Diarios de viaje > El Mundo

Japón y Tailandia

Escribe: miguelon19
El lejano Oriente

 

  Enviar a un amigo   Imprimir

 
< Anterior 1 2 Capítulo 3 4 Siguiente >
 

Bangkok i

Bangkok, Tailandia — viernes, 22 de julio de 2005

El hotel que reservamos con anticipación, “Mandarin Hotel”, resultó ser muy cómodo con las habitaciones confortables, internet, restaurante-bar y piscina, con el desayuno incluido y sobre todo con personal de habla hispana en la recepción que nos hacía sentir aun más cómoda nuestra estancia, el precio era aproximadamente de 35 dólares por persona.

Queríamos relajarnos Rafael y yo por lo que optamos tomar unos tragos de tequila y brindar por el país al que habíamos arribado, Tailandia aprovechando lo que restaba de la noche para conocer la vida nocturna de la ciudad y probar la comida tailandesa ya que teníamos referencia de su excelente cocina. Decidimos dejar el restaurante del hotel para cenar en alguno de los tantos puestos de comida ambulante la cual resulto ser exquisita sin que se presentara cualquier malestar estomacal. Nos sugirieron conocer el barrio de “Patpong”, lugar obligado por su ambiente nocturno. Junto al hotel se encuentran taxis y el típico “tuc-tuc”, transporte que esta integrado por una motoneta con cabina para un par de pasajeros. Optamos por abordar este último ya que era la primera vez que abordábamos un vehículo con esas características y queríamos sentir su velocidad supersónica. Le indicamos al operador que nos llevara al lugar referido calculando llegar en unos cuantos minutos de acuerdo al mapa que teníamos por su cercanía al hotel.

Nos cercioramos que el “tuc-tuc” tomaba dirección opuesta a “Patpong”, llegando a un bar que a simple vista no era de nuestro agrado. Le mencionamos al operador que el lugar no era el que deseábamos y que nos regresara al hotel sin el pago correspondiente. Nos insistía que era un buen sitio y que se ganaría su comisión por dejarnos, pero estábamos dispuestos a conocer “Patpong” esa misma noche por lo que el “tuc-tuc” nos regreso al hotel. De inmediato y sin perder más tiempo caminamos a “Patpong” y llegamos aproximadamente en 30 minutos. Aprovechamos el recorrido a efecto de familiarizarnos con los alrededores sin que se presentara la lluvia como sucedía frecuentemente en Tokio. No obstante ser muy noche transitaba bastante gente, el clima era agradable y cálido sin la presencia de enormes rascacielos como los hay en Hong Kong o Malasia. Nos cercioramos que en los alrededores del hotel se ubican varias embajadas incluyendo la de México lo cual nos dio cierta tranquilidad ante cualquier eventualidad que se presentará. El tiempo de recorrido fue corto, aproximadamente 40 minutos.

A medida que caminábamos se incrementaban los puestos ambulantes de ropa, comida y artesanías, en los cuales se empezaban a colocar lonas y tubos dispuestos a vender su diversa mercancía y comida. Teníamos bastante sed y ganas de empinar el codo con unos buenos tarros de cerveza. En Patpong abundan restaurantes, bares, centros nocturnos, salones de masaje, y arenas de box tailandés “Muay Thai”, semejante al “full contact”. El lugar estaba atestado de turistas de todas las nacionalidades, en su gran mayoría de Australia, Japón y Nueva Zelanda, naciones vecinas de Tailandia.
 Optamos por tomar un par de cervezas en un centro nocturno, había infinidad de bailarinas recreando y deleitando la pupila al visitante.

