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Amsterdam: Paseando entre canales ( Octubre 2010)

Escribe: danielhr
Un lugar que se recorre con curiosidad de niño. Una ciudad de arte y de grandes espacios, que guarda miles de pequeñas sorpresas a orillas de sus canales.

 

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Capítulo 1
 

Amsterdam

Amsterdam, Países Bajos — viernes, 29 de octubre de 2010

No habían pasado ni dos meses del anterior viaje, pero necesitaba evadirme un poco de los aires de nuestro país, por lo que, qué mejor que yéndonos a descubrir la Venecia del norte.
Hay lugares que poseen la virtud de la familiaridad, te identificas de inmediato con ellos y, sin saber porqué, te hacen sentir como en casa. Eso me ocurrió con Ámsterdam.
Llegamos al hotel un viernes, siendo casi ya medianoche y después de haber cogido el tren que desde el aeropuerto te lleva hasta el centro de la ciudad y allí el metro, a un cuarto de hora de nuestro alojamiento. Por hoy no daría tiempo a más.
En nuestro primer paseo por la ciudad atravesaríamos varios de los canales más importantes: Prinsengracht, Kelzersgracht y Herengracht. Hay que tener cuidado con la pronunciación, especialmente si te pones a hacer el bobo mientras estás comiendo algo y tratando de pronunciarlos a la vez, pues puedes atragantarte, como fue mi caso. Afortunadamente no pasó de ahí.
En unos minutos estaríamos rodeados de girasoles dorados, lirios, rosas y filas enteras de tulipanes. Estábamos en el mercado de las flores, de visita ineludible.
Interesante también el Begijnhof, que en el S. XIV fue un convento y hoy constituye un oasis de paz formado por pequeñas casas alrededor de un patio.
Pronto llegaríamos a la plaza Dam, tras dejar atrás la Munttoren, una de las antiguas entradas de la ciudad, y recorrer la calle Rokin, llena de oficinas y comercios importantes.
Como estábamos en Halloween nos encontramos con una pequeña feria llena de puestecitos y de atracciones, formando parte a la vez de los monumentos más significativos de esta plaza como el Palacio Real, el Nationaal Monument, la iglesia Nueva o el museo de cera.
A las once de la mañana estaríamos como clavos debajo del obelisco de esta famosa plaza, esperando para comenzar una visita guiada de lo más original. Un amigo me había dicho que no fuera tonto y que la hiciera y al final le hicimos caso. Pronto llegarían unos chicos que nos distribuirían en varios grupos según el idioma que hablaras: inglés o español. Y nos explicaron que durante tres horas nos acompañarían a recorrer los puntos más interesantes de la ciudad, con buenas explicaciones de ellos y un montón de anécdotas. Todo ello gratuito, salvo que al final libremente les quisieras dar la voluntad.
“Desde luego que si hay una capital de la tolerancia y el libre pensamiento en el mundo, sería esta”
Así comenzaba este entretenido y ameno paseo que nos permitiría conocer como en el canal Singel, la fachada del número 182 parece que se inclina hacia delante, preguntándose uno si no será un efecto óptico. No lo es, hasta el punto de que es un sistema que instauró el Ayuntamiento, y muchas casas son así. Se hacía para al subir paquetes con poleas, la cuerda quedara separada de la pared.
En el número 66 de este canal  veríamos la casa que pasa por ser la más estrecha de la ciudad. Descubriríamos como el centro de uno de los puentes que atraviesan los canales, resultó ser el punto más alto de la ciudad. La teoría Okupa con sus casas y chulísimos grafitis, el barrio judío y sus tristes historias, etc., etc., etc.
Tres horas de lo más amenas que pasarían volando. Al final le daríamos al chico diez euros por persona, porque realmente mereció muchísimo la pena.
Después de comernos un pedazo de bocata de salchichas, sentados en la plaza Dam, nos iríamos a hacer el típico paseo en barco por los canales. Uno de los que más me gustaría sería el Reguliersgracht, pues en él confluyen siete puentes.
Acabado el paseo y la siesta de mí amigo, pues aprovechó para echarse una cabezadita, je, je, nos desplazamos hasta la zona de la Estación Central, para desde aquí dejarnos llevar por los canales y callejuelas e ir a parar a la Oude Kerk, la iglesia más antigua de la ciudad y al famoso Barrio Rojo, ya anocheciendo. Aunque es triste, aquello estaba hasta el culo de gente, había calles por donde casi no se cabía. Yo creo que estaban metidos allí la mitad de los turistas que había en Amsterdam. La verdad que era tal cual me había imaginado, una multitud de estrechos callejones, plagados de sex shops y locales con nombres sugerentes, donde las prostitutas te miran y te hacen señas desde sus escaparates.
Ya cansados de tanto ajetreo, nos fuimos a la plaza Rembrant, que tenía un ambientazo, para pasar allí el resto de la tarde y parte de la noche entre espumosas cervezas frías, mientras veíamos a través de los ventanales el ir y venir de la gente.
Amanecía un nuevo día con una ligera neblina que nos acompañaría en nuestro camino hasta la fila del museo Van Gogh, después de pasar por la puerta del Rijksmuseum, el cual no visitaríamos por falta de tiempo.
