La Ruta de las Cascadas

Escribe: chino_salas
Baños es una ciudad situada a 1800msnm, por lo que el clima es paradisíaco. Se encuentra en el nacimiento de la selva, pero por su altitud no es ni tan caliente ni tan húmeda como el mar verde...

 

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Capítulo 1

La Ruta de las Cascadas

Baños, Ecuador — viernes, 21 de septiembre de 2007

Baños es una ciudad situada a 1800msnm, por lo que el clima es paradisíaco. Se encuentra en el nacimiento de la selva, pero por su altitud no es ni tan caliente ni tan húmeda como el mar verde que se extiende a sus pies.

Esta ciudad cautiva a extranjeros y nacionales, y por eso decidimos ir ahí. Muy temprano nos reunimos en mi casa, pusimos las maletas en el carro y partimos. La mañana estaba despejada, por lo que pudimos observar todas las montañas que circundan Quito.

El Cotopaxi, los Ilinizas, el Pasochoa, el Corazón, el Antisana, el Sincholagua, todos se mostraban orgullosos, unos coronados por nieve, otros no. La primera parada fue en Latacunga, para desayunar las deliciosas allullas con queso de hoja. Todos deben probar este manjar tan típico de Latacunga.

Para los que no sepan lo que son: las allullas son una especie de bizcochos pero con forma redonda que se comen con el queso de hoja, que no es más que queso fresco pero envuelto en hoja de plátano, por lo que recibe un sabor particular que los vuelve deliciosos. Una vez quitados el hambre, seguimos hacia el sur.

El paisaje a lo largo de la ruta es encantador. La serranía ecuatoriana es siempre verde y fértil. Las parcelas de cultivos multicolores pintan las laderas y convierten el paisaje en un gran cuadro abstracto. Después de pasar Ambato y enrumbarnos hacia Baños, empezamos a descender de los Andes y llegamos al subtrópico, que se anuncia con plantas frondosas, orquídeas y cascadas por doquier.

Una vez en Baños encontramos el hotel que resultó bastante económico ($5 por persona). Después de instalados alquilamos las bicicletas para cumplir el objetivo principal del viaje, llegar a la estupenda cascada del Pailón del Diablo. Se encuentra a 18km de Baños y se llega a ella por la denominaba Ruta de las Cascadas. También se puede ir en bus, taxi, chiva o como se desee, pero sin duda la mejor manera de vivir el paisaje es ir en bici.

Ni bien habíamos salido de la ciudad nos cayó un aguacero que nos obligó a detenernos por una hora en un cobertizo al lado de la carretera. No era buena idea seguir en la lluvia, porque este recorrido se realiza por el borde de la carretera por donde pasan carros, y con una lluvia como esa se volvía más difícil que nos vean con claridad.

A pesar del aparente riesgo de ir por la carretera, es bastante seguro, ya que todos están acostumbrados a ver ciclistas por ahí y además la vía es bastante ancha. Una vez escampó, seguimos nuestro camino y llegamos a la presa hidroeléctrica Agoyán. Son impresionantes los paredones de concreto que represan el agua y las inmensas compuertas que la dejan pasar. Pero la modernidad siempre tiene su precio, y la que era una de las cascadas más hermosas del Ecuador, Agoyán, no pasa de ser una pequeña caída de agua porque le cortaron su fuente abastecedora. Pero no todo es negativo, y más abajo encontré un puesto de frutas de esos que son tan típicos en las carreteras de mi país.

Asombrosamente encontré limas, que me encantan pero que casi no se consiguen. Las compré sin pensar en las molestias que me podrían causar, y en efecto me causaron. Más adelante, en plena bajada, la funda donde llevaba las limas se rompió, por lo que mis preciadas frutas rodaron por toda la carretera. Por suerte no pasó ningún carro que las aplaste. Tocó improvisar como llevarlas, así que utilicé mi casco como canasta, ¡hay que arreglárselas en la vida!

El camino sigue bajando, y las vistas son cada vez mejores. Al lado del camino hay un profundo precipicio con un río al fondo. Al frente en las montañas se aprecian como rayos las cascadas menores que nutren el río que corre debajo.

La carretera por la que se hace este recorrido fue renovada hace poco, ya que el camino viejo era realmente malo y era toda una aventura ir por ahí. Se construyeron túneles, por los que las bicicletas no pueden entrar. En estos puntos los ciclistas utilizamos el camino viejo, y por eso es la mejor parte del viaje. Las cascadas no están solo al otro lado del precipicio, algunas están de nuestro lado también, es más ¡hay algunas que caen encima de nuestras cabezas!