Notamos que a cierta hora de la noche las bebidas se ofrecen al 2 por 1 aumentando su consumo por lo que sin descuido alguno aprovechamos esta oferta embriagadora, por lo que nos dispusimos a conocer los diferentes bares que se presentaran a la vista. Observamos que entre las 2 y 3 de la mañana los centros de recreación cierran sus puertas a los trasnochadores por lo que nos dispusimos a cenar rumbo al hotel en un puesto ambulante deliciosos camarones con chile en polvo y tamarindo, exquisito marisco que a la fecha no lo he vuelto a comer con estos ingredientes. Por la mañana teníamos un apetito feroz y bastante sed. El precio de la habitación incluía bufet, ofreciendo una gran variedad de platillos tai., desde las suculentas sopas de tallarines hasta los variados guisos de pollo, mariscos y carnes, desayuno que nos fortaleció para continuar conociendo la ciudad. En el lobby del hotel ofrecen infinidad de tours a diferentes lugares de Tailandia a precio accesible y con el desayuno incluido, escogimos el denominado “triangulo dorado” para el siguiente día.

Nos dispusimos conocer los templos budistas y el Palacio Real en la capital tailandesa, trasladándonos en metro. El transporte es moderno y económico, similar al de la Ciudad de México. Nos sorprendió la gran cantidad de motocicletas y “tuc tuc” que circulan, el ruido y smog que producen irritaron en cierta forma mis ojos, no había visto en alguna otra ciudad tal ruido y contaminación, semejante en menor escala a Shangai o Beijing en China. Nos llamó la atención que gran parte de la gente portaba camisas o playeras de color amarillo. Nos comentaban que el motivo era que se aproximaba el aniversario del rey tailandés y era una manera de festejarlo por parte del pueblo, siendo el rey lo más respetado. No obstante ser vacaciones de verano para la mayor parte del mundo no lo era para los escolares tai, ya que en estas fechas aun proseguía el período escolar, muy diferente en este sentido a lo que sucede en México y muchos países más. No tuvimos problema en llegar al Palacio Real, había infinidad de visitantes y era de fácil ubicación. La forma de sus templos dorados semejantes a una campana hacía brillar a lo lejos el resplandor dorado de sus cúpulas. Observamos que no está permitida la entrada con pantalón corto o camisetas sin mangas, afortunadamente teníamos en nuestra mochila la prenda necesaria para poder entrar.

El Palacio es un gran conjunto arquitectónico formado por un grupo de edificios que sirvieron como sede real desde el siglo XVIII hasta mediados del siglo XX. La construcción del palacio comenzó en el año 1792 durante el reinado de Rama I y su nombre en tailandés es Phra Borom Maha Ratcha Wang. El lugar más importante del palacio es el templo Wat Phra Kaew, en el cual se encuentra el Buda de Esmeralda que, tallado en jade en el siglo XV y con sólo 45 centímetros de altura, es el más valioso y venerado de Tailandia. Nos informaron que el horario de visita al Palacio era hasta las 15:30 horas, tiempo que fue suficiente para conocerlo. Conocimos el Buda mas largo situado en Wat Pho, es impresionante verlo recubierto en oro y con una longitud recostado sobre la superficie de 45 metros de largo aproximadamente. El monmento Aún teníamos tiempo esa tarde para conocer mas de Bangkok por lo que de inmediato nos dispusimos, a recorrer el extenso  y largo rio Chao Phraya o Me Nam, de Tailandia, el principal del país que fluye desde la región montañosa del norte del país hasta el golfo de Tailandia, cerca de Bangkok... Durante el paseo apreciamos la gran cantidad de templos budistas identificándolos por su brillante centelleo dorado y enormes rascacielos ubicados a las orillas del rio..
 En ocasiones se detenía el pequeño barco y una persona tailandesa arrojaba trozos de carne a efecto de aparecer en las aguas tropicales las temidas pirañas observando cómo se arremolinaban de inmediato los pequeños peces para devorarla en segundos. El paseo incluye una demostración de bailes regionales tai con la comida incluida y bebida a un precio razonable.

Regresamos al atardecer al hotel a descansar con el propósito de continuar conociendo lo nocturno de “Patong”. Nos intrigaba presenciar peleas tailandesas “Muay Thai”, las cuales se presentan en este lugar, haciéndome recordar aquella película del actor belga Jean Claude Van Damme “contacto sangriento”, cinta estadunidense que trata  
la vida de un peleador profesional. El costo por verlas es gratuito, redituando a los boxeadores al final de la pelea dadivas monetarias por el espectáculo de contacto presentado. Al día siguiente a temprana hora, abordamos en el hotel el minibús que nos transportaría al “triangulo dorado”, Chiang Rai, norte de Tailandia, paseo que nos ocuparía todo el día. Durante el recorrido apreciamos la exuberante vegetación tropical que invade el país con sus lagos y pantanos. Los pequeños pueblos que atravesábamos tenían cierto parecido a los de México con sus puestos de comida, talleres mecánicos en las orillas de la carretera, vendedores de fruta y muchas cosas, diferentes en este aspecto al rígido Japón.

