Gambia, no problem!
Escribe: AngelaM
Gambia fue un descubrimiento, uno de esos viajes en los que una se embarca porque hay una oferta tentadora en la agencia, y que acaban arañándole el alma.
A pesar de que hace años que es destino de sol y playa para suecos e ingleses, en mi opinión deben abstenerse los que busquen un República Dominicana africano, porque no cuenta ni de lejos con las infraestructuras turísticas del Caribe y, a menos que te empeñes en cerrarlos, te hace abrir los ojos a una realidad bien distinta a la del
Banjul, capital de lo sorprendente
Banjul, Gambia — martes, 24 de mayo de 2005
Cambiamos nuestros euros por dalasis en la oficina de cambio que estaba al principio de la calle (unos 200 € que nos llegaron sin problemas para los 7 días) y conseguimos nuestro primer taxista para ir a Banjul.
En este curioso país puedes intentar moverte con tanca-tanca. Son furgonetas locales que realizan trayectos difíciles de conocer de antemano y que recogen y descargan a viajeros en cualquier punto de la carretera, pero no es recomendable sin alguien local, porque pueden hacerte dar más vueltas que un molino.
Los taxis amarillos son los que utilizan ellos. Tienen precios muy baratos, pero también es posible que te suban a alguien en medio del trayecto, que se queden sin gasolina y te dejen tirado a medio camino...
Los taxis verdes son los turísticos. Son vehículos gubernamentales que ofrecen mayor seguridad, pero cuyo precio también se debe negociar antes de salir.
En Gambia hay que regatear todo.
Lamin Robin nos llevó hasta Banjul, la capital. La única carretera asfaltada del país nos llevó hasta esta curiosa población en la que puedes encontrar hasta ovejas por el medio de la calle. Nada de grandes edificios, ni zonas urbanizadas, ni ningún tipo de servicio... sólo algunas casas aquí y allá y gente, mucha gente vendiendo artesanía.
Regateamos nuestras primeras pulseras, telas, cuencos... y alucinamos. Alucinamos con el talante de aquellas personas, la alegría de la gente... y las condiciones en las que viven.
Gambia no produce casi nada (sólo pescado ahumado y salado y cacahuetes). Tampoco energía suficiente para autoconsumo, por lo que los cortes de luz son la norma (los hoteles tienen generadores propios y, además, se priorizan los intereses turísticos). El sistema de estos cortes es, cuando menos, pintoresco: unas horas tiene electricidad un lado de la calle, y las siguientes la otra. Esta "organización" es para que no se descongelen del todo los productos (¡mi madre!), así que, como los gambianos son unos locos del fútbol (que entienden la geografía en función de los equipos), se organizan para ver los partidos en un lado u otro en función de los horarios de los cortes de luz.
Tiene dos estaciones bien diferenciadas, la estación seca, (entre 21 y 27ºC y una humedad entre 30 y 60%) de noviembre a mayo, durante la que sopla un viento seco proveniente del Sáhara, que proporciona al país un invierno suave y soleado, convirtiéndolo en la mejor época para el turismo.
Otra de las cosas que nos llamó la atención es la venta de los medicamentos en el mercado, con los blisters de las medicinas a plena luz del sol. Nada de farmacias, ni de recetas, ni de prescripciones médicas... si uno tiene una infección se compra "un antibiótico" (una pastilla, se entiende) en cualquier puesto callejero.
También hay puestos de venta de agua... en bolsas. El agua embotellada es muy cara para ellos, y los envases inasequibles (tristemente, una de las cosas que más valoran es que les regales una botella de agua cuando ya te la has bebido)... así que llenan bolsas de plástico de agua, las anudan, y beben agujereando un poco una esquinita.
En Gambia, por norma, los hombres no suelen trabajar. Son las mujeres las que se ocupan del trabajo y de la casa, y es por ello que el actual gobierno ha priorizado la escolarización de las niñas sobre la de los niños, pues son ellas las que mantienen a la familia.
Una de las cosas que más nos sorprendió es que los pocos hombres que trabajan se dedican a labores que aquí consideramos femeninas, por ejemplo, coser a máquina. Pudimos verlos también en los puestos del mercado, con unas Singer antiquísimas que funcionaban con pedal (la electricidad, de nuevo).
Robin nos llevó después a Tanghi. Mujereres y niños acuden a la playa para ayudar a los pescadores a llevar las capturas hasta la orilla. Mientras esperan a que desembarquen, cantan y bailan sobre la arena, se hacen trenzas las unas a las otras, cuidan de los pequeños... Por descargar un cubo les entregan dos o tres peces que en muchos casos constituirá la única proteína que ingerirá la familia.
Gambia vende pescado a otros países de África. Muy cerquita de la playa puede verse la precaria "industria" de salazón y ahumado de los peces.
Tips:
Las disponibilidades farmaceúticas son limitadas, por lo que conviene llevarse de casa las cosas básicas que se pudieran necesitar. Como en casi todos los viajes, es conveniente beber agua embotellada, evitar el hielo, no comer verduras frescas o ensaladas y comer preferentemente alimentos cocidos o cocinados para evitar diarreas y otras molestias
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Últimos comentarios
piterandres dice:
Muy detallados los porqués.
Me ha encantado
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HORNI dice:
Muy interesante tu relato, para conocer las costumbres de un pais.felicitaciones.
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fabi_viajandosehacecamino dice:
Un matriarcado hecho y derecho...lo que decis de los hombres, te olvidasrte, jaja, del empleo más antiguo....
Me gusta tu soltura para narrar y sin recaer en superficialidad!!
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AngelaM dice:
Sí, Fabi, hay pocas profesiones en Gambia que ejerzan los hombres... se han quedado en cambio con la más antigua del mundo, ja, ja
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En Banjul...
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