Cartagena - Archipiélago de San blas

Escribe: flotacaribe
Relato de mi primer viaje entre cartagena y Panamá . 3 días y 3 noches de navegación en un velerito para descubrir las maravillas del archipiélago de san blas, un primer viaje largo pero que me lleno de felicidad y me animo a seguir navegando hasta ahora!

 

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Mostros marinos

Archipiélago de San Blas, Panamá — lunes, 8 de marzo de 2010

Fueron 3 dias o 4 , ni sé ni recuerdo, ni me importa, porque después de este primer contacto con el timon quedé de segunda marinera, y hizé mis turnos como los muchachos, eso si, que cuando venia la tormenta, soltaba el timon y seguían ellos. Pero me quedaba al lado a veces si dormir por mucho tiempo para aprender. Y el mar da regalos fantásticos.

  • El primero fue de tamaño: unos 3 cachalotes! No se veía tierra, puro mar, y planchado porque no había nada de brisa, cuando se escucho el soplado raro y unos de los pasajeros mostró la dirección, estos mostros se nos iban acercando  y nosotros hacía ellos, hasta que los pudimos observar con detalle! Estos mostros son más curiosos que uno! De tanto acercarse nos vinieron encima y pasaron debajo de nuestro velerito! No me asusté porque un día en ecuador había tenido la oportunidad de observar ballenas y había ocurrido lo mismo. Esta vez eran 2 cachalotes adultos y una cría, los grandes median de pronto 10 metros, parecían más grande que el bote!  Tuvimos tiempo de sacar foto, y una video  que nunca nos mandaron.. snif. Que euforia a bordo, que fiesta, que alegría, la naturaleza es poderosa.
  • El mar estaba bien calmado, demasiado parecía para la tripulación de abordo. Pero que importa? No tenemos afán nosotros! Y hay comida para 10 dias! Cada rato se pone una línea y se saca pescado, comimos atún dorado y uno que parecía azulado, uno lo hicimos crudo con limón el otro frito. Eso si que toca tener el corazón bien amarado cuando se le saca el anzuelo de la boca, se mata, y se corta. El atún es de sangre roja! Y mucha sangre! Pero es una delicia!
  • Como íbamos lento los muchachos nos propusieron de tirarnos al mar! Cuanto metros de profundidad? No se sabe? Después de 100 metros el profundimetro queda callado, seguramente mas de 2000 metros de profundidad eso si. Que sensación tan rara, casi miedo que un gigante del mar le venga  a comer el pie a uno! Y este mar tan azul, uno abre los ojos debajo del mar y no se ve puro azul oscuro transparente hasta que ya no se ve nada porque no llega más la luz.  Nos tiraron un cabo desde el barco, lo pusieron en marcha y íbamos remolcados cagados de la risa! Soltaron la cuerda y nos quedamos como estúpidos en el medio del mar. Y ahí, uno piensa.¿Que haría yo, si no hacen marcha atrás? Nada, porque no hay nada que hacer! No voy a nadar a toda velocidad porque nunca alcanzaré el bote! Y no se ve tierra.. Así que uno se relaja y antes que se dé cuenta el velero ya esta acá no más y uno se tiene que embarcar de nuevo. Casi que uno se quisiera quedar en esta inmensidad!

Pero no fue todo, este viaje es todo un cuento animal! Cuando vimos las primeras costas, el mar seguía planchado, O brisa. Eso si nos hacia demorar más, pero toda la tripulación a bordo estaba tan feliz de navegar que nadie se molestaba que el viaje se alargue.

  • Fue el capitán esta vez que lanzo la señal, “aleta” “pero no es delfin”-  Qué cosa tan loca, un animal anchooooo, con puntos blancos, una aleta chiquitica pero que quedaba a la superficie… un tiburón! Pero no cualquier, un tiburón ballena! No que locura. Es que estos animales ni los había visto hasta ahora el capitán, y más tarde hablando con otros capitanes supimos que en este viaje tuvimos muuuucha suerte de ver todo eso. No se demoró nada este gigante, lo vimos pasar bien cerca , le observamos la cabeza y el cuerpo y se nos fue, nadie tenía la cámara a mano así que pailas. De eso solo hay fotos en la mente. Este día aprendí que en el mar, muchas veces, hay que sacar fotos con la mente, porque son instantes de belleza, de sorpresa, de felicidad que no pueden captar la cámara.
  • Poco antes de llegar a la primeras islas, se veía la costa a lo lejos, recuerdo  que el sol estaba recién amanecido, un grupo de delfines no hizo la visita, eso es bastante común cuando uno llega cerca de las costas, se ponen en toda la proa del barco (la punta adelante) y cogen velocidad y juegan con el barco, es muy chistoso, uno casi los puede tocar, van a veces saltando al lado de la embarcación, parecen muy curiosos. Como se quedaban bastante tiempo, el marinero emitió un grito raro y se tiro al mar! Qué risa! Le tiramos un cabo se agarró pero ya se habían ido los delfines. (en otro relato contaré mi primera experiencia de nadar con los delfines).

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