Alaska: la reserva natural de Norteamérica

Escribe: Divagante
Territorio poco explorado en sus profundidades, Alaska ofrece bosques y arroyos abundantes en peces y fauna, incluyendo los fascinantes y peligrosos osos Kodiak. Los glaciares y picos nevados proporcionan muchos paisajes espectaculares e inhóspitos, dado que la mayor parte de Alaska es inaccesible. Este quizá sea el destino más popular entre cazadores, pescadores, fotógrafos y exploradores de la naturaleza de todo el territorio estadounidense.

 

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Capítulo 1

Alaska: la reserva natural de Norteamérica

Anchorage, Estados Unidos — jueves, 3 de febrero de 2005

Introducción al territorio salvaje

El estado 49 de la Unión es el más septentrional y occidental de todos, además del de mayor extensión. Situado casi en zona ártica, esta región limita al este con la provincia canadiense de Yukón, al sur con la Columbia Británica y el océano Pacífico en el golfo de Alaska y al norte con el océano Glaciar Ártico. Al oeste el estrecho de Bering la separa de Asia.

A pesar del tópico, Alaska no es una tundra helada, sino que más bien las montañas y los bosques son la tónica dominante en su paisaje, como atestigua su buen número de parques nacionales. La cordillera Brooks se extiende por el norte de oeste a este, mientras que la cordillera Alaska -que alberga el pico más alto de EEUU, el McKinley (6.194 metros)- lo hace por el sureste y los montes Kuskokwim por el sureste. Algo más al sur, la cordillera de la Costa domina las tierras al oeste del golfo de Alaska, conocidas como Pasaje Interior (Inside Passage). Cruzándola por su parte central, el río Yukón desemboca en el estrecho de Bering.
En la zona sur, la más poblada, destacan las penínsulas de Kenai y Alaska. La zona central está llena de lagos y fértiles valles. Al norte, ya por encima del Círculo Polar Ártico, la helada tundra, rica en recursos petrolíferos, domina el paisaje. Además, Alaska está integrada por una gran cantidad de islas, como la Kodiak al sur, las Aleutianas, continuación de la península Alaska, y las Prifilob, ubicadas frente a la costa occidental y que integra a las islas San Lorenzo, San Mateo o San Pablo, aunque las más importantes son las situadas cerca de la Columbia Británica en el Pasaje Interior, como la que alberga la capital, Juneau, accesible tan sólo por mar y aire.


Las raíces de Alaska se hallan en los pueblos indígenas que la han habitado desde hace más de 10.000 años. Aleuitas, inupiat, inuit, athabascans, tinglit y haidas han sobrevivido en una naturaleza hostil basándose en la caza, la pesca y la fabricación de herramientas, sobre todo con marfil y hueso. También han sido artesanos, tallando figurillas de marfil, hueso y madera, y han creado todo un sistema de creencias cuyo máximo exponente son los tótems dedicados a animales sagrados para la tribu, además de chamanes, bailes y ceremonias, todo ello en perfecto equilibrio con la naturaleza. En 1971, la Alaska Natives Claims Settlement Act le devolvió los derechos que la colonización les había negado.

Existe en el estado una cultura particular, basada en el amor por la naturaleza y la emoción por la caza y la pesca. En sus habitantes reside el orgullo de los pioneros. Muchos de ellos son descendientes de los buscadores de oro de la fiebre del Klondike y eso aún se nota.

Festividades

El verano es una época ideal para las celebraciones en Alaska, dado que los días son templados y muy largos. Por ejemplo, en Fairbanks se celebra un partido de béisbol a media noche para celebrar el solsticio de verano en el cual, a pesar de la hora, no hacen falta focos. Este evento del solsticio de verano se celebra por todo lo ancho del estado, y en cada lugar toma un sabor especial.
En Anchorage, el Día de la Independencia se celebra con juegos y festejos, y sobre todo con unos impresionantes fuegos artificiales.

