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Conocimos el Paraiso en Isla Diablo
Escribe: jimenez225
Esa noche la luna iluminó la isla, el mar y el archipiélago. Prendimos una gran fogata –que podía verse desde la luna-, Jimmie nos relato los dramáticos eventos de un barco contrabandista que huyendo de la ley encalló y se fue a pique en la isla vecina. Ansiábamos amaneciera rápido para escudriñar ese barco. Esa noche armé mi tienda de campaña en la playa y dormí a cielo abierto pensando en ese barco.
Conocimos el Paraiso en Isla Diablo en el Archipielago de San Blas
Archipiélago de San Blas, Panamá — lunes, 26 de enero de 2009
Salimos de Carti Yandup cargado de vituallas y muchos “merikis”. Más allá sobresalen tres islas de respetable tamaño comparado con los otros. Una será nuestro destino. Están lejos uno del otro. El mar sigue enfurecido. Hicimos escala en una cuyo nombre es un trabalenguas. Parece pintada por la mano de un pintor juguetón.
Las elegantes palmeras se mecen tiernamente movidas por la brisa, el mar es un turquesa intenso y en la playa, de arenas pulverizada, yacen como sibaritas dos “merikis”. Seguimos. No es nuestro destino. Lamentamos mucho que no nos alojaran allí.
Nos acercamos a Isla Aguja (Icodup). Está poblada de muchos viajeros, de tiendas de acampar y cabañas. La playa está rebosando de gente. La isla es larga y espigada como una aguja. Los “merikis” que nos acompañan se apean en la isla. A nosotros nos señalan la siguiente isla, Niadup, (Isla Diablo). Está lejos, pero rodeada de islas. Nitzia nos consuela prometiendo que estaremos más cerca del Paraíso que los “merikis”. Y así fue.
Tuvimos isla Diablo solo para nosotros. Apenas dos chozas, cinco hamacas que invitan al ocio, palmeras cargadas de cocos, una playa de postal, un apacible mar de irrepetibles azules y “Jimmie”, (a) Edgar, abuelode Nitzia, el mejor cocinero de toda la comarca, un kuna setentón, con una vitalidad envidiable a quien apodamos “Be wisi” por su inteligencia y sagacidad. Y lo mejor de todo, disponíamos de un pozo de agua dulce, (no tan dulce) para quitarnos el salitre del cuerpo a la hora de dormir. Qué más podíamos pedir. ¡Estábamos en el Paraíso!
Luego de almorzar una gran ensalada, acompañada de un pescado ahumado que rebosaba el plato, decidimos bucear. Bastó colocarse la mascarilla y el universo marino se abrió inmenso. Buceamos los arrecifes y reventaba de vida. Rutilio, un joven kuna, consumado navegante a vela, llegó, y en la playa pescó media docena de respetables “jureles sin mas nada que un anzuelo sin carnada. ¡Era para quitarse el sombrero!
Buceamos, nadamos y nos dejamos seducir por la inigualable belleza del entorno para luego sumirnos en un profundo letargo filosófico. Algunos durmieron a pierna suelta en hamacas y otros en la tersa playa. La tarde trajo consigo unas parejas que después no quisieron irse. Montaron tiendas de campañas y metieron dentro todos los muebles de una casa.
Un hermoso y fatigado sol caía detrás de la isla vecina. Busqué mi cámara y dispare esperando que con esos destellos empezara a hablar Dios. No lo hizo, pero saqué unas fabulosas fotos. Esa noche la luna iluminó la isla, el mar y el archipiélago. Prendimos una gran fogata –que podía verse desde la luna-, Jimmie nos relato los dramáticos eventos de un barco contrabandista que huyendo de la ley encalló y se fue a pique en la isla vecina. Ansiábamos amaneciera rápido para escudriñar ese barco. Esa noche armé mi tienda de campaña en la playa y dormí a cielo abierto pensando en ese barco.
EL PARTO KUNA, LA SIEMBRA DEL COCO Y LOS NOMBRES KUNAS.
Al día siguiente, Jimmie aclaró que no se llamaba Edgar. Nos extraño que respondiera a ambos nombres sin reparo ni sobresaltos. Eso me recordó que los Kunas durante su vida entera llegan a tener tres nombres: el que le ponen al nacer, el que le dan en la pubertad y el nombre latino. Recordé los rituales o eventos para la cual se ponen sus nombres.
Una noche, hace 39 años escucho un alboroto, salgo de mi hamaca y corro a la choza vecina. Anduriña, esta por dar a luz. Puja de dolor. La partera le dice jeringonzas mientras le soba unos mejunjes por la cara. El “brujo” llega y me saca de la choza y al poco rato escuché el berrido de un bebé. Luego veo salir al brujo y la partera con unos trapos. Algo traman. Por un instante pensé que había muerto el recién nacido –ya no la oigo llorar- Me aterré y los seguí como ladrón al acecho. Se fueron del lado deshabitado de la isla, cavaron un hoyo en la arena húmeda y metieron el contenido del trapo en el hueco. Lo volvieron a cubrir y plantaron encima un arbolito de coco. Luego el brujo entonó letanías. ¡Habían enterrado la recién nacida! Corrí a la choza a consolar la devastada madre y está amamantando a su tierna hija.
No me atreví a preguntar. Ya había tenido varias metidas de patas con la comunidad por metiche. Tenía que averiguar que cosa habían sepultado. Meses después supe que habían enterrado la placenta. Habían retornado la misma a la Madre Tierra. Es matita de coco era el patrimonio de la recién nacida. Como dinero en el banco. Un bien respetado. Al que pescan robando cocos ajenos es castigado severamente.
