LLegada a Gambia
Banjul, Gambia — jueves, 9 de junio de 2011
LLEGADA A GAMBIA
En realidad, daba por hecho que se me habían acabado los grandes viajes en el 2010 después de estar en Bolivia durante casi un mes en la primavera de la que hice una crónica que está en “miviajeporbolivia.blogspot.com “ y después de un viaje en moto con mi chica por la Toscana Italiana en septiembre, pero no pude resistirme cuando mi amigo Sergio me dijo que tenía un viaje preparado para ir a Gambia y Senegal de unos quince días. Y si Sergio te dice que tiene un viaje interesante, hazme caso, acompáñale porque no tienen desperdicio.
Lo iba a hacer con David y José Luis, unos amigos con los que él había ido a Mauritania el año anterior y a los que yo no conocía. Me encontré con todos ellos en el aeropuerto de Barajas de donde partimos el 27-11-210 a Casablanca donde haríamos escala camino de Banjul. Ya nos iríamos conociendo.
Para empezar nos chupamos cinco horas de retraso en el transbordo en el aeropuerto de Casablanca que más tarde supimos se debió por el cierre del espacio aéreo de Guinea-Conakry por la violencia desatada ante la negativa a ceder el poder del presidente que había perdido las elecciones (Sekouba Konaté) a quien había de sucederle (Cellou Dakin Diallo). Es algo muy habitual en áfrica lo de no ceder el poder cuando lo pierdes, algo que interesa poco en Europa salvo que en el proceso haya matanzas de niños y mujeres en cuyo caso tiene unos minutos en el telediario.
Por fin llegamos a Banjul a eso de las cinco de la mañana y afortunadamente los trámites aduaneros fueron rápidos. No siempre es así , casi siempre hay gente que te trata de vender la moto a cambio de algo, un pseudo policía que te pide la cartilla internacional de vacunación u otro documento, alguien que pretende coger tu maleta y asegurarse unos dólares. Es algo normal, así son las aduanas en casi todos los países no occidentales… y más en África.
El caso es que salimos de allí con una visa para treinta días, mejor de lo previsto. Nos encontramos con Abdulay, quien nos llevaría a un hotel cercano a Banjul. Era propiedad de un español, del encantador y orondo Lorenzo Sanjuán, hablador por los cuatro costados, de fácil verbo y mil historias por contar y en cuanto te despistabas te las contaba. Nos cayó bien desde el primer momento y su disposición para hacérnoslo pasar bien y que la estancia fuera cómoda era infinita.
Llegamos a la mañana siguiente a un acuerdo rápido con Abdulay para que hiciera de guía. Hablaba español muy bien, era muy amable en el trato y teníamos por Internet muy buenas referencias de él. Teníamos la sensación de que tantear otros guías sería perder el tiempo.
Como datos diré que pactamos que el viaje por el rio Gambia desde Banjul a Georgetown en barca (pirogué lo llaman ellos) unos tres días y nos costaría 800 euros todo incluido y después 150 euros por día con un todo terreno (un Mitsubhisi, que no resultaría estar en muy buen estado), el guía-conductor y la gasolina incluida, de forma que la alimentación y pernoctación correrían de nuestra cuenta.
Quedamos en salir hacia Georgetown en la “pirogué”, sin mayor demora, a la mañana siguiente y dedicamos el día a pasear por Banjul y sus alrededores por donde dimos unas vueltas sin que nada, como ya esperábamos, nos llamara especialmente la atención. Se trata de una ciudad de no más de 50.000 habitantes sin ningún encanto especial.
Lo que de bueno hay en estos viajes es que siempre ocurre algo imprevisto y que de ninguna manera te podrías imaginar. Si el paseo por la ciudad no nos había proporcionado nada, se nos recompensó con el espectáculo de ver el baño de masas que se estaba dando el presidente del país.
Vimos cómo riadas de personas se dirigían hacia un estadio de deportes, apareciendo seguidamente a gran velocidad toda una comitiva de vehículos protegida por el ejército y sus ametralladoras que lucían , quizá, como aviso para la multitud. Era Yahya Jammeh el presidente de la nación, de la etnia “yola”, camino del estadio donde se celebraba una fiesta en honor de la mujer y que le servía de mitin electoral ante las inminentes elecciones del 2011. Es tanto el miedo que tienen los presidentes africanos que nadie sabe en realidad donde van.