Región sureste

Es la más poblada, accesible y de clima más benévolo de toda Alaska. Glaciares, parques nacionales, ciudades y ríos llenos de salmones se mezclan armoniosamente en ella. La ciudad más poblada de Alaska, con más de 260.000 personas, Anchorage, está rodeada por un paisaje de increíble belleza: montañas modeladas por glaciares, frondosos bosques, picos escarpados y profundos fiordos.

La Ciudad de las Flores en verano y de las Luces en invierno es un mix étnico que sirve de entrada al resto del estado. Asistir a carreras de trineos, disfrutar de la naturaleza, cenar en lujosos restaurantes o adquirir auténtica artesanía indígena son sólo algunas de las cosas que pueden realizarse en esta urbe ártica. La historia de la zona puede conocerse mejor en Museo de Historia y Arte, mientras que el Alaska Native Heritage Center alberga interesantes muestras del legado de las tribus que han habitado Alaska desde hace 14.000 años.

La fauna típica de Alaska se puede encontrar en el Zoo pero recuerde que encontrará abundante vida salvaje muy cerca en el Chugach State Park. Al sur de la ciudad, la imponente masa helada del glaciar Portage es una buena excursión. El espectáculo del deshielo estival en el que grandes bloques de hielo se precipitan al mar envueltos por un gran estruendo puede verse con toda su intensidad en el Million Dollar Bridge, en la ciudad pesquera de Cordova, al este de Anchorage.

Hacia el sur la península de Kenai se abre hacia el golfo de Alaska. Su abundante fauna marina la convierte en un paraíso para pescadores. Una industria que es la base de la economía de localidades como Homer o Seward. Muy cerca de esta última el viajero se topa con la fría y majestuosa belleza de los fiordos del Parque Nacional de los Fiordos de Kenai. Valles excavados por glaciares que ahora se ciernen sobre las frías aguas oceánicas en una mezcla de roca, hielo y agua habitada por mamíferos marinos, águilas de cabeza blanca, osos, lobos y decenas de aves que anidan en los huecos y salientes de los desfiladeros.

La costa

Esta franja de tierra estadounidense bañada por el Pacífico en la costa de Columbia Británica guarda todo el sabor del pasado, ya sea en sus comunidades indígenas, su legado ruso o los vestigios de la fiebre del oro, que aún pueden verse en el Klondike Gold Rush National Historical Park, un conjunto de edificios restaurados del casco antiguo de Skagway que conservan todo el sabor de esa época de aventureros.
Una fiebre del oro que llevó a finales del siglo XIX a la zona a multitud de aventureros y buscadores de fortuna que convirtieron a Juneau en la capital del estado en 1906. Sus 30.000 habitantes y los numerosos visitantes sólo pueden acceder a ella vía aérea o marítima, lo que da aún mayor encanto a esta ciudad que basó su prosperidad en las minas de oro que la circundan, como la Tradewell o la Alaska Juneau Mine. De la época de dominación rusa queda la iglesia ortodoxa de San Nicolás, con abundantes iconos. Pocos kilómetros al sur encontramos el imponente glaciar Mendenhall, de 19 kilómetros de largo y 2,5 de ancho.

Sitka

No muy lejos de Juneau, fue capital de Alaska durante la colonización rusa, y aún conserva un aire eslavo, patente en las cúpulas bulbosas de la iglesia ortodoxa de San Miguel. El pasado indígena y ruso de la ciudad se combinan en el Sitka National Historic Park, el más antiguo en EEUU, inaugurado en 1910 para conmemorar la batalla de Sitka, en 1804. El fuerte Kiksadi, la Casa del Obispo, otra de las escasas muestras de arquitectura rusa existentes, y la colección de tótems de los tinglit son sus principales atractivos, junto con la posibilidad de ver trabajar en vivo a artesanos indígenas y compartir impresiones con ellos.

