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Península Antártica, el paraíso se vistió de blanco

Escribe: miguelrieu
Estamos transitando Enero de 2004, y despues de varias contramarchas, de descartar algunos destinos, por repetidos, o por caros, la miro a mi mujer en medio de la cena y le digo "y por qué no La Antartida", y ahí quedó sellado nuestro próximo destino, aunque con algunas dudas de parte de ella, que yo me encargué disipar, pusimos proa (y nunca mejor dicho) hacia el continente blanco, que ya se nos había mostrado esquivo hace años, y ahora estábamos a punto de hacerlo realidad.

 

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El regreso por el temible Drake

Antártida — jueves, 24 de diciembre de 2009

Sábado 7:
Amanece, que no es poco. Es un día esplendido, vamos a desayunar y nos instalamos en cubierta, disfrutando del regreso por el Pasaje Drake, que a pesar del mal momento que me hizo pasar a la ida, hasta ahora esta en calma, hay un sol magnifico y nos quedamos en la proa mirando el horizonte, contemplando la inmensidad del mar y nos parece mentira tanta quietud, que hasta da la sensación de estar navegando en una laguna. Nos quedamos un largo rato, con un poco de melancolía, que provoca la vuelta de un sitio tan alucinante y mágico como el que dejamos atrás, pero en fin , lo bueno dura poco, y todos estos días parecen que hubieran pasado en un instante, y se van agolpando los recuerdos y las mil aneadotas que tendremos para contar, en estos cinco intensos días vividos, en uno de los lugares mas encantadores y cautivantes que deben existir sobre la tierra, al menos esa es la sensación que a mi me produjo. Y que decir del Drake, maligno, aterrador y traicionero, que tiene una fama bien ganada como uno de los espejos de agua más revulsivos del planeta, y sin embargo hoy se presenta manso y tranquilo, como diría Piero.

Después de tanto arrobamiento, nos dedicamos a pasear por el barco, aprovechando la libertad que nos brindan en esta expedición, y además, recibiendo un trato amable y cordial de toda la tripulación, con la cual  hicimos muy buenas migas, y aprovechamos para charlar en cada oportunidad en que nos cruzamos, como en este caso en que nos convidan a matear, y aceptamos el convite. Después de almorzar, nos tiramos un rato a descansar en el salón del bar. , y después nos ofrecen una charla , donde aprovechamos para volcar nuestras vivencias , donde participan varios de los pasajeros como así también los de la tripulación, como el capitán de hielo, la hielologa , la bióloga, mas el líder y sus ayudantes, donde pasamos un buen momento , ameno y simpático, mientras la nave sigue discurriendo apaciblemente por el hoy amigable Drake.

Domingo 8:
Hoy es el último día de travesía, y afortunadamente también gozamos de un clima más que agradable, con un sol  que nos acompañara el resto del día. Aprovechamos para tomar sol en cubierta., luego nos sacamos una foto con la tribulación en pleno , incluido el capitán, la verdad, una gente macanuda , que hacen que los momentos a bordo sean lo mas confortable posible. Después al caer la tarde , antes de la cena se efectúa la entrega de los diplomas , donde certifican que hemos cruzado el pasaje Drake, firmado por el capitán Jorge Aldegheri y el capitán de hielo  Juan Carlos Ianusso, y nos hacen sentir como egresados del liceo, una ceremonia muy emotiva. Mientras el capitán va haciendo entrega de los diplomas, todo el pasaje aplaude y vitorea, y la filipina aplaudía con las rodillas y gritaba ¡¡¡ beso, beso, beso ¡!! (Totalmente chapita), después la cena y luego una festichola  con brindis en el salón del bar.
 
Lunes 9:
Desayunamos temprano, y dejamos preparado el equipaje en la recepción, mientras observamos las ultimas maniobras de la tripulación en cubierta para el desembarco. Ya vemos asomarse las costas de Ushuaia, saliendo del Beagle , sacamos las últimas fotos , con la encargada de la hoteleria , una señora de aspecto ingles, muy amable y servicial, y ya llegamos prácticamente al puerto. Nos despedimos de le gente, de los guías, intercambiamos correos, nos despedimos de nuestros vecinos alemanes, deseando prontamente poder vernos allá en su país. Desembarcamos a las 8hs. Y hacemos tiempo unas horas en la ciudad, hasta después del mediodía en que nos vamos al aeropuerto y a las 14.30 sale nuestro vuelo, con más gringos que argentinos, para llevarnos de vuelta a casa. Como broche final, cabe acotar que esta fue una experiencia que por su magnitud e intensidad, quedara grabada en nuestras retinas por el resto de nuestras vidas.

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