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La magia del archipiélago Los Roques

Escribe: Masteryamani
Unos días en Los Roques, Venezuela, un lugar fascinante, sólo mar, la nada y un horizonte para detenerse a pensar qué hace uno viviendo día a día en las demenciales ciudades.

 

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Capítulo 1
 

Los Roques

Archipiélago Los Roques, Venezuela — domingo, 22 de noviembre de 1998

El 16 de noviembre de 1998 volé a Venezuela. Otro fin de semana sin trabajo con el conjunto me daba la libertad de elegir un nuevo destino para conocer en esas dos semanas. Luego de pasear por Caracas durante seis días, sentí la necesidad de visitar una buena playa; estaba en el mar caribe y no podía desaprovechar la oportunidad. En Caracas no hay lindas playas. La razón principal es el puerto de La Guayra. Para conseguir aguas transparentes, arenas blancas y palmeras hay que viajar unos 300 km al sur o al norte de la capital, o bien volar a alguna de sus islas. Caracas se encuentra en medio de un valle; para llegar al mar hay que atravesar las montañas por túneles; es bastante peculiar.   

Una mañana me levanté temprano y me dirigí rumbo al aeropuerto en busca de mi ansiado sueño caribeño. De niño alucinaba con esos mares color turquesa que veía en películas de piratas y el falso remedio que aplacaba esa ilusión eran las playas de la costa argentina en donde te congelás si tenés la osadía de meterte al agua.            

Una vez en el aeropuerto, era, como tantas otras veces, dueño pleno de mi destino. Con algunos dólares en el bolsillo, sólo quedaba decidirme y abrir las puertas del ensueño.           

Me llamó la atención un bonito stand  de viva naturaleza y unas fotos surrealistas que iban más allá de mis pueriles sueños. Me acerqué y luego de contarle mis fantasías caribeñas a la vendedora, ella explayó con admiración: “¡Chico, pues lo que tú andas buscando es Los Roques!”. Eran las diez de la mañana y el siguiente vuelo a tal destino partía a las cinco de la tarde. En realidad nada para cumplir un sueño; había esperado por veinticinco años; siete horas eran ahora sólo ínfimos segundos.           

Viajamos en una avioneta  militar, de esas verdes camufladas con capacidad para unas treinta personas. Son cuarenta deliciosos minutos de vuelo mar adentro en los cuales se puede observar un caribe único; pero el verdadero sabor está cuando se acerca al archipiélago; se pueden divisar los cayos que forman esos grandes piletones de color turquesa entre decenas de pequeñas islas.           

Los Roques
es un archipiélago, una bellísima reserva natural que descansa en medio del elegante mar de las Antillas. Tiene su isla principal, la Gran Roque, que es la única en donde uno puede alojarse, el resto son todas islas vírgenes. En la Gran Roque no hay autos ni vehículo alguno; es una isla muy pequeña, de callecitas de arena en donde sólo existe un pedazo de pista en la que aterrizan las avionetas con esmerada exactitud. Al bajar hay que caminar para conseguir un hospedaje.           

Me alojé en una hermosa posada, muy al tono con el lugar cuya dueña era una mujer de carácter fuerte y excelente cocinera. La primera noche dormí en el patio, en una hamaca paraguaya (si es que allí también son paraguayas) porque no había lugar disponible.           

La Gran Roque no tiene playas; es un amarradero de botes y un santuario de inquietos pelícanos. Hay que alquilar un botero quien te lleva y deja en la isla que uno desea y se compromete a pasarte a buscar al atardecer. Como las islas carecen de todo  –menos de magia y belleza-, por el precio de la habitación me correspondía una heladerita con un helado botellón de agua, un suculento sándwich de pescado y algunas frutas que serían el alimento diario ya que una vez en la isla nadie podría sacarme de allí que no fuera el botero y no había forma de obtener alimento alguno. También me dieron una sombrilla y un snorkel.           

Es inexplicable lo que se vive en ese paraíso. Solo en medio del caribe; había elegido una isla en la cual no había nadie y ¡era toda para mí solito! La arena parece harina, tiene su misma textura lo que hace que el sol se refleje con mayor intensidad. El mar es algo de otro mundo, una imposible transparencia sin igual, de una cálida temperatura en medio de una intensa calma. Es más transparente que una piscina ya que el fondo es de arenas tan blancas que lo hacen prácticamente irreal.   

Embebido en mi sueño que ahora se tornaba real, descuidé el intenso calor del trópico y el poderoso sol caribeño comenzaba a destrozar mi cuerpo. Recién a la noche sentí el hiriente fuego que arrasaba mi piel, comenzaron a hincharse mis pies de tal forma que me era imposible caminar ni moverme. Estaba en llamas, envuelto en un dolor paralizante debido a la excesiva exposición solar sin protección alguna. La mujer de la posada me había conseguido una planta de aloe vera que era un bálsamo increíble ante esa hoguera desesperante, y una suiza, también de la posada, me prestó unas poderosas cremas humectantes que insinuaban una pasajera calma. 