Ketchikan

Rodeada de bosques de cedros y abetos, está considerada la ciudad más antigua del estado. Así lo atestiguan sus calles de madera, como Creek Street, llena de tiendas y cafés que otrora albergaran los más famosos burdeles de Alaska. Además, toda la ciudad está ornamentada con tótems de cedro de los tinglit. Los amantes de esta muestra del arte y la espiritualidad de los indígenas americanos no deben dejar de visitar el Totem Bight State Park ni el Saxman Totem Park. Sin embargo, la estrella de Ketchikan es, sin duda, el Misty Fiords National Monument, un conjunto de espectaculares fiordos y montañas que se levantan a más de 1.000 metros sobre las gélidas aguas.

El suroeste

La belleza natural de sus bosques, costas y numerosas islas, como las Aleutianas, contrasta con la violencia de la naturaleza manifiesta en los 40 volcanes, muchos aún activos, y los frecuentes, si bien poco intensos, terremotos que sacuden la zona, habitada por inuit y aleuitas desde tiempos inmemoriales. Sus abundantes reservas biológicas, como las existentes en la isla de Kodiak y en el archipiélago de las Aleutianas, harán las delicias de los amantes de la naturaleza y la vida salvaje, con sus osos, focas y cientos de aves migratorias.
Si hay una joya de obligada visita en la región, ésa es el Parque Nacional Katmai. Situado en la península de Alaska, la erupción en 1912 del Novarupta alteró para siempre su fisonomía, que desde entonces combina el verdor y la exuberancia de sus bosques habitados por osos, con 65 kilómetros cuadrados de lava carbonizada que mantiene una importante actividad volcánica en sus miles de géiseres y chorros de vapor, que le han valido el nombre de "Valle de las diez mil fumarolas".

Fairbanks

Es la segunda ciudad más grande del estado, sede de la Universidad de Alaska, donde cursan estudios superiores unos 8.000 alumnos. Aunque no es una ciudad con encanto monumental o histórico, sus afables gentes aseguran un ambiente agradable. Su carácter septentrional afecta al ciclo de luz solar, de modo que durante el invierno apenas se llega a las cinco horas de sol. En verano, por contra, se puede llegar a las 21 horas de luz solar. Su ubicación la convierte en un lugar ideal para contemplar en época invernal la belleza de las auroras boreales. Las carreras de trineos con perros árticos y los festivales invernales con esculturas de hielo son otros de sus atractivos.

La joya del interior de Alaska es el Parque Nacional Denali. Situado a los pies del McKinley, el pico más alto de EEUU, es el más visitado en Alaska, así que si decide ir a disfrutar de sus encantos naturales ha de reservar la entrada con mucha antelación. Sus montañas, lagos y glaciares son hogar de especies propias de ecosistemas subárticos como lobos, osos, águilas, alces, caribúes, ardillas...

Tierra de sol eterno... y noche eterna

Más allá del río Yukón y la cordillera Brooks se extienden las tierras del "sol de medianoche", ya que durante los meses de invierno se sumen en una perpetua penumbra, mientras que en los meses estivales ocurre al contrario; el sol no se pone. Habitada por los inuit, esta helada tundra de durísimos inviernos y hogar de alces, caribús, osos polares, focas, morsas o ballenas basa su prosperidad en las explotaciones de petróleo, patentes en el oleoducto Trans-Alaska. Accesible desde el sur por la Dalton Highway, a sus maravillas naturales y recónditas comunidades esquimales se llega por vía aérea.

Tal es el caso de Nome, situada en la península Seward y que combina su carácter esquimal -la mitad de sus 4.000 habitantes pertenecen a esta etnia, cuyos objetos artesanales pueden adquirirse en varios establecimientos de la localidad- con vestigios de la era de la fiebre del oro. Un pasado del que queda constancia en las minas que se encuentran a lo largo de la carretera Nome-Taylor. Los afables lugareños combaten el aislamiento con multitud de celebraciones y eventos. En marzo Nome se convierte en el destino de la Iditarod, la carrera de trineos tirados de perros árticos más larga del mundo que anualmente parte de Anchorage. El verano, con sus largos días, es la época ideal para todo tipo de festivales.

