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Asturias: Naturaleza, deporte, buena comida y, sobre todo, buena gente

Escribe: cibeles
Estas vacaciones hemos hecho deporte, observando boquiabiertos el esplendor de la naturaleza. Estas vacaciones nos hemos detenido tranquilamente a ver despegar y aterrizar a los patos, y a unos inmutables salmones (o truchas) siempre quietos contracorriente; hemos hecho caravana detrás de unas vacas, y hemos esperado pacientemente a que un rebaño de ovejas cruzara la calzada; he detectado la figura de un murciélago viniendo hacia mí en un túnel...

 

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Ruta del Cares: Diferencia entre ser y estar

Asturias, España — jueves, 24 de septiembre de 2009

Son muchas las propuestas para hacer deporte en Asturias: Senderismo, barranquismo, descensos por el Sella en canoa, montar en Quad o en bici…

Nuestras pretensiones: hacer la senda del oso en bici  y,  nuestro mayor reto y lo que más ilusión nos hacía, la Ruta del Cares. Mi marido la había hecho diecisiete años atrás y estaba muy emocionado.

Poncebos está a unos 25 kilómetros desde Mestas.

Antes de comenzar fuimos a ver donde estuvieron acampados el último año que la acampada libre estuvo permitida, 1992. Me quedé estupefacta,    "¿entiendes ahora por qué te decía que nos levantábamos cada mañana con una vista alucinante?"- me dijo riendo; yo quería ver el Puente de la Jaya, pues llevo años oyendo historias, una de ellas sobre él: “donde Manolo (un amigo) perdió el jabón”… ¡qué vistas del río Cares!.

La Ruta de la Senda del Cares, también llamada “Garganta Divina”, tiene una duración, según los carteles indicativos de la ruta, de tres horas de Poncebos a Caín (12 kilómetros) y, lógicamente, de tres horas de vuelta (otros 12 kilómetros).

Comenzamos la caminata. Eran las 11:30. Empieza empinado, y en esa primera cuestecilla yo ya estaba sudando la gota gorda. “la siguiente y ya, lo demás es plano” –me animaba mi marido. La siguiente y ya fue una hora más tarde, o lo que es lo mismo, 2.5 kilómetros después, cuando uno llega a las ruinas de una casa, que por el olor que despedía entendí era usada como urinario.
¡Peligro de desprendimientos! –te informan. Da impresión andar por allí y mirar al frente y ver los cortes de la montaña. A uno se le eriza el vello sólo de pensarlo.

Medio kilómetro después alcanzamos Los Collaos, donde hay una explanada para recuperar el aliento, mientras lees la historia de la senda, expuesta en un cartel, que viene a ser más o menos ésta:

En un principio fue de uso exclusivamente pastoril y sólo empezaron a cambiar las cosas después de 1916, año en el se comenzó a delimitar un sinuoso y precario sendero para que los operarios de la compañía Electra de Viesgo pudieran vigilar y mantener un canal de agua, canal que transportaba parte del caudal del Cares para su aprovechamiento hidroeléctrico en esta Central de Camarmeña. La construcción de esta central eléctrica supuso el ensanche mínimo de una vereda con continuas subidas y bajadas, desde la presa de Caín hasta Camarmeña.
La ruta fue abierta a base de picos y dinamita. Se dio por finalizada en 1921. Debido a la dificultad del terreno y por problemas técnicos se cambió la idea de abrir un solo túnel por los 71 que finalmente fueron abiertos, para cubrir el canal de 11 kilómetros, construidos por 500 trabajadores que empleó la obra. Están marcados con números en la piedra. Testimonio de estas dificultades fueron las dos vidas que se perdieron.
En septiembre de 1945 para solventar las dificultades de mantenimiento del canal de la antigua senda, emprendieron las obras de la actual, que se prolongaron hasta 1950. Para ello se realizaron diversos trabajos, como picar roca, para fiar cargas de dinamita que abrieran camino; levantar muros de piedra, para construir la senda a nivel; instalar rudimentarios teleféricos manuales, para cruzar personas y carga de un lado a otro del río (a mi esto se me hace imposible mirando desde lo alto a una casita allí abajo); cortar madera, para construir los puentes que, salvando abismos de hasta 60 metros, obligaban a los obreros a trabajar atados con cuerdas. 11 vidas se cobró la montaña en esa ocasión.
Al pie de las montañas se pueden ver las señales de los barrenos.

Los Collaos están a 500 m. de altura. “Hay tanto oxígeno que me duele al respirar”
-comenté, “Deberíamos haber traído una botella de polución” –bromeó mi marido. Nos reímos… por la gracia y también porque sabíamos que, a partir de ahí, el desnivel es casi inexistente.

Dos kilómetros más tarde, es decir a cinco kilómetros del recorrido, se llega a la Majada de Culiembro. En un nuevo cartel la leyenda “Poncebos 1 hora 45 minutos, Caín 1 hora y media” nos indicaba que aún nos quedaban al menos dos horas, pues nosotros hasta este punto habíamos tardado 2 horas y tres cuartos. No habíamos ido a mal paso, sólo que de vez en cuando nos deteníamos a disfrutar del paisaje, pues no teníamos prisa y, además yo quería sacar fotos de todo (una vez pasadas al ordenador, y después de eliminar alguna, esta foto marca el número 78 –lo que significa que me va a costar decidirme por cuáles ilustraran el diario, porque cada vista me parecía impresionante, y cada foto ahora que las miro y remiro me parecen igual de… no sé… flipantes).
Buchito de agua y a seguir caminando.