Es hermoso y refrescante pasar por debajo de estos chorros de agua que golpean con fuerza nuestro cuerpo pero que no hacen daño. En un día de sol seguro que es revitalizador meterse bajo esas duchas naturales. Luego se llega a la cascada Manto de la Novia, que es realmente grande y hermosa. Hay senderos para bajar hasta donde cae el agua, pero no teníamos mucho tiempo y ya todos lo habíamos hecho alguna vez, así que no bajamos.

Lo que sí hicimos y es realmente recomendable es cruzar la quebrada por la tarabita más larga del Ecuador. Tiene 500m de largo y se alza a 100m del nivel del río que nos acompaña desde la presa de Agoyán. Las tarabitas son más o menos como teleféricos, pero que en vez de ser usadas para llegar a un punto elevado se las usa para cruzar ríos o quebradas.

El viaje de regreso es mejor aún que el de ida, ya que la tarabita pasa justo por encima del cauce del río que se precipita hacia el vacío, y al ver hacia abajo uno se siente como parte de ese río y se crea un vacío en el estómago. Embarcados de vuelta en nuestras bicicletas seguimos el viaje y al ratito llegamos al pueblo de Río Verde, la entrada a nuestro destino final, el Pailón del Diablo.

Bajamos un sendero y en 10 minutos estuvimos en el Pailón. El ruido del agua en ensordecedor y el agua tan blanca cae y se mezcla con un río achocolatado por la tierra de las orillas que baña. La roca inmensa parecería que va a ceder ante la fuerza del agua que cae.

El Pailón del Diablo ha mantenido su esplendor a pesar de los proyectos hidroeléctricos que lo amenazan, y es un lugar que cualquier persona que visite el Ecuador debe ver. No es una cascada muy grande, pero es hermosa y caudalosa como ella sola. Subir el sendero puede ser muy penoso después de bajar todo ese trecho en bicicleta, pero increíblemente lo hicimos en exactamente el mismo tiempo que la bajada. Subimos como autómatas, de un solo tirón.

Una vez arriba descansamos un rato y salimos hacia la carretera para coger un bus que nos retorne a Baños. Se pueden contratar camionetas en el pueblo, pero cuesta más ($1,50 por persona) y se viaja en el cajón de la camioneta. En cambio en la carretera esperamos un bus que nos cobró $0,60 por persona y viajamos bien.

Estábamos exhaustos pero felices por nuestra aventura en bicicleta. Nos demoramos muchísimo tiempo ya que fuimos parando en todos los lugares que queríamos disfrutar, que fueron muchos. Esa noche con lo que nos quedaba de energía cenamos en la pizzería Napolitana, que es deliciosa. Recomiendo de verdad comer una pizza ahí. Además la ubicación es muy buena, ya que está a una cuadra de la plaza central. Agotados nos metimos en un bar para ver el partido Ecuador Honduras que resultó tan malo que hasta me dormí en la mesa que estábamos.

Después de un día tan largo nuestro cuerpo pedía sueño a gritos, así que obedecimos y a dormir nos fuimos. Dormimos sin noción del tiempo y nos despertamos tarde al día siguiente. Paseamos un rato por Baños y después salimos de regreso a Quito. Los viajes de regreso nunca son tan buenos como los de ida, así que lo único verdaderamente digno de rescatar fue la comida.

En Salcedo los típicos helados, que tienen varias capas, de mora, de mango, de taxo, de coco... una delicia. Ya con hambre llegamos a Latacunga y, obviamente, a comer chugchucaras donde doña Rosita. Hay cientos de lugares para comer chugchucaras en Latacunga pero la mejor es donde doña Rosita. El local está en la carretera por la que se entra a la ciudad, y si alguien se pierde basta con preguntar donde quedan, porque la señora es un personaje en Latacunga. Las chugcucaras es un plato que viene con carne de chancho deliciosamente condimentada, plátano asado, maíz tostado, mote, empanaditas de queso, papas... en fin, son deliciosas y hay que probarlas.

Con eso concluyó nuestro viaje en el que aprovechamos la mayor ventaja que brinda el Ecuador, su pequeño tamaño pero su inmensa diversidad. No hacen falta semanas ni largos viajes para pasar de Quito, en la altura, a bañarse en una cascada en el subtrópico; eso vuelve maravilloso a mi país.


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