Barrow

Es la localidad más septentrional de EEUU. Bañada por el océano Ártico, del 10 de mayo al 2 de agosto el sol no se pone, mientras que del 18 de noviembre al 24 de enero éste no sale. Visitada con frecuencia por osos polares en su incesante búsqueda de focas, está habitada en su mayor parte por inuit, que han combinado a la perfección sus tradiciones con las ventajas de la vida moderna. Entre las primeras destaca su carácter cazador, en especial de las orcas, belugas y otro tipo de ballenas que moran en la zona. La caza, en los meses de abril y mayo, culmina a finales de este mes con el Nalukataq, un festival de celebración por las capturas conseguidas.

La exuberante y prácticamente intacta naturaleza de la región boreal puede disfrutarse en sus numerosos parques y reservas biológicas, donde osos polares, caribúes, alces, focas, aves y pequeños mamíferos pueden observarse todo el año. El único inconveniente para disfrutar de estos parajes durante el verano son las nubes de mosquitos que amenazan con arruinar la visión de tales maravillas naturales. Por ello, no se ahorre un buen repelente.


El Parque Nacional Kobuk Valley alberga además de multitud de fauna salvaje, un enorme conjunto de dunas arenosas creadas por los glaciares a las que se accede después de un cansado paseo de casi una hora. Para observar fauna de todo tipo, si bien de aves como la famosa águila blanca en especial, lo mejor es dirigirse a la península Seward hasta la reserva de Bering Land Bridge, vestigio del antiguo puente que unía América con Asia y que durante la época de las glaciaciones sirvió de tránsito entre ambos continentes para multitud de fauna.

Rutas alternativas

Anchorage, por ejemplo, la principal ciudad del estado, es un lugar sin encanto y fácilmente descartable. También son evitables las excursiones diarias por sus alrededores, en especial las que incluyan algún tipo de crucero.

El glaciar Portage, pese a ser el lugar más visitado de Alaska, suele llenarse de autobuses y no pueden verse animales, por mucho que digan los folletos de las agencias de viaje locales. Sin embargo, otros destinos mantienen el encanto más genuino pese a estar dotados de una infraestructura turística impecable, muy superior a Katmai.

La capital, Juneau, pasa por ser la ciudad más bonita de Estados Unidos según la mayoría de sus 30.000 habitantes. Está ubicada al sur, entre el mar y una gran montaña, y combina modernidad con sabor local. Es la entrada natural hacia una de las joyas del estado, el Parque Nacional Glaciar Bay, muy cerca de la frontera canadiense de British Columbia.
Un enorme brazo de agua del Golfo de Alaska entra en el parque, albergando 16 de los glaciares más activos y espectaculares del mundo. La mayoría de sus visitantes lo hacen a bordo de algún trasatlántico, bastante alérgicos por cierto, pero el gran atractivo es poder recorrerlo en kayak desde Glaciar Bay Lodge.

Apoyándose en la subida y bajada de las mareas, navegar de forma solitaria durante días en la inmensidad de Glaciar Bay supone un espectáculo indescriptible, entre atardeceres fabulosos, glaciares que se derrumban, focas que no se asustan y ballenas que en ocasiones se acercan.

Otro destino sugerente, por distinto, si se está ya en Alaska, es la pequeña población esquimal de Kotzebue, situada 60 kilómetros al norte del Círculo Polar Ártico. Esta población, en la que no se pone el sol durante seis semanas en verano, da acceso a algunos de los mejores descensos fluviales en canoa de toda la zona ártica de Alaska. Pero lo más atrayente es ser testigo de cómo es y cómo vive la población indígena. Conservan buena parte de los hábitos de vida de sus antepasados, tienen licencia expresa para cazar y pescar todo tipo de animales para su propia subsistencia y secan los salmones al sol, como hacían sus abuelos, para poder conservarlos durante los meses invernales, cuando azotan el frío y la oscuridad polares.

