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Gambia: la costa de la sonrisa

Escribe: pepemanolo
Gambia es tan pequeña, que es fácil no verla cuando se recorre con el dedo un mapa de Africa. Pero tras estar allí, uno no puede ya olvidar la luz de la sabana, la tierra roja que te traes sin querer por los rincones, los cientos de aves, los monos, los cocodrilos,... pero sobre todo, las gentes de piel muy negra y sonrisa muy grande, las mujeres con sus vestidos de colores, los niños con la curiosidad en sus ojos, los gritos de "tubab" en las regiones aisladas. Eso es lo que te roba el co

 

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Alrededores de Banjul: Kachikally, Bijilo, Senegambia

Bakau, Gambia — domingo, 10 de abril de 2011

Nada más asomar la nariz por la puerta del hotel, después del desayuno buffet con curioso zumo de jengibre picante, nos han tomado al asalto para ofrecernos taxi, rutas, etc. El primero de ellos llevaba una acreditación de guía, así que Agus ha tomado la palabra tras acordar entre nosotros lo que queríamos ver, y hemos negociado un precio cerrado por la ruta hasta las 16:00.

El taxi, desvencijado y con piezas de embellecedor colgando, no era mucho mejor que ayer, pero, hey, esto es África, y es justo lo que hace impactante y divertido un viaje. Primera parada, el 22 July Arch, un gran arco de triunfo de diseño moderno que conmemora el golpe de estado del actual presidente en 1994. Fotos con el guía, y él nos propone una ruta para aprovechar lo mejor posible el día.
 
Piscina de cocodrilos de Kachikally
 
Nos dirigimos a la piscina de cocodrilos de Kachikally. Dejamos la carretera y por una pista de tierra entramos en el poblado de Bakau. Las cloacas son acequias al descubierto, las calles son de tierra anaranjada, con bastantes baches, y los hombres se ven aquí y allá a la puerta de casuchas miserables, viviendas unas y tiendas otras, mientras las mujeres, vestidas de alegres colores, trajinan cestos en la cabeza o lavan la ropa a mano en grupo, y los chiquillos, vestidos solamente con un pantalón corto y el calzado, corretean y juegan. Al fondo de una calle, la entrada a Kachikally.
 
Pagamos la entrada y el propio guía nos explica lo que vemos en el  museo:  instrumentos  de  uso cotidiano de las diversas tribus (mandinka, wolof, jola,...), instrumentos musicales, máscaras y trajes ceremoniales. Luego pasamos a un recorrido a pie entre vegetación tropical y altos árboles de nombre nativo. Al fondo, una charca de aguas verdes y opacas esconde decenas de cocodrilos que asoman sólo los ojos. Fuera, uno dormita. Con cierto respeto lo tocamos para sacar una foto, pero el animal no se mueve hasta que todos nos hemos fotografiado, como si supiera que a cambio de comer todo el pescado que quiera ha de hacer de modelo. Vemos también la zona donde se concentran las crías, y luego un corto trayecto nos lleva a la puerta.

Hay quien cree que la piscina tiene poderes sobrenaturales para sanar, y en particular que el baño en sus aguas puede ayudar a la fertilidad. De hecho, mujeres de hasta fuera del país vienen aquí a someterse al ritual cuando tienen problemas para tener hijos. Hay docenas de estas piscinas sagradas en Gambia, pero ésta es la más cercana a la capital y el núcleo turístico de la costa.
 
Bijilo Forest Park

Cruzamos de nuevo el remolino de gente en la calle de tierra de Bakau y el guía manda al taxista llevarnos al parque de Bijilo. Otro paseo a la sombra de la exuberante, altísima vegetación, pero esta vez el guía nos explica que en la foresta viven dos tipos de monos: los colobos rojos (Piliocolobus sp.), huraños y que no abandonan los árboles ni dándoles comida, y los cercopitecos verdes (Cercopithecus aethiops), simpáticos, amigables y amantes de los cacahuetes como los que acabamos de comprar en la carretera.