Poco después se llega a un puente en donde queda delimitado un lado (por el que llegábamos) del Principado de Asturias, el otro Junta de Castilla-León.

La altura aumenta respecto al río y llegamos al Puente de Bolín, que cruza el río, como digo, a gran altura. Más adelante se vuelve a cruzar por el Puente de los Rebecos. Y por si alguien tiene dudas de por qué se llama así, allí estaban los rebecos, antes de pasar el puente, por si los senderistas tienen a bien regalarles algo de comida.
2 ó 3 días más tarde de que cruzásemos nosotros este puente se produjo un accidente un poco antes de llegar a él. Una niña de diez años de edad resultó herida de gravedad –fractura ósea abierta grave en tobillo y fémur, y profundos desgarros de piel y músculo en el muslo y el pie izquierdo-, al caerle encima varias rocas. Coincidió que había un grupo de personas, todos ellos enfermeros y médicos, que pasaban en ese momento por allí, y atendieron a la niña en tanto llegaban los efectivos de rescate, entablillándole la pierna, ¡Uff!

Por último, se recorre una zona de túnel, excavado en la roca, con ventanales. Es la zona más angosta del recorrido y también la más oscura, pero esos ventanales permiten ver un espectáculo inigualable (y supongo que en temporada de deshielo mucho más “espectacular"): la caída del agua por la roca.

A la salida de éstos se llega a la presa de Caín.

A las cuatro menos cuarto de la tarde estábamos pidiendo dos cervecitas fresquitas y dos bocatas. Como no queríamos demorar mucho la salida, para que no se nos hiciera de noche en el camino, a las cuatro y media reanudamos la marcha.

Ahora parecía que íbamos más rápido, puesto que el número de fotos a sacar ya era menor. Y digo “parecía” porque a la subida que hay antes de llegar a los Collaos lo llaman “la puntilla”. Yo ya estaba avisada, pues me lo había comentado mi amiga Paloma (escapadadefinde), pero aún así me sorprendí de lo dura que es. Lo que ocurre es que ya, a esas alturas, flaquean las fuerzas.

¡ay madre, pobre de mí! ¡aún nos quedaba la última bajada! Si para subir sudé la gota gorda, para bajar creí que me iba a despeñar, pues me resultó más difícil y peligroso.

A las 20:07 le pedíamos a un señor, que de seguro trabajaba en los Picos, y que nos había adelantado corriendo… sí,sí ¡corriendo!, que nos sacara una foto juntos pues “habíamos conseguido llegar enteros”. Se echó a reír y nos tiró la foto.

“Nos adelantó hasta el Tato” y fue entonces cuando nos dimos cuenta de la diferencia que hay entre Estar en forma, y Ser de forma… en nuestro caso, de forma redonda. Es una ruta de dificultad baja ¡juas,juas, juas, pues a pesar de esto... en la parte derecha de atrás de mi coche luce orgullosa una pegatina en la que pone “Ruta del Cares”, y lo que quiere decir es “yo he hecho los 24 kilómetros de la Senda del Cares… y no todo el mundo puede decir lo mismo”.

Tips:

Para hacer la Ruta del Cares es imprescindible llevar buen calzado y ropa cómoda, una gorra para protegerte del sol (si procede), agua (por descontado), alguna barrita energética (“por si las moscas”), y por supuesto la cámara de fotos

En Asturias, España

En la ruta la senda del Cares con salida desde Poncebos hasta Caín y regreso (24 km), la táctica más usada para hacer la mitad de kilómetros es disponer de dos coches: uno lo aparcarán en Poncebos y la persona o personas partirán desde Poncebos; otro lo aparcarán en Caín y la persona o personas partirán desde Caín; A mitad del camino se intercambiarán las llaves de los coches. Mi consejo es que, si usas esta táctica, te montes en el coche de Poncebos a Caín. Bajo mi punto de vista es más bonito. Otra opción es coger un autobús desde Caín a Poncebos. Y ¡hay que madrugar!. Nosotros fuimos un jueves fuera de temporada que digo yo (24 septiembre) y nos resultó difícil aparcar, no me puedo imaginar en agosto o en fin de semana.

En Asturias, España


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Últimos comentarios

martindaco dice:
Bueno, bueno, veo que estás un poco floja. Nosotros la hicimos con los hijos y fue como pasear por un "tontódromo", recuerdo que ví hasta gente que conocía de Madrid, en la ruta del Cares. Pensé ver para creer.
Pero el sitio es precioso.

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cibeles dice:
Un poco floja no, un mucho, y como pensé que no sería capaz... estoy muy contenta.
así que encontraste gente que conocías, es que en realidad es cierto eso de que "el mundo es un pañuelo"

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escapadadefinde dice:
!Felicidades por conseguirlo! Ya sabes....!Hay que ponerse en forma!!!
Mereció la pena ¿Eh?

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cibeles dice:
sí, sí que la mereció, fue verdaderamente increíble. Para otra vez será la de Bulnes, sin Funicular claro.
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babydollspain dice:
ejjejeej Bonita experiencia... y si, uno se piensa en mejores condiciones de lo que luego la ruta demuestra... genial que la acabaste!!!
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