Diarios de Antártida - Crónicas del viaje a dedo más austral de la historia
Escribe: lau_bsas
Comenzamos este viaje queriendo cruzar América. Con el objetivo de unir los dos polos del continente alzamos nuestros pulgares ansiosos por llegar a Ushuaia. Pero una vez en destino nos dimos cuenta de que aunque las rutas finalizaban allí los mares se abrían paso a nuestros ojos...y decidimos ir por más. Esta es la historia de un viaje dentro de otro viaje, de como dos mochileros entusiastan no hiciero caso a los límites y buscaron desafiarlo todo. Un viaje a dedo hacia el continente blanc
En Isla Decepción, ¡metidos en el agua!
Antártida — viernes, 19 de noviembre de 2010
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Y es de todo eso que me estoy acordando esta mañana en que desayunamos admirando un paisaje que poco se asemeja al que venimos viendo en los últimos días. Nos estamos alejando y se nota: el color del agua es diferente, ya no se ven trozos de hielo por doquier y las montañas se abren paso entre el blanco y se dejan ver con más claridad. De hecho esta mañana nos vemos rodeados, y se debe esto a que el Ushuaia se ha anclado, literalmente, en el medio de una medialuna. Se trata de Isla Decepción, que en realidad no es una isla sino el mismísimo cráter de un volcán. Hace más de diez mil años la chimenea de este volcán asomaba unos cuantos miles de metros sobre el nivel del mar, siendo a simple vista una montaña más del paisaje. Sin embargo fue en una violenta erupción sin precedentes en que su fisonomía se vio modificada y con ella el destino de esta formación. Al magma que emergía furiosamente desde la cima se sumaron erupciones que, no llegando hasta la boca del volcán, lo perforaron en uno de sus laterales, causando la ruptura del cono. De esta forma las gélidas aguas antárticas encontraron un paso hacia el interior del volcán permitiéndoles a los marineros acceder a lo que hoy se conoce como una de las bahías naturales más protegidas del mundo.
Aquí el color del agua es más turquesa y lo primero que notamos al desembarcar es la espesa bruma que reina en la orilla, producto del encontronazo de temperaturas tan extremas. El agua es igual de helada que en cualquier otra parte, pero no es nieve lo que nuestras suelas encuentran, sino roca volcánica que nos da una calurosa bienvenida que mis pies agradecen. Avanzamos un poco y a medida que la bruma se disipa nuestros ojos descubren oxidadas figuras enclavadas en la arena.
Lo que al principio eran siluetas desdibujadas en el horizonte se despliegan con el avanzar de nuestros pasos como un gran museo accidental, los vestigios de lo que en su momento fue la suntuosidad de una industria. El tan afamado negocio ballenero del que se hace referencia de forma continua queda aquí en evidencia, en estas viejas máquinas oxidadas y en las ruinas de lo que alguna vez fueron viviendas. No se sabe si tanta estructura aún permanece de pie con el orgullo de un guardián inquebrantable o con la nostalgia de la abundancia perdida. El hecho es que hoy ya no son marineros aventurados los que llegan a estas tierras, sino turistas curiosos a escuchar historias y a zambullirse en el único lugar de Antártida en donde el cuerpo humano puede darse un baño sin perder la vida en el intento.