Con todo, no han sido ajenos a la conquista silenciosa del modus vivendi capitalista: las motos de nieve le van ganando terreno a los trineos y a los perros, las casas están perfectamente acondicionadas y las antenas parabólicas proliferan en los tejados.

Tips:

Clima: El clima es muy riguroso durante todo el año, aunque en el breve verano (de junio a finales de agosto) las temperaturas son templadas en las costas y al sur de la cordillera Brooks. Las temperaturas más extremas rondan entre los 25° de máxima y los -50°C de mínima. Por encima del Círculo Polar Ártico la luz solar se distribuye a lo largo del año de una muy peculiar forma. Durante los tres meses de invierno se vive en una penumbra total. En esta época se puede además disfrutar del bello fenómeno físico de las auroras boreales. Por el contrario, durante los tres meses de verano el sol no se pone en las 24 horas del día.

En San Giovanni Lupatoto, Italia

Transportes: Avión: Dadas las dimensiones y la geografía del estado, el avión resulta el medio de transporte más recomendable para determinados recorridos, o incluso el único posible. Los vuelos internacionales y desde otras ciudades estadounidenses, especialmente Seattle, suelen aterrizar en los aeropuertos internacionales de Anchorage, Fairbanks o Juneau. Los vuelos domésticos, rápidos y eficaces, suelen realizarse en avión entre las principales ciudades, y en avioneta para zonas rurales, la zona ártica y áreas poco pobladas, donde no existe aeropuerto sino tan sólo una pista de aterrizaje. Existe gran cantidad de pilotos con avioneta propia que llevan al turista hasta donde desee y le recogen en el día y hora prefijado. Además, los helicópteros son cada día más comunes para excursiones en las que se sobrevuelan lugares de destacada belleza. Tren: Es un medio de transporte básicamente turístico. Un recorrido, aunque sea corto, es obligatorio en Alaska por su decimonónico encanto y la posibilidad de ver increíbles paisajes y a la fauna salvaje en plena libertad. Alaska Railroad posee una red ferroviaria que va desde Seward como punto más meridional, a Fairbanks como el más septentrional. Desde ésta última y Anchorage hay trayectos al McKinley y a Denali. La línea Skagway-Whitehorse (ya en Canadá) sigue los pasos de la ruta de la fiebre del oro del Klondike a través de desfiladeros que quitan el aliento. Carretera: El único acceso a las autopistas de Alaska desde los otros estados es la Alaska Highway, que cruza Canadá y Alaska desde Dawson Creek en la Columbia Británica a Delta Junction en Alaska. La Dalton Highway lleva hasta el helado norte paralela al oleoducto Trans-Alaska. La Klondike Highway lleva a la Alaska Highway desde Whitehorse en Canadá siguiendo la ruta de la fiebre del oro. Muchos viajeros recorren Alaska en la Alaska Highway y regresan a Canadá a través de la Marine Highway, conectada con la anterior a través de la Klondike o la Haines Highway. Desde la Marine se llega al Pasaje Interior en transbordador, si bien es caro y las plazas limitadas. Aunque existen compañías de alquiler de coches en Alaska, aquellos que quieran llegar hasta allí desde el norte de Estados Unidos o Canadá deberán aflojar dinero para vencer la inicial reticencia a devolver el coche ya en Alaska. Por lo demás, los vehículos deben tener una buena distancia hasta el suelo, buenos neumáticos y otros de repuesto ya que muchas carreteras son de grava, buena autonomía y algún galón de combustible (las gasolineras son escasas). Hay que conducir con precaución por los baches, heladas, cruce de animales salvajes y otros accidentes del terreno y con las luces siempre encendidas. Herramientas para reparaciones rápidas, una buena manta e informarse sobre el estado de la carretera y la metereología antes de emprender viaje son también aconsejables. Barco: Existen cruceros que recorren ciudades, glaciares y bahías de la costa sur de mayo a septiembre y que llegan hasta la Columbia Británica y Seattle.

En San Giovanni Lupatoto, Italia


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