No se permite darles de comer, y de hecho hay carteles en la entrada y Agus ha tenido unas palabritas con la de la puerta porque nos ha preguntado por los cacahuetes escondidos; Agus haciéndose el ofendido y yo diciendo que revisara mi mochila ha bastado para que la mujer se conformase y Enric pasara la bolsa entera en su mochila.

La senda está marcada con pintura verde, porque hay muchas sendas que parten hacia la playa a través de la vegetación y la maleza y es fácil perderse. Al poco, oímos ruido de hojas y localizamos dos colobos rojos en la parte alta de un árbol algo apartado. La foto ha salido pero la visión no era clara.

Un poco más tarde empezaba el espectáculo: una familia entera de cercopitecos verdes nos reciben el suelo y en las ramas. El guía nos pide sacar los cacahuetes y lo siguiente ya ha sido disfrutar de una sesión fotográfica dándole de comer en las manos a los monos. Nunca mejor dicho, son monísimos, especialmente los pequeñajos del grupo. Impresiona la sensación de familiaridad, la mirada vivaz e inteligente, como si te mirase una personita. Cuando les das un cacahuete, no dan un zarpazo, ni desconfían, simplemente se acercan y con sus manitas blandas lo cogen con suavidad, como cuando le das un caramelo a un niño. Ha sido una sensación especial notar el tacto de sus deditos blandos.

Comida de buitres
 
A mediodía, el guía nos ha llevado al hotel Senegambia para una curiosa ceremonia. El hotel es más lujoso que el nuestro y sólo se veían trabajadores nativos y clientes blanquitos. Los jardines son grandes y bien cuidados, y hay una gran explanada de césped bien cuidado salpicada de algunos árboles.

Allí, decenas de buitres, concretamente alimoches sombríos (Necrosyrtes monachus) se habían concentrado en las ramas y en el suelo. En semicírculo, los guiris escuchábamos la explicación de un gambiano con una bandeja llena de retales de carne. En cuanto ha empezado a lanzar pedazos, se ha formado una competición por cogerlos, a la que se han sumado un par de milanos negros (Milvus migrans) que cogían al vuelo las que lanzaba al aire.
 
Comida y regreso

Alí Babá es uno de los muchos restaurantes en Senegambia. Hemos probado el pescado, riquísimo, y hasta la langosta. El garito, como todo en este país, es viejo y raído, pero hace su función y la comida está muy buena.
 
En el camino de vuelta, hemos pedido al guía que nos llevase al mercado para comprar las mosquiteras. No hemos podido apreciar la actividad del mercado, pues a esta hora pocos puestos quedan abiertos y apenas hay gente. Hemos comprado las mosquiteras y ya volveremos para disfrutar del bullicio y los colores del mercado en otra ocasión.

De vuelta al hotel, nos hemos estrenado en la piscina ahora (18:00) que el sol decae y no quema. El agua está fantástica, fresca pero no fría, genial para relajarse. Y allí hemos estado hasta que han cerrado a las 19:00, salvo una salida a la playa a probar el agua, tibia y turbia, pero como había mucho pesado, nos hemos vuelto enseguida.

Ahora entiendo lo que decían las guías sobre las corrientes: entras en el mar de aguas calmas, te sumerges hasta el pecho y, mirando a la playa, levantas los pies y te dejas flotar; inmediatamente, el hotel y la costa empiezan a moverse... oh, pero ¡¡si eres tú!!, tú llevado por una fuerte corriente paralela a la costa; lo cierto es que impresiona, pues en segundos te ha llevado bastantes metros.

Tips:

Kachikally solamente tiee la piscina de cocodrilos y el museo, por lo que el horario de visita es indiferente. Así, es mejor visitar primero Bijilo, para evitar el calor mientras caminas y para ver más vida animal.

Ideal para: Parejas, Familia con hijos, Con amigos, Solos y solas
En Bakau, Gambia


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