Un Paseo por Arequipa

Escribe: Katsumi
UN PASEO POR AREQUIPAArequipa, la Ciudad Blanca, la custodiada por los volcanes, la de un clima maravilloso, la ciudad del eterno cielo azul, la ciudad de caudillo… una ciudad que encierra en...

 

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Capítulo 1

Un Paseo por Arequipa

Arequipa, Perú — lunes, 6 de diciembre de 2004

UN PASEO POR AREQUIPA
Arequipa, la Ciudad Blanca, la custodiada por los volcanes, la de un clima maravilloso, la ciudad del eterno cielo azul, la ciudad de caudillo… una ciudad que encierra en sus calles la magia de un pasado histórico y su continuidad en el presente. Y en esas mismas calles un ojo avezado puede descubrir las huellas de los movimientos sísmicos como recordatorio de un pasado geológico que es un presente.
Arequipa, ciudad donde la piedra sillar se manifiesta prácticamente en todas sus construcciones tanto antiguas como modernas, confiriéndole ése, su color, el que la distingue y la hace única: el blanco. Y ésta, la Dama de Blanco, es una ciudad en armonía, en balance, aún frente a los bulliciosos y variados turistas, a quienes los recibe como hijos propios abriéndoles las puertas de sus tierras, enseñándoles sus secretos…
Recorramos Arequipa y conozcamos por medio de esta ciudad única, un poco del Perú milenario.

Perú, un país milenario
Recorriendo las calles netamente turísticas de esta antigua ciudad uno puede encontrarse con una gran diversidad de negocios orientados a nosotros: los turistas. Son esos típicos puestos de souvenires, ropa típica y bolsos artesanales (siempre necesarios a la hora de rearmar las maletas, porque por mágicas circunstancias nada vuelve a su lugar y siempre falta espacio). En la ciudad de Arequipa mi lugar favorito para caminar, recorrer y conocer esta cultura a través de sus artesanías fue “El Fundo el Fierro”, casona colonial remodelada para que sus antiguas habitaciones blancas mirando al patio principal se convirtieran hoy en puestos de artesanos (con quienes como en casi todo punto turístico, hay que regatear) y cumpliendo con mi ritual personal adquirí una remera roja con una frase que me atrapó: “Perú milenario”. Al leerla quedó en mí inquietándome… pese a mi pasión por la historia poco sé del Perú, exceptuando su sello: Los Incas, e íntimamente vinculadas con ellos sus principales ciudades, concebidas hoy casi como un destino de peregrinación de cientos de miles de turistas, siendo Machu Pichu y Cusco las joyas de la corona turística del Perú… Pero estando en Arequipa logré vislumbrar que antes de los incas hubo una historia en la cual ellos se basaron y que luego de la caída del imperio en manos de los españoles, otro capítulo no menos fascinante se inició en la historia de este pueblo, de esta increíble nación.
Perú es un país milenario, ya que en su actual territorio se han encontrado pruebas de la existencia de grupos humanos en etapas tempranas del poblamiento de América; algunos de estos grupos evolucionaron a verdaderas culturas que dejaron testimonios mudos de su paso por la tierra, así hoy podemos recorrer sus ruinas que nos enseñan una grandeza que no llegamos a comprender. Dentro de estas culturas podemos mencionar a la Chavín, Chimú, Nazca y Tiwanaku, como también los Wari, Chancay, Mochica, Lambayeque y Moche. Pero no solo sus ciudades en ruinas, artesanías, pinturas y textiles nos han dejado para que podamos descubrirlos, sino también sus tumbas, las cuales pueden ser consideradas como puertas al entendimiento de su historia… hoy el hallazgo arqueológico más importante del siglo XX luego del descubrimiento de la tumba de Tutankamon, lo constituye la tumba del “Señor de Sipán” encontrada en la costa septentrional peruana. Sin embargo, a pesar de las actuales evidencias de las otras culturas, la civilización emblema del Perú, es, fue y será la Inca, quizás porque cuando los españoles llegaron a estas tierras en 1528 encabezados por Francisco Pizarro, ellos eran los señores de un amplísimo territorio que ocupaba desde el sur de Colombia hasta el centro de Chile, además de Ecuador, Bolivia y el norte de Argentina.
Hoy el Perú exhibe una sociedad y cultura mestizas, fruto de la unión de las milenarias culturas, con la cultura hispánica, a la que se le agregaron siglos más tardes otras manifestaciones culturales de Europa, África y Asia. Este proceso de fusión tiene en el Inca Garcilazo de la Vega a su máximo exponente. En las obras pictóricas, imaginería, la arquitectura colonial, así como las expresiones artesanales modernas junto con la música y bailes típicos de la región, como también su cocina, hacen del Perú un país con un inmenso bagaje cultural, gracias al cual el turista es tratado como hermano y no como extranjero.

