La verdad es que cuando uno se encuentra frente al Aconcagua, la noción de que es el pico más alto de América parece perderse, porque está rodeado de otros muchos picos que hacen indispensable la ayuda de un lugareño para distinguirlo. A simple vista es difícil darse cuenta de que es ese, pero una vez allí lo único que reina es una sensación de pequeñez y un sentimiento de admiración hacia la naturaleza que nos ha regalado maravillas como ésta.
Subir al Aconcagua es tarea de personas que están en buen estado físico y que no temen pasar más de un día de escalada. Estas excursiones se pueden contratar en el lugar y hay varias empresas que se dedican a ello. Para los que prefieren sólo observar, el lugar indicado es el paso del Cristo Redentor.
Este monumento -a 4,000 metros de altura sobre el nivel del mar- es el paso por donde la División del Ejército Libertador, al mando del general Las Heras en la Campaña de los Andes, cruzó a Chile en 1817. Desde este punto se alcanza a ver el Aconcagua. Además, en este sitio se encuentra la frontera entre Argentina y Chile. Cada una posee una base desde donde se puede tomar un café o comprar un recuerdo. Llegar hasta el Cristo Redentor tampoco es una tarea fácil. Se hace a través de un camino de ripio en subida, pero muchas veces la nieve invernal tapa el camino por completo.