La comitiva constaba de varios coches y entre ellos iban tres iguales de alta gama, en uno de ellos va el presidente y sólo al final del espectáculo aparece por la portezuela del techo de uno de los coches tirando regalos y bolsas de comida a la grada como si fueran los reyes magos. Es lo que se espera de él. Ese día alguien comerá un poco mejor.
Comimos en una playa de Serrekunda, capital oficiosa del país, más próxima al aeropuerto y a unos diez kilómetros de Banjul, una fritura de pescado en un restaurante de un canario de Las Palmas, instalándonos en una especie de terraza de madera elevada, prácticamente colgada sobre la playa, desde la que observábamos perfectamente el trasiego de la misma.
Esta zona es agradable y en ella se concentra casi todo el turismo que es muy poco. Podíamos ver la movida acerca del turismo sexual. Al contrario de lo habitual eran mujeres, del norte de Europa de acuerdo con la piel blanquísima que lucían, las que pululaban por la playa con negrazos que podían ser sus hijos e incluso sus nietos. Daba un poco grima. Según nos comentaba Abdulay, nuestro guía, lo de las turistas europeas disfrutando de los lugareños, se ha vuelto una imagen común en Gambia, país de los más pobres del mundo donde el 70% de su población está por debajo del umbral de la pobreza. Basta con ponerse un bikini, se tenga la edad que se tenga, para que segundos después aparezca a un costado un adonis negro dispuesto a satisfacer el más mínimo deseo a cambio de los correspondientes euros.
También había -como no- turismo sexual masculino. Tuvimos ocasión de ver una pareja formada por una veinteañera y guapísima gambiana y un más que cincuentón español de nombre Miguel, con cierto aspecto “apaletado” que se comunicaba con la chica por señas. Cuando supo de nosotros nos contó ,orgulloso de su hazaña, que era su “novia”, a cuyo hermano tenía contratado como conductor de un taxi que había comprado para su explotación, justificando así ante su familia de España sus viajes a Gambia.
Con toda probabilidad y así lo espero, en alguna de sus próximas “escapadas” a Banjul se encontrará con que el taxi habrá desaparecido y su “novia” también.
Como el destino es caprichoso cuando bajábamos de nuestra terraza camino del hotel, me encontré con Gildo, un viejo amigo de Fuerteventura y que aun sabiendo que estaba por esos países de ninguna manera imaginé encontrarme con él. Después de saludarnos nos emplazamos para, a la vuelta, comer en su casa con su familia.
Pasamos la tarde en Bikrama, pequeña población próxima a Serrekunda, en un mercado de artesanía para acabar en el hotel donde nos bebimos unas cervezas a la vez que oíamos las historias de Lorenzo y sus avatares. Asi supimos cómo había sido un infatigable trotamundos, disjokey , empresario, traficante de no sé qué materias y que después de vivir en Barcelona, Canarias, China y unos cuantos sitios más, recaló en Gambia hacía poco tiempo un poco de vuelta de todo y con ganas de empezar una nueva vida, con mil proyectos en la cabeza para el futuro. Espero que lo logre. Lo volveríamos a ver a la vuelta.
Me llevé una sorpresa cuando Abdulay nos presentó a su hermano Buba (Dada Jallo) y que sería a partir de Georgetown cuando dejáramos el río, nuestro guía. No me gustó nada la idea y se lo dije. Anticipo aquí lo que intuí en ese momento y a lo largo del viaje constaté: su hermano no le llegaba a la suela del zapato ni como guía, ni como conversador, ni como conocedor de las gentes, ni como conductor y apenas sabía español. Como le dije a Abdulay en términos futbolísticos yo pagué por Messi y me habían colocado a Bojan. Si vas a Gambia busca a Abdulay pero que no te coloque a su hermano como hizo con nosotros. El que sepa hacer tres frases en nuestro idioma y tenga coche (viejo e incomodo para más señas) no lo autoriza a decirse guía en español (fuimos a sitios que ni él conocía) y además de mal encarado con la gente, se entrometía en nuestros planes y en alguna ocasión pretendía cambiarlos a su interés. Insisto, si vas a Gambia o Senegal busca a Abdulay pero huye de su hermano.