Arequipa, la ciudad de los distintos nombres
Arequipa, la ciudad blanca… Arequipa, la del eterno cielo azul… Arequipa, la ciudad caudillo… Arequipa la ciudad de los volcanes… Arequipa la ciudad de las peleas de gallos y de la lucha de toros… Para mí Arequipa es una ciudad con un sello propio, con personalidad, con estilo y espíritu, una ciudad de la cual uno no se cansa y las horas resultan escasas para ver y conocer, una ciudad en la que uno puede perderse por sus calles y así perderse en el tiempo… una ciudad en la cual la mezcla de los tiempos se dio de manera armoniosa y fluida, puede que esto haya sucedido así por el material básico de construcción, el sillar… el cual aún hoy es usado en la construcción.
Tiene el nombre de Arequipa un significado? Respecto al origen de su nombre existen dos versiones: la leyenda y la etimológica; esta última determina que la palabra Arequipa deriva del aymará “ari qhipaya” que significa “detrás del pico” haciendo referencia al volcán Misti el cual domina el horizonte arequipeño. Sin embargo yo prefiero la leyenda, la explicación que nos trae la tradición… cuenta la historia que el inca Mayta Capac pasaba con su cortejo por la zona y tuvo que hacer noche, al otro día cuando emprenden el viaje nuevamente, parte de su comitiva le pidió permiso para establecerse indefinidamente en el valle de lo que hoy es Arequipa, y su respuesta en quecha fue “Ari kepay” que significa: sí, quedaos.
Arequipa y su zona no nace con la llegada de los españoles, sino que su historia puede encontrarse en cuevas donde los primeros hombres dejaron sus huellas por medio de pinturas, o por el tallado en piedras. Dentro de estos primitivos habitantes se destacan los collaguas, hábiles tejedores y dueños de grandes rebaños de alpaca. Pareciera que el espíritu de ellos aún permanece en la zona porque una de las industrias más importante es la textil empleando lanas de auquénidos.
La ciudad fue fundada el 15 de Agosto de 1540 por Manuel Garcí de Carabajal con el nombre de Villa de la Asunción de Nuestra Señora del Valle Hermoso de Arequipa en la ribera izquierda del río Chili, asentada sobre un valle estrecho, templado y fértil que forma un oasis sobre las áridas tierras que dominan la región. A lo largo de las diferentes corrientes migratorias provenientes del viejo continente, una gran cantidad de vascos se asentaron en estas tierras; se sabe que Arequipa era la ciudad en las colonias con la mayor proporción de blancos, quizás también por este motivo haya sido llamada la ciudad blanca. Su historia está caracterizada por la existencia de importantes caudillos y revolucionarios quienes sostuvieron con sus vidas el movimiento independentista. Es tal el vigor de su gente que aún hoy se destacan por su marcado regionalismo.
Hoy la ciudad de Arequipa, al pie del volcán Misti (caballero) y secundado por los volcanes Chachani y Pichu Pichu , es la segunda ciudad en importancia del Perú después de Lima. Ubicada a más de 2000 metros de altura y en una zona de casi permanentes temblores, su belleza, su luz, sus paisajes cautivan a sus visitantes. Su clima es extraordinario, seco y límpido, con más de 300 días de sol al año, con temperaturas que no suben de los 25º y muy raras veces bajan de los 10º. Su crecimiento y fuerza pujante la llevó a convertirse en el centro comercial e industrial más importante del sur del Perú. Es el cruce casi obligado de trenes, aviones y caminos. Sin por todo esto perder la hospitalidad y amabilidad para con el viajero, brindándole una gran variedad de hostales y hoteles, contando también con todas las facilidades de transporte y comunicaciones de una ciudad moderna.
Arequipa, una ciudad en la cual sus calles están bordeadas de verdaderas bellezas arquitectónicas desde los magníficos templos, cómo el de los Jesuitas; conventos, como el de Santa Catalina hasta la Mansión del Fundador… todos ellos mudos testigos de su pueblo y testimonios de los movimientos arquitectónicos que acompañan a los cambios culturales.
El corazón vivo y fuerte de esta ciudad es la Plaza de Armas, la cual está rodeada por la Iglesia Catedral, de estilo neoclásico la cual sufrió gravemente en el gran terremoto del 2001 dado que una de sus torres fue totalmente destruida, hoy esa torre esta totalmente reconstruida; y por tres portales hechos en granito y con bóvedas de ladrillo y cal: el Portal del Cabildo (Portal de la Municipalidad), el Portal de las Delicias (Portal San Agustín) y el Portal del Regocijo (Portal de las Flores). En su centro se encuentra una fuente de bronce de 3 platos, coronada con la Figura de un soldado del siglo XVII, llamado el Tuturuto. Esta plaza es el punto de encuentro de muchos arequipeños y para nosotros los turistas, un punto de referencia. La plaza está invadida de palomas a las cuales uno puedo alimentar mientras algún fotógrafo captura ese instante.
Uno de mis sitios favoritos fue el Complejo e Iglesia de los jesuitas. La fachada del templo es una obra artística de una belleza exquisita, un ejemplo magnífico de lo que fue el arte barroco mestizo. Todo su conjunto, iglesia y claustro, forma un monumento representativo de la arquitectura religiosa propia del siglo XVII (1660). La estructura del actual templo data del 1650 ya que la estructura original (de 1573) fue destruida en un terremoto de 1584. El claustro jesuítico, donde antaño vivían los padres, hoy está destinado a negocios de distinta índole, desde el local de venta de anís, a un estudio de abogado pasando por tiempo tiendas de venta de tejidos. El paso es cautivador y otra muestra del arte hispánico-mestizo, las columnas de los distintos patios están todas finamente talladas. Tanto la Iglesia como el convento han sido construidos con la piedra madre de la ciudad: el sillar.
