Días más tarde, la salida del pueblo por El infiernillo y la llegada a Amaicha del Valle, fue el paso del día a la noche. Increíblemente, en un tramo de 10 Km. de distancia, el termómetro paso de 3º C a 13ºC (Data que me paso una familia cuyo auto poseía censores de temperatura, entre otros), de ver un paisaje sumergido en hielo ("garrotillo" como le dicen allí) y neblina, a un paisaje soleado, atestado de Cardones y de cielo brillantemente celeste.
Mi idea de Amaicha era solo usarla como base para poder ir al observatorio de Ampimpa, pero contrariamente a lo planeado, hice caso omiso. Al llegar a Amaicha (Pueblo de 5000 hab.), donde esperaba encontrarme con Seba (quien seria mi guía a las Ruinas de Quilmes y al observatorio), conocí a Juan y Sol, dueños del hostels donde me hospede y Vero, una huésped Australiana que había sido raptada por el encanto del lugar. El sol y el calor invitaban a pasear, por lo que me dirigí con una caminata tranqui, observando la vida tranquila de la gente, hasta la cascada El remate y el dique Los Zazos.
Tras el cansancio del paseo y un plato de ñoquis caseros compartidos con amigos, concluyo el día.
Mañana soleada, con Vero nos fuimos a recorrer el centro del pueblo, algunos puestos de artesanías y la virgen esculpida en el tronco de un árbol. Tarde ideal para recorrer las Ruinas de Quilmes, haciendo dedo, me adentre al lugar. Una oleada de nostalgia y grandeza milenaria me invadía. Tras volver al hostels se habían sumado algunos miembros mas; noche de asado, festejo de cumpleaños de uno de ellos, y compartir las experiencias del viaje hicieron una noche muy agradable.