En realidad, daba por hecho que se me habían acabado los grandes viajes en el 2010 después de estar en Bolivia durante casi un mes en la primavera de la que hice una crónica que está en “miviajeporbolivia.blogspot.com “ y después de un viaje en moto con mi chica por la Toscana Italiana en septiembre, pero no pude resistirme cuando mi amigo Sergio me dijo que tenía un viaje preparado para ir a Gambia y Senegal de unos quince días. Y si Sergio te dice que tiene un viaje interesante, hazme caso, acompáñale porque no tienen desperdicio.
Lo iba a hacer con David y José Luis, unos amigos con los que él había ido a Mauritania el año anterior y a los que yo no conocía. Me encontré con todos ellos en el aeropuerto de Barajas de donde partimos el 27-11-210 a Casablanca donde haríamos escala camino de Banjul. Ya nos iríamos conociendo.
Para empezar nos chupamos cinco horas de retraso en el transbordo en el aeropuerto de Casablanca que más tarde supimos se debió por el cierre del espacio aéreo de Guinea-Conakry por la violencia desatada ante la negativa a ceder el poder del presidente que había perdido las elecciones (Sekouba Konaté) a quien había de sucederle (Cellou Dakin Diallo). Es algo muy habitual en áfrica lo de no ceder el poder cuando lo pierdes, algo que interesa poco en Europa salvo que en el proceso haya matanzas de niños y mujeres en cuyo caso tiene unos minutos en el telediario.
Por fin llegamos a Banjul a eso de las cinco de la mañana y afortunadamente los trámites aduaneros fueron rápidos. No siempre es así , casi siempre hay gente que te trata de vender la moto a cambio de algo, un pseudo policía que te pide la cartilla internacional de vacunación u otro documento, alguien que pretende coger tu maleta y asegurarse unos dólares. Es algo normal, así son las aduanas en casi todos los países no occidentales… y más en África.
El caso es que salimos de allí con una visa para treinta días, mejor de lo previsto. Nos encontramos con Abdulay, quien nos llevaría a un hotel cercano a Banjul. Era propiedad de un español, del encantador y orondo Lorenzo Sanjuán, hablador por los cuatro costados, de fácil verbo y mil historias por contar y en cuanto te despistabas te las contaba. Nos cayó bien desde el primer momento y su disposición para hacérnoslo pasar bien y que la estancia fuera cómoda era infinita.
Llegamos a la mañana siguiente a un acuerdo rápido con Abdulay para que hiciera de guía. Hablaba español muy bien, era muy amable en el trato y teníamos por Internet muy buenas referencias de él. Teníamos la sensación de que tantear otros guías sería perder el tiempo.
Como datos diré que pactamos que el viaje por el rio Gambia desde Banjul a Georgetown en barca (pirogué lo llaman ellos) unos tres días y nos costaría 800 euros todo incluido y después 150 euros por día con un todo terreno (un Mitsubhisi, que no resultaría estar en muy buen estado), el guía-conductor y la gasolina incluida, de forma que la alimentación y pernoctación correrían de nuestra cuenta.
Quedamos en salir hacia Georgetown en la “pirogué”, sin mayor demora, a la mañana siguiente y dedicamos el día a pasear por Banjul y sus alrededores por donde dimos unas vueltas sin que nada, como ya esperábamos, nos llamara especialmente la atención. Se trata de una ciudad de no más de 50.000 habitantes sin ningún encanto especial.
Lo que de bueno hay en estos viajes es que siempre ocurre algo imprevisto y que de ninguna manera te podrías imaginar. Si el paseo por la ciudad no nos había proporcionado nada, se nos recompensó con el espectáculo de ver el baño de masas que se estaba dando el presidente del país.
Vimos cómo riadas de personas se dirigían hacia un estadio de deportes, apareciendo seguidamente a gran velocidad toda una comitiva de vehículos protegida por el ejército y sus ametralladoras que lucían , quizá, como aviso para la multitud. Era Yahya Jammeh el presidente de la nación, de la etnia “yola”, camino del estadio donde se celebraba una fiesta en honor de la mujer y que le servía de mitin electoral ante las inminentes elecciones del 2011. Es tanto el miedo que tienen los presidentes africanos que nadie sabe en realidad donde van.