Estaba realmente mal y mi estado preocupaba a la dueña quien me había prohibido ir a la playa de ahí en más. Recuerdo que a la mañana siguiente llegó enfurecida hasta la mesa del desayuno gritándome debido a que le había manchado con aloe vera (y según ella no salía más) el juego de sábanas que le había regalado un matrimonio español y el cual ella me había advertido la noche anterior a no mancharlo colocando una toalla encima. Yo, mientras ella hacía los cuartos, aproveché y me escapé de la posada rumbo a otra isla. Como dije anteriormente, me había prohibido ir a la playa por mi estado de quemadura, a lo que hice caso omiso. Había ido por tres días solamente y nada ni nadie frenaría mi viaje, mi sueño. Esta vez no tenía alimentos, por lógica no pude llevar la heladerita, así que le dije al botero que me dejara en una isla con un poco de gente para poder conseguir un poco de alimento ajeno.

Rápidamente me hice de buenos amigos en esta nueva isla quienes me invitaron con sabrosos alimentos. Ese día estuve siempre vestido y hasta me metí al mar con pantalón largo, remera de manga larga y ¡medias! ¡Qué bueno! Demás está contar el reto que me comí de la dueña de la posada por mi aventurada huída a las playas del paraíso. Me decía enojada y a los gritos: “Si quieres ir a la playa vete, pero déjame antes la dirección de tus padres en Argentina para saber adónde mandar el cuerpo”. Era una buena mujer, se preocupaba por mi estado. Luego del reto se disculpó por el incidente de las sábanas, reconociendo que había estado un poco dura conmigo esa mañana.            

Los desayunos y las cenas eran increíbles. Preparaba unas sopas de mero y de mariscos sabrosísimas, como nunca probé, y unos fantásticos desayunos tropicales.           

Al tercer día, ya sin huir, elegí una isla más lejana, propicia para el buceo. Con el equipo de snorkel y un guía submarino, tuve la suerte de bucear en unos arrecifes bellísimos, repletos de corales y peces de colores en un fascinante mundo submarino.            

Me costó irme de allí. Fueron tres días en el paraíso; un lugar tan solitario que llamaba a la reflexión en medio de la nada; sólo finas arenas y un mar de ensueño.

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Últimos comentarios

maratial dice:
Ah, que lindo tu diario, me sigue tranportando a los sueño, ya que hace varios años que quiero ir alli. Este año estuvimos a punto de ir, pero ciertas cosas siempre frenan nuestra decisión de conocer finalmente Venezuela, espero que no falte mucho para ello. Saludos!
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DonClodo dice:
Masteryaman: Conosco muy bien los Roques, realmente son muy bonitos, lamento tu incidente y te comprendo porque el sol se refleja en la arena y cuando uno se quema es de verdad. Cuando quieras islas solitarias y bien bonitas, te recomiendo el Carbe Panameño, las Islas San Blas, pra mi son las islas mas bonitas de todo el caribe.
un abrazo.

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Masteryamani dice:
Gracias DonClodo, estuve en Panamá pero no en esas islas, me las perdí! Lo voy a tener en cuenta.
Saludos

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Caribense dice:
Muy poetica tu narración amigo, aparte de interesante y explicativa, lástima lo de tu insolación, pero por lo menos no impidió que conocieras otras islas. Se me despertó el deseo de conocer tan maravilloso lugar. Gracias
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carinho9 dice:
masteryamani, creo q has ido a una de nuestras zonas mas bonitas... tenemos un pais espectacular, con 3000km de playas caribeñas, montañas con nieves eternas en pleno tropico, llanuras al estilo de tus pampas pero con el calor tropical, y las regiones mas antiguas de planeta de grandes sabanas, cerros planos (tepuyes), caidas de agua infinitas (salto angel o churunmeru en el auyantepuy) y cascadas con colores increibles, rios enormes q t llevan a zonas apenas pobladas... y su gente, como esa no existe...!!
seguramente, luego de esa forma estrepitosa y escandalosa de reclamarte lo de las sabanas, la sra de la posada te adopto como "propio"...
solo un par de cositas, es La Guaira, con "i"... y las hamacas son VENEZOLANISIMAS, son al igual q en muchas partes de America, de origen indigena, y si son tejidas se les llama Chinchorro...
un beso!

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rdg1958 dice:
Hola amigo, bonito relato, soy de argentina y estoy planeando ir a los roques. Tengo la duda de cuantos dias ir, pues a pesar de ser hermoso podria combinarlo con algun otro, tu que me recomiendas en cantidad de dias, con que otro lugar combinar y que islas visitar desde la gran roque pues se que son muchas. gracias.
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luciofernandez69 dice:
Excelente tu relato! Estamos planeando nuestra luna de miel a Margarita. Nos ofrecieron esta excursión y estábamos en dudas... Gracias a vos la duda ahora es cuántos días quedarnos en Los Roques. Realmente nos transportaste hasta ahí! Muchas gracias!
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