Relatos catarinenses

Escribe: mochacharme
Recorrido por algunas de las playas màs bonitas del Estado de Santa Catarina. Si bien las distancias entre las playas del estado son cortas si de kilòmetros hablamos, recorrerlas en bus hace parecer lo contrario. Desde el norte del estado hasta la playa màs hermosa a mi parecer en el sur, estos son los relatos de una semana a todo bus, històricos pueblos de pescadores, mucha lluvia, planes fallidos, algunas decepciones, mares azules para un batalla y muchas saudades...

 

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Armazao y praia do Matadeiros

Armação, Brasil — jueves, 20 de enero de 2011

A media tarde nos tomamos un ómnibus en la puerta del hostel hasta Armazao, a unos pocos km. Èste es otro pueblo pesquero de tradición artesanal. Al parecer el mejor pescado de la isla se come en el sur. Armazao en español significa “marco”, y era el nombre que se le daba al lugar utilizado para la caza y matanza de las ballenas para utilizar su aceite para la iluminación de la zona en tiempos coloniales. Tambièn se explotaba su carne, su grasa y aletas. Tradiciòn que logrò en su momento la extinción de èstas. Actualmente recuperada la especie en la regiòn, la observaciòn de la ballena franca representa un ingreso considerable para el turismo de la costa del estado catarinense.


El ómnibus te baja en la zona de la iglesia, cementerio, centro comercial y acceso a las playas màs cèntricas. La Iglesia de Santa Ana, construìda en 1772, es la atracción principal del pueblo, que gira y se dispone en torno a ella. Fue alli donde la primera tripulaciòn dedicada a la pezca de ballena con arpòn se confesò y participò de la misa antes de salir al mar. Fueron bendecidos los pescadores por el sacerdote de turno luego de la misa, èl mismo se llegò hasta la costa para despedir a los barcos. En ese entonces de eso se vivia. Sobre las ruinas de aquella iglesia colonial hoy se erige una construcciòn algo màs moderna.


El pueblo en verano es un popular fuerte de vida nocturna, con variedad de bares y restoranes. Luego de ver algunos comercios y tamarnos un helado por kilo, caminamos unas cuadras hasta el rio, por el cual cruzamos un puentecito hacia la vecina Praia do Matadeiros, una vez del otro lado, el caminito peatonal se mete entre selva y piedras gigantes, y desemboca en una playa muy linda con morros de vegetación menos espesa, y con arbolitos. Antes de llegar a la playa pasamos por al lado de una casilla donde vive un hombre que ha hecho de ese rincòn su hogar, vive al costado del camino peatonal, con sus gatos y sus libros, vende gaseosas, agua, libros, postales, souvenirs y cosas por el estilo. La playa es de corta extenciòn y se encuentra por esas horas con mucha gente, todas las voces hablan un idioma que conocemos de memoria, sobre todo por los modismos y lunfardos propios de nuestra lengua. Pasa un vendedor y le compro un vestido playero color maiz, con bordados de flores en dorado y chocolate. Luego caminamos hasta el final de la playa, y una vez que llegamos al morro siguiente que tiene hasta palmeritas inclinadas hacia el agua, nos sentamos en unas piedras grandes a ver el atardecer. El sol que va apagàndose en tènue luz, parece brillar por ultima vez durante unos minutos sobre una islita a unos km. enfrente nuestro. El agua se empieza a llenar de surfistas. Y nosotras antes de que oscurezca del todo regresamos a Pantano do Sul.

Por la noche Josefina se sentia mucho mejor, asi que enviè una reserva por mail al Hostel Portunhol en Barra de Lagoa, en el centro-este de la isla, donde planeàbamos pasar los ùltimos dias y desde alli movernos por las playas del norte para conocer algunos pueblos màs.
 

Tanto Pantano do Sul, como Armazao, Matadeiros y otros pueblos y playas del sur de Florianòpolis conservan ese aire artesanal  y bohèmio que los distingue de las superpobladas playas de norte. Florianòpolis parece tener propuestas turìsticas para todos los gustos y necesidades. Pero es una isla grande, extensa, inabarcable, se necesita mucho tiempo para recorrerla toda, se sugiere ir en auto o alquilar vehìculo.


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Pròximos capìtulos de este diario: Santo Antonio de Lisboa, Guarda do Embaù y Barra de Lagoa.
 
 
 



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