Diarios de viaje > Egipto, Africa

Aventura en egipto

Escribe: jimenezpmp
Cada viaje que realizo tiene su encanto, éste en concreto me intrigaba el misterioso mundo de los faraones, los espectaculares templos y su arte. Abu Simbel me enamoró. Los egipcios gente amable, educada y cariñosa. Me gustaría volver..... pero no sé si tendré tiempo.

 

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Seguimos en el día 23

Aswan, Egipto — miércoles, 18 de marzo de 2009

Después de quedarnos totalmente solos, decidimos dar un respiro y salir a pasear un poco por la ciudad de ASSUÁN, empezamos a andar, siempre con el agobio de la gente, y nos presentamos en una calle que parece ser una de las principales por el comercio que tiene y el ir y venir de las gentes, en el paseo nos salen chiquitos vendiéndonos pulseras, otros pidiéndonos que le cambiemos euros en libras, de aquí el primer timo que nos dieron (a Tomás), le soplaron 6 € y no se enteró hasta que fue a pagar una tarjeta de teléfono que compramos para llamar a España.

Con el consiguiente cabreo nos adentramos en el zoco, calles sin empedrar y todo levantado, estuvimos en una de las tiendas que había en la calle principal y estuvimos comprando algunas cosillas de plata, en un puestecillo de la calle a Mari Mar le ofrecieron tabaco y después de mirar y remirar el paquete, pensó que no era falso y compró por un buen precio, pero el vendedor a toda costa quería vender dos cartones, no se conforman nunca con lo primero quieren más y al final consiguió que le comprara los dos cartones (20 €), seguimos nuestra ruta y nos acercamos a una tienda que tenía un puestecillo en la calle y su dueño un charlatán que de alguna manera quería envolvernos, me metió en su tienda para enseñarme una estampa con la imagen de San Jorge, se confesó católico ortodoxo diciéndonos que se llamaba Jorge, al final le compramos una pulsera de plata cada una y según íbamos de camino hacia el barco, para ir a cenar, se le ocurrió encender un cigarrillo del nuevo paquete recién adquirido y el pitillo se esfumó como alma que lleva el diablo, al final la engañaron, segundo timo de la tarde, con lo cuál empezó a repartir los paquetes de tabaco, los dos primeros se los dio al policía que vigilaba nuestro barco y así sucesivamente. Después de cenar comprobó que la pulsera que había comprado a Jorge era corta, no le alcanzaba a cerrar y tuvimos que salir corriendo a cambiarla, menos mal que en este país no cierran las tiendas hasta la 1 h o las 2 h de la madrugada. Volvimos al barco y como todavía era pronto nos fuimos al salón a tomarnos un cafetito y echar la partidita de turno hasta la hora de dormir.

Estamos solos, se echa de menos el bullicio del grupo, parece que el barco está triste, sólo se ve alguna persona extranjera, algún italiano, se nota el vacío hasta en la cena, ha sido muy escueta. Cada noche cuando nos íbamos a la cama nos encontrábamos alguna figura hecha con las sábanas, por el personal que nos hacía la habitación, una forma de agradar a los turistas, también los camareros eran muy agradables y atentos, y máxime cuando me enteré que comían lo que dejábamos nosotros en el plato, desde ese día cogía más alimento, sobre todo postres y los dejaba en un platito y de acuerdo con uno de ellos, (el de la derecha) se encargaba de retirarlo.

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