El tiempo de recorrido fue aproximadamente de 4 a 5 horas, deteniéndose el vehículo en ciertas ocasiones para tomar algún refrigerio. Al llegar a Chiang Rai, de inmediato percibimos el olor a opio, era tan fuerte que por momentos nos tapábamos la nariz sin dejar de oler el aroma tan profundo que tiene esta planta regional. De inmediato nos informó el guía que no aceptáramos de ninguna manera cualquier ofrecimiento de esta planta ya que seriamos penalizados duramente por las autoridades locales. Supe en ese momento el porqué se denomina a este lugar el “triangulo dorado”, ya que la zona la integran puntos fronterizos de China, Laos y Mynamar (Birmania) A unos cuantos metros se encontraba la frontera de Laos la cual lo separa el rio Mekong. Abordamos una lancha para atravesarlo y comprar “suvenir” en las tiendas fronterizas sin necesidad de contar con visa. Los precios eran accesibles y pagábamos con bahts, moneda tailandesa a un precio accesible. Por el otro se apreciaba un enorme Buda dorado en territorio Birmano, Mynamar. Al regresar a suelo tai, de inmediato fuimos a pie a la frontera con Birmania observando que el poblado fronterizo era mucho más grande que el de Laos sin la posibilidad de traspasar la frontera por la exigencia de contar con la visa.

El tour contemplaba la visita a una de las múltiples etnias de Tailandia a través de la montaña en Chiang Mai. Se apreciaba sus moradas con palmas y bejucos y sus cultivos de arroz y cereales. Nos comentaba el guía que ellos provenían de Birmania con su idioma nativo, ajeno al tailandés, siendo además su apariencia física muy diferente a los tailandeses. Asimismo visitamos alguno templos, en los cuales se encontraban en su interior monjes budistas el cual uno de ellos rezo por nosotros obsequiándonos un cordel de tela en la mano izquierda para nuestro buen futuro, cordel que lleve bastante tiempo en mi mano izquierda. De regreso a Bangkok, el minibús detuvo su marcha a petición de la policía tailandesa con el propósito de verificar si alguien llevaba algún tipo de enervante. Proseguimos el regreso al hotel sin tener contratiempo alguno. El tour incluye comida integrada por infinidad de platillos y bebidas de diversas frutas. En los viajes que he realizado estos platillos son los más exquisitos que he comido y sobre todo abundante. Llegamos al hotel anocheciendo y de nueva cuenta para no perder la costumbre nos dirigimos al barrio rojo de “Patong”, ya que teníamos bastante sed.

De regreso al hotel nos despedimos del barrio de “ Patong” y Bangkok con unos buenos tragos de tequila ya que muy temprano tendríamos que viajar a Pattaya y Puket, experiencia que narraré en el siguiente capítulo.

Tips:

Los precios de comida ambulante son economicos y exquisitos y hay seguridad para conocer la vida nocturna.

Tiene que ver con: Ahorrar dinero, Seguridad, Alimentación
En Bangkok, Tailandia

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Ubicación    
Limpieza    
Precio/calidad    

Mandarin

Alojamiento: Hotel en Bangkok, Tailandia

El hotel ofrece diversos tours a precios accesibles con desayuno incluido, además en la recepción hay personal de habla hispana.

Tipo de viaje: Vacaciones | Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas, Grupos


Publicado
Modificado el
Leído 585 veces

  Enviar a un amigo   Imprimir

< Anterior 1 2 Capítulo 3 4 Siguiente >
 
 


Últimos comentarios

Para publicar un comentario, regístrate GRATIS o

 

Rafael por las calles de Bangkok

   

Capítulos de este diario