Días después, el padre llevó el cordón umbilical seco de su hija recién nacida a tierra firme y lo enterró y plantó encima un árbol de aguacate. Ese árbol también es sagrado, respetado y más dinero, pero en otro banco.
Cuando la niña empezó a caminar me pareció extraño que en vez de ponerle un nombre en propiedad la llamaban por un apodo. Y creció respondiendo a este apodo. Vivía sin alma. Supe después que cuando las niñas entran en la pubertad y le celebran la gran Fiesta de la Chicha. Yo participé de uno. Es un ritual que dura 4 días, en la que todos se emborrachan con jugo de caña largamente fermentada, y luego le cortan la larga cabellera a la niña, y en un ritual complicado le ponen un nombre Kuna -relacionado con algún atributo físico o evento- ganándose el derecho de colocarse sobre la cabeza su pañoleta roji-amarillo. Las niñas no lo usan. De niña pasa a mujer. Todos la verán apta ya para casarse. Y se casará antes de los 16 años.
El nombre kuna lo mantendrá la isla entera en secreto cómplice de todos los “wagas” (foráneos). Yo conviví entre ellos un año y nunca me enteré de ningún nombre kuna. Sin embargo a mi me llamaban; “Waga-Ome” –Latino-mujer- por mi crecida cabellera- y luego me pusieron “Nono sereti” -cabeza dura, esa es una larga y una complicada historia-. Y puesto que los kunas viven, estudian, trabajan o viajan a las ciudades procuran ponerse nombres de “wagas” famosos como Belisario Porras (uno de nuestros presidentes). Cuando regresan a sus islas vuelven a sus nombres kunas. Así viven entre dos mundos.
EN LAS AZULES AGUAS DE ISLA PERRO HAY UN BARCO HUNDIDO.
Esta a una zancada de nuestra isla. Es de una exuberante belleza. Playa de arena pulverizada, muchas palmeras, una choza y un rosario infinito de visitantes. Y a poca distancia de la playa estaba los restos del barco hundido. Un atractivo que todos escudriñan menos nosotros. Un cayuco pasa, lo llamamos y negociamos para que nos cruce a ACHUDUP (ISLA PERRO). Esta repleto de nadadores así como de buceadores. La playa es de un azul tan turquesa y diamantino que no hay pintor que pueda reproducirla.
Mis compañeros se lanzaron al mar desde la embarcación todavía en marcha. Que mar tan transparente. Tanto que no distingues el agua. No resisto la tentación, me despojo de mis ropas y me lanzo al mar como en mis años mozos. El barco hundido reconfiguró por completo mi percepción de la vida marina. Estallaba de vida. Arrecifes de todas las formas y peces multicolores coexistían en perfecta armonía en aquellas bodegas y mamparas del barco. La escudriñe a mis anchas y lamenté, créanlo, lamente no tener una cámara submarina. Descubrí una relajante paz allá abajo. Baje a sus bodegas y me topé un apacible mero que me ignoró. Yo también.
El tiempo transcurrió si prisas y me dedique a fotografiar a mis anchas. No sé en que momento vino el cayuco y cuando nos embarcamos nos grita una mujer kuna. Está molesta. Nos estamos yendo sin pagar tributo de uso de playa ($1.00 USD por persona). Le pagamos y sigue molesta porque está cansada que muchos bañistas le escamotean el tributo. Esa larga noche caímos rendidos de cansancio pero dichosos de haber descubierto ese maravilloso universo marino.
CONTINUARA...
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Últimos comentarios
pki dice:
estupenda narración, no se nada de los Kunas, voy a buscar mas información...
Me hubiera gustado estar allí, dormir en la playa,
que suerte que hayas disfrutado de estos dias.
Gracias por tu relato.
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skyhawk dice:
Hola Amigo!!! te cuento que tus diarios son magnificos!!! muy ilustrativos y encantadores!!! lo que le falto es un pequeño detalle, me hubiera gustado que des detalles de medios de transporte, precios, lugares para dormir, para comer etc, lo que pasa que nesecito info ya que en Marzo del 2010 estaré visitando ese pais y obvio también el Archipielago y sus fascinantes Islas.
Ahh me olvidaba se nota que habia excases de mujeres por como la admiraban a la alemana Martina jajajajaja...
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Alucine dice:
Fantástico!
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clau-dia dice:
mi don jimenez querido! ud.anda por todos lados! comenze a buscar mi proximo destino vacacional y como por arte de magia lo vi en los primeros diarios, ni siquiera sabia bien que buscaba!! y aqui estoy , atrapada nuevamente por su relato, por el fervor con que escribe, por la magnifica narración... jajajajajaj!!! quiero ir a ver esas islas!!! eso es varias noches?donde lo contrata? se puede ir a otras zonas como boca de toro ? otras bellas playas para aconsejarme...me gusta lo natural no mucho gentío ni grandes hoteles ....vamos hombre escribame algun buen itinerario que pueda hacer en panama incluidas estas islas, que muero por ya ir a las fotos
gracias como siempre, por meterle adrenalina a mi vida!!!!!
un abrazo desde argentina
Claudia
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clau-dia dice:
guau!!!! FANTASTICAS FOTOS!!! SIIII QUIERO IR A ESTE GRUPO DE ISLAS.- esta decidido, por fv cuando tenga un tiempito , escribame para conocer detalle, la foto del mar en isla perro es francamente MARAVILLOSA !!
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1
Conocimos el Paraiso en Isla Diablo en el Archipielago de San Blas
Archipiélago de San Blas, Panamá | 26 de enero de 2009
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