Escribe: marionadeviaje
Llegamos a Buenos Aires. En principio, con tiempo suficiente para cambiar de aeropuerto. Sin embargo, nadie había previsto que se rompieran los carruseles por donde salen las maletas, y los operarios del aeropuerto tuvieran que sacarlas una a una, a peso. Así que, lo que era tiempo suficiente para hacer la escala, se convirtió en un margen ridículo de tiempo para recoger maletas, cruzar la ciudad en hora punta y volver a facturar...