inmensa multitud de personas que transitan de prisa en todas direcciones con sus abultados bolsillos y con cara de preocupación.

El moderno edificio dispone de todas las comodidades y ayudas posibles al viajero a todo lo largo y ancho de sus amplios y atiborrados corredores por los que transitan apresurados  gentes de todo el mundo. Una chica de la Asociación de Sordomudos de Francia nos espera amable a la salida del aeropuerto, con una  sonrisa adornada con una envidiable dentadura y tendiendo una bien decorada caja con la que espera le hagamos una generosa contribución. Era la primera “vacuna” que dos tercermundistas como nosotros “pagaban en suelo europeo, pero con esa amable sonrisa como como la que nos regaló la chica sordomuda francesa y lejos de la amenazante carta de expropiación del apartamento, como la que nos hicieron llegar los alcaldes Petro y, tiempo después, Peñaloza, si no pagábamos a tiempo el predial, nos sentimos  sobradamente compensados. De paso, es conveniente aclarar que nada tiene que ver la joven sordomuda francesa con el sistema financiero internacional, ni con la economía mundial ni con la política exterior del gobierno francés. El orden, el aseo, la señalización y la atención dispensada en el CDG, distan mucho de lo visto en los aeropuertos Simón Bolívar, de Caracas y de El Dorado, de Bogotá en los tiempos en que las mafias de narcotraficantes, bajo la mirada complaciente de las autoridades, se paseaban tranquilamente por los corredores del aeropuerto en busca de alguien que les hiciera el favor de llevarle un “encarguito” a un familiar urgido del mismo en otro país.

Vuelo París-Barcelona

El viaje París-Barcelona, se hizo sin contratiempo alguno. La llegada a Barcelona fue el día 24 de junio de un año que no recuerdo a las 14 y 35 minutos, tal como estaba previsto, por el capitán del vuelo de Air France AF 1648.

El nuevo aeropuerto de Barcelona (El Prat) sorprende también por su modernidad y está casi a la misma altura de cualquier otro aeropuerto de talla mundial, en todos los órdenes, pero en contraste con el CDG, el Prat maneja con más mucho más celeridad y comodidad los miles de personas que llegan. Aquí, las personas se movilizan de un lugar a otro en medio de la mayor amplitud y la llegada a la zona de equipaje se hace con mucha mayor facilidad y rapidez.

Sin ningún contratiempo se llega a las muchas correas transportadoras de equipajes. Llegar a ellas no es problema y localizar la ruta. El mayor problema presentado es  que a estas alturas usted ya olvidó por completo que ha viajado en clase económica, esa que las empresas llaman eufemísticamente C-Turista, en la que usted no tuvo la oportunidad de hacer preguntas y en la que no está seguro si su equipaje llegará. Entre desilusionado y preocupado por la falta del equipaje, la salida se vuelve difícil de encontrar, pero las caras desbordantes de un hijo y de dos nietos españoles, Mateo y Daniela, nos hacen olvidar el problema.  La afabilidad de Josep, un viejo amigo barcelonés de pura cepa, quien me ha prometido acompañarnos a recorrer la ciudad y hablarnos de ella, nos  llena de alegría. Eso nos hace olvidar por un momento el percance ocurrido del equipaje, aunque estamos confiados en que algún día aparecerán y nos serán devueltas, luego de que la hayan revisado por completo en busca de algo prohibido. Ojalá sea así.

La amplia Ronda De Dalt que une al aeropuerto con el nudo de la Trinidad, situado a la pura entrada de Barcelona es excepcional, refresca nuestras mentes y sirve de alivio a la preocupación de la pérdida del equipaje. Seguro que te lo enviarán a la casa, me dice Roberto. Ojalá sea así, pienso. 


Sabadell, Cataluña, 2011


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