Después de esperar una hora hasta su apertura, pues abriría a las diez, pudimos ver los famosos cuadros de “Los Girasoles” y “ Los Lirios”, entre otros muchos, y cuando la cosa empezaba a ponerse fea, pues casi no cabía ni un alfiler, salimos huyendo de allí, después de unas dos horas dentro.
Una vuelta por la extensa pradera del exterior del museo y por las afueras del edificio neoclásico del Concertgebouw y para cambiar de aires nos fuimos al Vondelpark, un parque bastante majo, donde unos hacen deporte, otros leen un libro, otros hacen calceta…
Leidseplein, la plaza más animada de la ciudad, sería nuestro siguiente paso. Tras tirar unas cuantas fotos, caminamos por el Prinsengracht hasta encontrar una pizzería, que casi no me gustan, je, je, y nos metimos dentro a descansar y a ponernos ciegos.
Después de comer haríamos el primer intento de subir a lo más alto de la Westerkerk, a su torre del reloj, pero desgraciadamente nos la encontraríamos cerrada.
Así que nada, como teníamos al lado la casa de Ana Frank y no había mucha gente en la fila, pues nos metimos a visitarla. Se te pone la piel de gallina con la historia y todos los detalles que ves, sobre todo viendo que  estuvieron a punto de sobrevivir y por una traición no lo consiguieron. Una lástima.
Como la visita te deja un poco tocado, al menos a mí, pues nos fuimos a tomar unas cervecitas para cambiar el chip y así continuar ya más relajados los paseos por el barrio del Jordaan, un popular barrio bohemio lleno de encanto. Y como ya empezaba a anochecer y el día anterior nos encantó la plaza Rembrant, pues para allá que nos fuimos a ver cómo estaban de frías las cervezas.
Después de pasar un rato por el hotel para reposar la cebada, nos marcharíamos a disfrutar la vibrante vida nocturna de la plaza Leidseplein en Halloween. ¡Estaba a rebosar! Creo que algo nos gustó  porque nos darían las dos de la mañana, bebiendo ya sabéis qué.
El último día por la ciudad de las bicicletas, por cierto que empezó la jornada casi arroyándome una de ellas, pues no miré bien y casi me come. Por lo menos pude comprobar cómo suena el holandés cuando alguien está realmente cabreado, ¡ups, qué humor! Pues eso que comenzamos visitando el Magere Brug, el único puente levadizo de madera original que se controla manualmente.
Continuamos con un pedazo paseo de unos kilómetros hasta el molino de Gooier, ¡qué ilusión, ver mi primer molino holandés!
Cruzaríamos al rato el enorme y elegante puente de Waterlooplein y regresaríamos de nuevo a la Westerkerk, para intentar por segunda vez, subir a la torre y ver las vistas, pero nada, que la jodía estaba cerrada.
Y como ya lo teníamos prácticamente todo trillado, valoramos si meternos en un coffee shop a probar unos peculiares bollitos con unos ingredientes muy especiales o en una cafetería normal. Al final pensamos un poco, cosa rara, y dado que teníamos que coger un avión en unas horas nos decantamos por la segunda opción. Así que nada entramos a una normal y como quería pedirme un batido de chocolate y no sabía cómo decirlo en inglés, pues empezó el cachondeíto. El caso es que yo a la chica le decía chocolate en inglés, pero ella me respondía mil historias que a saber lo que significaban. Al final no se me ocurre otra cosa que empezar a decirle marcas españolas (OK, Cacaolat), a lo que la chica respondió poniéndome una cara de flipada de campeonato. Todo esto mientras mi colega se partía de risa al lado. En fin, que al final más cabreado que una mona me pedí una coca cola…¡¡A Coke, please!! Debería apuntarme a clases de inglés, siempre lo digo pero no lo hago.
Unos cuantos paseos más por los canales, descubriendo nuevos rincones y una comida en el Hard Rock, pondrían la guinda a estos días en la capital de los Países Bajos.

Tips:

En la página www.neweuropetours.eu, encontrarás toda la información necesaria para realizar los tours guiados gratuitos en español en esta y otras ciudades europeas.

En Amsterdam, Países Bajos

Opiniones:

Mi calificación promedio:
  •  
Servicio    
Ubicación    
Limpieza    
Precio/calidad    

Hotel V Frederiksplein

Alojamiento: Hotel en Amsterdam, Países Bajos

Las habitaciones más pequeñas imposibles, no tenías donde poder dejar la maleta! Por lo demás no estaba mal para pasar la noche y no parar en todo el día! La limpieza normal. A veinte minutos andando de la plaza Dam

Tipo de viaje: Placer, Vacaciones | Ideal para: Parejas, Con amigos, Solos y solas


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Capítulo 1
 
 


Últimos comentarios

luzy dice:
Amsterdam, siempre fascinante. Saludos
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danielhr dice:
Cierto Luzy, una pasada de ciudad !! Saludos
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elpetu dice:
me sirvio mucho la data...gracias..!

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danielhr dice:
Me alegra que te haya servido!! De nada!! Un saludo
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