La comitiva constaba de varios coches y entre ellos iban tres iguales de alta gama, en uno de ellos va el presidente y sólo al final del espectáculo aparece por la portezuela del techo de uno de los coches tirando regalos y bolsas de comida a la grada como si fueran los reyes magos. Es lo que se espera de él. Ese día alguien comerá un poco mejor.
Comimos en una playa de Serrekunda, capital oficiosa del país, más próxima al aeropuerto y a unos diez kilómetros de Banjul, una fritura de pescado en un restaurante de un canario de Las Palmas, instalándonos en una especie de terraza de madera elevada, prácticamente colgada sobre la playa, desde la que observábamos perfectamente el trasiego de la misma.
Esta zona es agradable y en ella se concentra casi todo el turismo que es muy poco. Podíamos ver la movida acerca del turismo sexual. Al contrario de lo habitual eran mujeres, del norte de Europa de acuerdo con la piel blanquísima que lucían, las que pululaban por la playa con negrazos que podían ser sus hijos e incluso sus nietos. Daba un poco grima. Según nos comentaba Abdulay, nuestro guía, lo de las turistas europeas disfrutando de los lugareños, se ha vuelto una imagen común en Gambia, país de los más pobres del mundo donde el 70% de su población está por debajo del umbral de la pobreza. Basta con ponerse un bikini, se tenga la edad que se tenga, para que segundos después aparezca a un costado un adonis negro dispuesto a satisfacer el más mínimo deseo a cambio de los correspondientes euros.
También había -como no- turismo sexual masculino. Tuvimos ocasión de ver una pareja formada por una veinteañera y guapísima gambiana y un más que cincuentón español de nombre Miguel, con cierto aspecto “apaletado” que se comunicaba con la chica por señas. Cuando supo de nosotros nos contó ,orgulloso de su hazaña, que era su “novia”, a cuyo hermano tenía contratado como conductor de un taxi que había comprado para su explotación, justificando así ante su familia de España sus viajes a Gambia.
Con toda probabilidad y así lo espero, en alguna de sus próximas “escapadas” a Banjul se encontrará con que el taxi habrá desaparecido y su “novia” también.
Como el destino es caprichoso cuando bajábamos de nuestra terraza camino del hotel, me encontré con Gildo, un viejo amigo de Fuerteventura y que aun sabiendo que estaba por esos países de ninguna manera imaginé encontrarme con él. Después de saludarnos nos emplazamos para, a la vuelta, comer en su casa con su familia.
Pasamos la tarde en Bikrama, pequeña población próxima a Serrekunda, en un mercado de artesanía para acabar en el hotel donde nos bebimos unas cervezas a la vez que oíamos las historias de Lorenzo y sus avatares. Asi supimos cómo había sido un infatigable trotamundos, disjokey , empresario, traficante de no sé qué materias y que después de vivir en Barcelona, Canarias, China y unos cuantos sitios más, recaló en Gambia hacía poco tiempo un poco de vuelta de todo y con ganas de empezar una nueva vida, con mil proyectos en la cabeza para el futuro. Espero que lo logre. Lo volveríamos a ver a la vuelta.
Me llevé una sorpresa cuando Abdulay nos presentó a su hermano Buba (Dada Jallo) y que sería a partir de Georgetown cuando dejáramos el río, nuestro guía. No me gustó nada la idea y se lo dije. Anticipo aquí lo que intuí en ese momento y a lo largo del viaje constaté: su hermano no le llegaba a la suela del zapato ni como guía, ni como conversador, ni como conocedor de las gentes, ni como conductor y apenas sabía español. Como le dije a Abdulay en términos futbolísticos yo pagué por Messi y me habían colocado a Bojan. Si vas a Gambia busca a Abdulay pero que no te coloque a su hermano como hizo con nosotros. El que sepa hacer tres frases en nuestro idioma y tenga coche (viejo e incomodo para más señas) no lo autoriza a decirse guía en español (fuimos a sitios que ni él conocía) y además de mal encarado con la gente, se entrometía en nuestros planes y en alguna ocasión pretendía cambiarlos a su interés. Insisto, si vas a Gambia o Senegal busca a Abdulay pero huye de su hermano.
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