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Polinesia Francesa: el paraíso oceánico (Parte II)

Escribe: Merlinna
En esta segunda parte podrás conocer y alucinar con el resto de las islas de este archipiélago de ensueño. Entre plantaciones de frutas tropicales, buceo entre corales milenarios y peces de todos los colores y formas, descubrirás el tesoro del que vive gran parte de su población: la perla negra. Y si te queda tiempo, puedes surfear un rato, o simplemente caminar y llenar tu alma con las delicias y paisajes de este rincón del mundo.

 

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El archipiélago de las Tuamotu

Archipel des Tuamotu, Polinesia Francesa — jueves, 4 de marzo de 2010

Está formado por 78 islas y atolones, en dos alineaciones paralelas al este de las Sociedad. Treinta de estas islas se encuentran en el interior de la laguna central. La isla más conocida es Rangiroa, el segundo atolón más grande del mundo (sólo superado por Kwajalein, en Micronesia)una excelente opción para quienes buscan la soledad. Un atolón coralino perfecto con un hotel de lujo y un par de hoteles algo más sencillos, donde la única ocupación del visitante es bucear en sus aguas cristalinas y disfrutar de la paz más absoluta.

Rangiroa produce soledad, alejamiento, de todo eso hay lo que se quiera, bellezas naturales sin cuento, pero ni una brizna de lo superfluo. Los fletes encarecen los vinos, o la ropa, aunque lo que se precisa de verdad es un bañador y un pareo. Si te conformas con la vida de los isleños, los paumotu, es otro cantar. El agua de coco cuesta la voluntad de agujerear una nuez. Y el agua de mar no hace más que pedir que le pesquen sus tremendos excedentes de peces y mariscos.

¿Quiere estar uno rodeado de peces de colores por todas partes y sentir sus pellizcos? Nada más fácil que sumergiéndose un poco en un simple trozo de mar que llaman El Acuario. ¿Se desea emular a Robinson por un día? El Lagon Bleu, la parte de la laguna de Rangiroa que congrega con más intensidad el turquesa del mar y la blancura cegadora de playas vacías, tiene palmitos, cocos, cangrejos, y la lluvia que pueda caer. Lo difícil no es llegar al Lagon Bleu, estando a una hora en barco de Avatoru, sino despedirse de sus arenas, fondos marinos y charranes. La perfección del mundo antes de que empezaran los deseos humanos.

Playas, después de todo, es lo que no falta en Rangiroa. Casi todo el óvalo del atolón dispone de arenales, aunque si alguien se aburre de sus habituales colores blancos como harina siempre puede rizar el rizo en Les Sables Roses. Eso queda en la otra punta de la laguna, a más de dos horas en lancha desde Avatoru, pero cuál no será tu sorpresa al pisar una arena de color rosado, producto de la finísima erosión de conchas y corales, y no encontrar las huellas de Viernes.

El único problema puede ser disponer de tiempo y dinero. El espacio está más que garantizado, es único y prácticamente inabarcable. La laguna de Rangiroa, la segunda mayor del mundo después de la de Kwajalein en las Islas Marshalls, podría contener Tahití de sobra. Su anillo coralino de 75 kilómetros de este a oeste, y de 25 kilómetros de norte a sur, encierra 1.640 kilómetros cuadrados de mar, demasiado tal vez para ser tildado de laguna. En cambio, Avatoru, el mayor pueblo del atolón, se despliega en una cinta de coral que a menudo no llega a cien metros de anchura. Puedes plantarte en instantes desde el océano en la laguna y conocer pronto de vista, y casi de nombre, a sus menos de dos mil habitantes.

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Últimos comentarios

Loreen dice:
Excelente material! Felicitaciones! De donde sacaste toda esta informaciòn. Cuantas veces pudiste ir alli? podrias contarme sobre los precios en dolares? Desde ya muchas gracias!
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