También en las inmediaciones de la Plaza de Armas encontramos el Monasterio de Santa Catalina, entrar en él le permite a uno hacerse una imagen mental de la vida de las religiosas. Fue construido para albergar a las hijas de las familias más distinguidas de la ciudad con vocación religiosa. El monasterio fue inaugurado el 2 de octubre de 1580, bajo la advocación de Santa Catalina de Siena, como un centro de clausura absoluta, y así se mantuvo hasta el 15 de agosto de 1970. Santa Catalina es una ciudad dentro de otra ciudad y su distribución es similar a la de los primeros barrios de Arequipa. Las habitaciones presentan una gran variedad arquitectónica. Parte del claustro evidencia las muestras de los últimos terremotos.
Y si uno es un apasionado de la historia la ciudad cuenta con una serie de museos de gran importancia y de una alta calidad. En el Museo Arqueológico de la Universidad de San Agustín se exhibe una colección de objetos de las culturas Nazca, Tiwanaku, Wari e Inca, además de objetos de la época colonial; en el Museo de Arqueología de la Universidad Católica Santa María de Arequipa se exponen más de 1000 objetos incluyendo fardos funerarios de los distintos grupos culturales de la región, además de material perteneciente al período transicional y de la colonia. El Museo Santuarios Andinos de la Universidad Católica Santa María es un lugar dedicado a la protección y exhibición de objetos y momias encontradas en las cimas de diferentes volcanes, estas momias eran ofrendas al dios Apu para que no entren en erupción; la mayoría de ellas se corresponden con niños y adolescentes, a modo de ejemplo en el museo y de forma privilegiada se exhibe la Dama de Ampato, una niña de unos 12 o 14 años con un excelente grado de conservación conseguido gracias a las condiciones ambientales reinantes en la zona, ella había sido ofrecida al dios Apu Ampato. Esta niña fue objeto de estudios en diferentes laboratorios tanto nacionales como internacionales tendientes a determinar y conocer como era su vida, que enfermedades tuvo y como fue su muerte. La momia se encuentra en un estado increíble, se puede apreciar su piel, sus uñas, el cabello, la forma del cuerpo bajo sus ropas aún conservadas… al verla me pregunto si sabía a lo que iba a la cima del volcán… si sus padres la entregaron sin siquiera cuestionarse que a donde iba nunca iba a regresar… la visita fue increíble y contamos con la guía que nos explicó detalles que desconocía, como que los incas sabían de la existencia de la corriente del niño, y que podían determinar cuando esta iba a suceder porque en el mar aparecía molusco rojizo en grandes cantidades con el cual elaboraban distintas artesanías, además antes de ingresar en las salas donde se exponen los objetos de las diferentes tumbas, uno pasa a una sala de video donde le proyectan un documental de las expediciones que encontraron las distintas tumbas y se recrea como fueron los últimos días de esta niña, la Dama de Ampato.
Ya en los alrededores de la ciudad, en la campiña de Arequipa existen lugares con historia y vinculados a la vida de Arequipa; uno de esos sitios es el mirador de Yanahuara, construido en el siglo XIX está conformado por una serie de arcos de sillar en los que se han grabado las palabras y frases de célebres arequipeños, cada una de esas frases resalta el espíritu indómito de este pueblo. Desde este mirador la vista de toda la ciudad es privilegiada destacándose con todo su esplendor el volcán Misti. Otro mirador que se destaca por la vista es el que se encuentra en el distrito de Cayma, este poblado es llamado el Balcón de Arequipa.
A unos 8 km al sur de Arequipa se encuentra el Molino de Sabandía, el cual fue construido en 1785 representando la arquitectura típica de la región, en la que predominó el uso del sillar. Se destaca por sus rústicos balcones y por el mecanismo empleado por el molino para mover la piedra de moler. Caminar en los alrededores del molino… escuchar la cascada formada por el agua desviada… descansar la vista y el espíritu en ese verde intenso de los prados que rodean el molino, es un lugar que no puede dejarse de lado.
A unos 9 km. de la ciudad encontramos la Mansión del Fundador, ésta fue construido en piedra sillar al borde de un acantilado, siendo una de las casonas más tradicionales de la región. Construida por el fundador de Arequipa, Manuel Garcí de Carabajal para vivir alejado de la ciudad con su familia y especialmente pensando en su hijo mayor. La casona a la largo del tiempo ha sido propiedad de de diversas personalidades arequipeñas, sin embargo el esplendor de los primeros tiempos y el que hoy vive no fue una constante, ya que quedó prácticamente destruida y en ruinas y se debió realizar una gran labor de reconstrucción para reabrirla al público. Como testimonio de la ocupación chilena que se efectuó en la Segunda Guerra del Pacífico quedó el dibujo de un “roto” chileno que aún hoy se puede apreciar con todos sus detalles.
Un poco más alejado, a unos 30 km, uno encuentra los baños termales de Yura, estos pozos están ubicados en las faldas del Volcán Chachani a 2575 m. Sus aguas tienen propiedades terapéuticas con temperaturas que varían entre 23 y 28 grados. Estos pozos fueron construidos entre los años 1810 y 1831 siendo los que hoy se mantienen y usan.