Isla Decepción funcionó como una de las principales estaciones balleneras de comienzos de siglo. Desde aquí se procesaba todo el aceite de ballena que luego era transportado hasta Europa. La matanza era indiscriminada, y las consecuencias se ven inclusive hoy en día, pese a que existen planes para proteger y recuperar especies. La última ballena azúl, por ejemplo, fue vista en los años 60. Se estima que se llegaron a cazar más de 5000 ejemplares en una sola temporada. Ahora bien, ¿dónde están entonces los esqueletos de tamaños mamíferos? Quienes visitaron el lugar en pleno auge aseguran que el panorama era tétrico: costas bañadas de aguas rojas, miles de osamentas apiladas en el extremo de la bahía y un olor putrefacto, difícil de soportar. Pero todos recuerdan el espectáculo de los esqueletos amontonados. Esto se debe a que durante mucho tiempo se ignoró el hecho de que la mayor riqueza se encontraba en los huesos y se procesó solo la grasa, descartando los esqueletos, que se iban acumulando con el correr de los tiempos. Hasta que en el año 1911 Inglaterra, que reclamaba Isla Decepción como territorio dependiente de Malvinas, otorgó una licencia a los noruegos, quienes reconociendo la soberanía de los ingleses sobre estas tierras obtuvieron un permiso de 21 años para operar en la estación. Así en lugar de transformar la grasa en aceite hirvieron los huesos y la carne para conseguirlo. Para tener idea de los valores que se manejaban en aquél entonces basta condecir que a un solo barco que viniese del Noruega, por ejemplo, le alcanzaba con cazar un solo ejemplar para cubrir los gastos, pagar a sus marineros y sacar además algo de ganancia. Y por qué cazar una sola y hay un mar entero a disposición. ¿Suena aterrador, no? ¿Pero podemos juzgar a estos hombres que sólo fueron esclavos de la economía dominante? ¿Qué los diferencia de los empresarios del petróleo o de los comerciantes y compradores de oro? La matanza de ballenas nos causa horror porque hoy se han convertido en mamíferos místicos, que sirven de promoción turística a toda una provincia, pero la crueldad con que se los trató no se diferencia mucho con el trato que reciben las vacas que terminan en nuestra parrilla o la tierra agotada en donde crece soja de manera incesante. En cuestiones de economías dominantes, vale todo. Isla Decepción funcionó como estación ballenera hasta el año 1931 en que fue cerrada, en parte por la crisis financiera que afectó la actividad, y en parte porque la tecnología había avanzado permitiéndoles a los barcos hacer todo el trabajo a bordo sin necesidad de cargar y descargar los animales. Hoy podemos observar gran parte de la maquinaria de la época y algunas viviendas que a duras penas subsisten, albergando consorcios enteros de gaviotines y demás aves que anidan allí.
Ahora bien, luego del interesante tour se requiere un acto de valentía. Sería un crimen dejarlo pasar… Me agarro a una de las maquinas con un brazo y mientras en mi mente resuena una y otra vez el lema de mi vida “Lo que se puede de veras es tan poco..”, con el otro me desvisto a toda velocidad. Y corro. Corro como una demente hacia el agua, corro con total conciencia de estar haciendo una locura, de estar vestida como en pleno Caribe mientras los de alrededor apenas asoman la nariz entre capuchas y bufandas. El suelo está caliente, tanto que no conviene ceder a la tentación de enterrar los dedos, porque quema. El aire es antárticamente helado, pero el primer metro de agua reconforta: es tan poco profundo que la alta temperatura del fondo calienta el agua en cuestión de segundos, y la sensación es agradable. Pero pasado 1 milímetro de esa barrera invisible el agua vuelve a ser congelada y la sensación es la de mil millones de avispas picando juntas al mismo tiempo, la sensibilidad de pierde al instante y antes de que uno le envíe la orden al cerebro las piernas ya están regresando al calor. ¿Tiene lógica que el primer lugar en donde me pueda meter al agua desde que arrancamos el viaje sea este? No, no a tiene, y por eso me encanta.
El breve ensayo del verano que nos espera, sentados en la orilla de la playa admirando el paisaje, se termina pronto y envuelta en una toalla me visto a toda velocidad para que el zodiac nos regrese al Ushuaia, a prepararnos para el último desembarco.
Después de lo que acabamos de vivir, nada podría sorprenderme, y de hecho el último paseo se torna algo poco placentero: se levantan ráfagas de nieve que dificultan el paso, la visión y los embarcos, por lo que ni bien ponemos un pie en tierra y al notar que no podremos hacer nada de lo planeado más que mirar pingüinos, queremos regresar.
El final está cerca y el Drake también, sólo que esta vez ya sé que el sacrificio definitivamente vale la pena.
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Últimos comentarios
MARCEDIAZ dice:
Alucinante!..poder meterse en el mar alli....inolvidable!
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RafaelDelgado dice:
Increible viaje. yo le temo mucho al frio tambien creo que seria una excelnte experiencia...
Publicado
DANIEL76ARG dice:
Gracias por transmitir tanto conocimiento.
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