En la ruta escogida se alcanza ya el norte, el Puerto de Las Nieves, en Agaete, terruño de poetas y barcas donde el cielo deja ver uno de sus apéndices, pues allí se alza el denominado Dedo de Dios, esculpido caprichosamente en las rocas. El paisaje se ha vuelto definitivamente verde, sin vacilaciones, y las plataneras ocupan buena parte de las laderas de este municipio costero al que llegan, varias veces al día, los barcos de pasajeros desde Tenerife. Las casas blancas de Agaete se arraciman en torno a una bahía rocosa de arenas negras hasta la que descienden sus acantilados. Cuna de artistas, Agaete tiene fama de acoger amorosamente a quien se acerque a sus costas con afanes creativos. Si el viajero es buen nadador, puede llegar a la Playa de las Palomas. A través de ella (también se puede alcanzar en barca) se accede a una sorprendente ruta volcánica.
Entre los lugares dignos de mención destaca la Ermita de Las Nieves, que guarda en su seno un tríptico de origen flamenco del siglo XVI, así como maquetas de barcos. Asimismo, no conviene perderse la exposición botánica ubicada en el Huerto de las Flores. En el mes de agosto, aquí también tiene lugar una de las fiestas más animadas del Archipiélago, la Fiesta de la Rama, que reproduce la tradición aborigen según la cual había que acudir desde el monte hasta el mar para azotar las aguas y solicitar la caída de las lluvias.
Alejándonos de la cara marítima del municipio descubrimos el fértil valle en el que se asienta Agaete , donde la agricultura todavía actúa como motor económico. Más al norte se encuentran los municipio de Guía y Gáldar, el primero con su Iglesia de Santa María, donde se veneran varias obras del imaginero Luján Pérez, y el segundo que fue la capital aborigen y, por tanto, conserva algunos vestigios arqueológicos de gran importancia como la Cueva Pintada y las casas de El Agujero.
Los alrededores de Agaete ofrecen numerosos caminos reales por los que practicar senderismo, especialmente los que conducen al Sao, al Hornillo y a Tamadaba. Y si la pereza ataca tras el largo camino recorrido desde el sur, siempre queda la posibilidad de tomar un poco de pescado fresco en alguno de los numerosos restaurantes que dan al puerto.