Lo que pensaba sería un fácil tour por la costa hasta San Clemente y luego a Manta se convirtió en una pesadilla sin fin entre colinas y montañas con una empinada carretera, llena de maleza a los costados, sin visibilidad en las curvas y tapizada por un cielo gris. En este trayecto quedaron sepultadas mis esperanzas de continuar a Guayaquil ese mismo día. Este tormento continuó por casi una hora hasta llegar a la costera San Clemente a las 3:20. Allí fue un alivio bajarme de la motocicleta y por 10 minutos comer unas empanadas de plátano verde y algo para tomar. Manta parecía escaparse de mis manos como agua entre los dedos. Seguí las indicaciones pasando Charapotó y desviándome aquí hacia la derecha por una muy angosta vía entre arrozales llamada "Correaguas". El tormento parecía no acabar. Llegué luego a un sector poblado con la carretera en las peores condiciones para transitar (pues está en construcción) donde definitivamente comprendí que era una utopía llegar a Manta con el suficiente tiempo para continuar hasta Guayaquil. Luego de la pesadilla de esa carretera infernal encontré la vía asfaltada y en buen estado rumbo a Manta, pero la tarde avanzaba rápidamente. Ahora lo único que me interesaba era llegar a Manta antes que se pusiera el sol y olvidarme del asunto hasta el siguiente fin de semana.
A las 4:45, dos horas y veinte minutos luego de haber salido de Bahía, llegaba a Manta. Con las energías faltándome luego de 9 horas y 45 minutos andando en motocicleta, llegué a casa de unos buenos amigos y dejé mi motocicleta allí. Regresaría yo en bus hasta Guayaquil esa misma noche pues debía trabajar al día siguiente y volvería el próximo fin de semana por mi motocicleta para alcanzar la meta que me había propuesto.