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Peru

Escribe: isis2706
Desafiando limites. Historia de un sueño compartido y de como aprovechar al máximo 16 días.

 

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Aguas Calientes

Aguas Calientes, Perú — jueves, 26 de agosto de 2010

Nuestro camino empezó en camioneta, en un punto a lo lejos podíamos ver como un poderoso caudal de agua brotaba de la montaña y seguía moviendo parte de las rocas arrastradas por el alud. Comenzamos la caminata hasta la estación de trenes, donde descansamos por un rato y organizamos el día en Aguas Calientes, ya que esa noche la pasamos en un hotel, y cenaríamos todos juntos a la noche. Los que quisimos por unos 5 soles, pudimos mandar nuestras mochilas hasta el pueblo en el tren, para poder caminar más ligeros. Empezamos a caminar bordeando las líneas del tren que terminaban en Aguas Calientes. El camino es hermoso, rodeado de árboles, y con la bella melodía de los pájaros cantando. Por eso no entendíamos a los americanos, que iban caminando siempre a paso ligero enchufados con su i-pods; lo más lindo de esta travesía es justamente el contacto que se tiene con la naturaleza. Bordeamos un río, y vimos pasar el tren un par de veces. Una de las veces no fue nada grato, en nuestro camino se cruzaron un par de perros callejeros que iban correteando contentos entre nosotros, se nos adelantaron bastante y de repente el tren pasa, y a lo lejos se escucha el grito de uno de ellos; el tren lo había atropellado.

Después de unos minutos pasamos por el lugar, y el pobre perro estaba muy lastimado, nosotras decidimos continuar, porque nos impresionaba mucho la escena; más adelante cuando nos volvimos a cruzar a los chicos que se quedaron, nos dijeron que tuvieron que sacrificar al perro con el golpe de una piedra, no era justo que siguiera sufriendo, y no había mucho más para hacer.Seguimos bastante tiempo todos caminando en silencio, ya que el acontecimiento previo nos había afectado, hasta que vimos que estábamos entrando ya en el pueblo, a lo lejos se podían ver las casitas. Se nos iluminaron los rostros, de repente el cansancio se había evaporado y comenzamos a sacarnos fotos, con el pueblo de fondo. Marco  nos dividió de acuerdo a los hoteles en que nos alojaríamos y fue acompañando a cada grupo en sus respectivos lugares. A nosotras nos tocó habitación con cama matrimonial, nada que nos asuste, no era la primera vez que compartíamos cama. Nos dimos un lindo baño, esta vez si con agua bien calentita, y salimos a recorrer el pueblo.

Es chiquito, pero muy lindo y pintoresco, las casas están pintadas de colores, y hay una considerable cantidad de bares y lugares para comer, además de los típicos locales con artesanías. Nos volvimos a cruzar con José Carlos, el peruano que iba con el otro grupo y almorzamos con el. Jesica estaba cansada así que fue a dormir una siesta al hotel, ella la noche anterior se había quedado hasta más tarde despierta disfrutando el fogón. Yo salí a caminar, fui hasta la feria, un mercado enorme con todo tipo de artesanías y otras cosas más. Volví al hotel después de un rato, y fuimos a buscar algún teléfono para llamar, ya que había habido un problema con los pases de entrada al Machu Pichu y a ella no le habían dado el suyo. Le dijeron que a la noche en el restaurant se lo entregarían. El problema de ella fue menor comparado al que tuvo uno de los integrantes del otro grupo; un inglés que había contratado el viaje en su país, pero que no tenía reservado el tren de vuelta, y siendo que es casi imposible conseguir ticket en el día, Marco hizo un muy buen trabajo al conseguirle no se cómo, su pasaje para que el señor no pierda su vuelo.Cenamos todos juntos pescado, yo algo del puré de papas que acompañaba, y Marco  nos dió las ultimas explicaciones; tales como que debíamos estar antes de las 8 para que nos sellen la entrada y poder pasar al Huayna Pichu, ya que el cupo es limitado, y lo más importante, que teníamos que madrugar, esta vez la caminata comenzaba a las 4 de la mañana, pero bueno, estábamos todos tan ansiosos, que creo que ni dormiríamos esa noche.

Luego de la cena grupal, con el grupete que habíamos formado: dos peruanos, un mexicano con su esposa iraní y nosotras las argentas, decidimos dar un brindis, y yo comer una pizza ya que estaba con bastante hambre después de haber caminado todo Aguas Calientes. Fue una noche única, todos reunidos brindando por lo que casi habíamos logrado, tan próximo ya.

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