Terminando el paseo
Mi visita a la ciudad de Arequipa terminó en un día domingo por la mañana cuando iniciamos el viaje de regreso a casa. Ya en el bus que me llevaba a la frontera, a la ciudad de Tacna, el recuerdo de lo vivido me acompañaba, lo que había conocido, lo que había tocado, lo que había visto llenaban mi mente de recuerdos y de las emociones experimentadas en cada uno de esos momentos… como el nudo en el estómago al ver a Juanita, la Dama de Ampato, era la primera vez en mi vida que estaba frente a frente de una momia de la cual había leído y me había informado… y ahí estaba ella en su silencio absoluto, en su sueño eterno frente a nuestros ojos, ojos curiosos, algunas veces, ojos sin compresión de aquellos que no alcanzan a vislumbrar la maravilla que tienen frente … recuerdo la sensación de flotar y de calidez en los pozos de aguas termales en los cuales no podía dejar de pensar que estaban por cumplir 200 años! El claustro jesuita con sus columnas finamente talladas… el silencio del Claustro de Santa Catalina donde por cientos de años cientos de mujeres encerraron sus vidas en esas paredes en un acto de adoración a Dios… la vista de los tres guardianes eternos que encierran en su interior el fuego de la tierra…
Sin embargo los recuerdos más importantes están asociados con los arequipeños… ellos se describen como indómitos, pero tratan a los turismos con una calidez increíble… recuerdo a los policías que me ayudaron cada vez que el mapa me vencía, su amabilidad, cooperación y cuidado hacia mi persona me dejó sin palabras… al guía de turismo que durante todo un día nos presentó una Arequipa diferente ya que nos la mostró a través de sus ojos, los ojos de un arequipeño de pura ley… la dueña del restaurante vegetariano quien nos explicó y nos introdujo el sabor de la comida vegetariana… el dueño del restaurante Sonccollay quien no solo alimentó el cuerpo con una exquisita comida inka y preinka sino que procuró alimentar nuestras almas y conocimiento contándonos acerca del origen vivo de la humanidad, coincidencias de lo andino con las viejas civilizaciones del mundo, dejando flotando en el aire una pregunta que está buscando una respuesta: es el quechua la lengua madre? Y a la par que comíamos carne de alpaca cocida a las piedras, una rica ensalada compuesta por distintas variedades de papas con quesos, porotos pallares y tomate, y la chochoca, una sopa compuesta a base de harina de maíz con charqui de alpaca, disfrutábamos de una grandiosa vista desde los balcones del restaurante en la cual el fondo del paisaje estaba totalmente dominado por el Misti, cual caballero protegiendo a su Dama…
Mi mejor recuerdo de Arequipa son los arequipeños, porque ellos sintetizan en su esencia el sincretismo de la culturas milenarias de estas tierras y las nuevas culturas provenientes del viejo continente y Asia, su espíritu es indómito, rebelde y regionalista, pero cálido y amable para los foráneos, procurando hacerlos sentir como hermanos.
Y me permito pedir prestadas unas palabras para finalizar este paseo: “De corazón, larga vida para ti y quienes te quieren”.


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