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Península Antártica, el paraíso se vistió de blanco

Escribe: miguelrieu
Estamos transitando Enero de 2004, y despues de varias contramarchas, de descartar algunos destinos, por repetidos, o por caros, la miro a mi mujer en medio de la cena y le digo "y por qué no La Antartida", y ahí quedó sellado nuestro próximo destino, aunque con algunas dudas de parte de ella, que yo me encargué disipar, pusimos proa (y nunca mejor dicho) hacia el continente blanco, que ya se nos había mostrado esquivo hace años, y ahora estábamos a punto de hacerlo realidad.

 

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Puerto Neko,tocando tierra firme

Bahía Témpano, Antártida — miércoles, 4 de febrero de 2004

Miércoles 4 : Hoy por la mañana hacemos otro desembarco, esta vez en la isla Paulet, en el archipiélago de Joinville, como siempre dejamos los salvavidas cerca de la orilla, y nos repartimos en dos grupos, uno ascendiendo hacia la cima de una colina, a unos 300 mts, y los que no quieren subir, hacen un recorrido por la isla.

En esta isla hay una importante colonia de pingüinos  Adelia. Yo decido subir, mientras Irma se va con el otro grupo (me causa gracia el español, que cada vez que desembarcamos, se cubre la cara con un pasamontañas, dejando solo los ojos destapados, puesto que es muy blanco, y como le ha dicho su hermana antes de viajar ,que tuviera cuidado con el sol en la antartida por lo del agujero de ozono y esas cosas, entonces el tipo parece in ninja de las nieves) .

Trepamos con cierta dificultad, puesto que hay una capa de nieve de casi 40cm y a cada paso nos enterramos hasta por debajo de las rodillas. Hacemos un alto a mitad de camino junto a unas piedras, y luego seguimos, hasta llegar a la cima, desde donde tenemos una visión de toda la isla ,los témpanos adyacentes, y otros islotes con sus montañas, que plenamente justifica el esfuerzo, luego nos arrojamos  , haciendo “culipatin” unos cien metros (tengo nieve hasta en los calzoncillos”), para después bajar hasta los botes .

Mientras estoy bajando ,me equivoco de camino, y me voy hacia el lado donde están los nidos de los pingüinos y cormoranes, que es como una especie de refugio natural de piedra, y veo que me empiezan a revolotear las aves en forma amenazante sobre mi cabeza, mientras los pingüinos  “me tocaban el saxo” (que así suena cuando chillan) , entonces decido salir deprisa de este sitio, me patino y me pego un porrazo en las piedras, por suerte sin consecuencias, salvo los magullones y algún que otro dolor, me levanto rápidamente y vuelvo sobre mis pasos, con las pocas fuerzas que me quedaban, por la caminata en la nieve, hasta llegar a los botes sin que nadie advirtiera del “incidente” (papelón) .Después cuando le conté a Irma lo sucedido, no paro de reírse por un buen rato. 

Llegamos al barco, y lo primero que hago es mudarme de ropa y darme una ducha reparadora, pues estaba todo húmedo. Luego de almorzar, salimos a hacer nuestro primer desembarco en tierra firme en Puerto Neko, frente al estrecho de Gerlache. Acá tan bien vemos muchos pingüinos adelia, y focas cangrejeras. Hacemos otra trepada, esta vez con Irma, y nuevamente nos tiramos en “culipatin “, pero esta vez  no me perdí al regresar: Después descansamos un rato en la orilla contemplando aves y a los pingüinos como se zambullían para comer, de paso para recuperarnos un poco, para nuevamente volver al barco, haciendo un paseo por los témpanos circundantes, que ya empezaban a verse con mas frecuencia. Una delicia poder observar esas moles de hielo con esos increíbles colores azul   celestes y de contornos que parecían tallados por un escultor, por obra del viento y el oleaje. 

Mientras navegábamos nos decía el guía, que no se pueden acercar demasiado a los témpanos, porque tienen una conducta imprevisible, y puede cambiar su eje de sustentación en forma imprevista y tumbarse sobre el agua, lo cual no seria muy conveniente para nuestra integridad. Nomás llegamos a cubierta, nos estaban esperando para brindar con una copa de champagne, por haber echo pie por primera vez en el continente, realmente una sorpresa muy calida. 

Luego disfrutamos del resto de la tarde paseando por cubierta, aprovechando que estaba soleado, y viendo el contorno tapizado de pequeños y grandes témpanos, y las islas adyacentes, que conformaban  un paisaje y una sensación de paz  y distensión, que uno comprende porque la gente que visita estos parajes queda realmente impresionada.

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