México: mil Méxicos, un mundo (4)

Escribe: Quela
ACAPULCO: UNA PERLA EN EL PACIFICO.Tomé el bus en San Luis a las 2.30 de la mañana. Me esperaba toda la noche de viaje. Los buses mexicanos son cómodos, con reposapies y baño, así que no tenía...

 

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Capítulo 1

México: mil Méxicos, un mundo (4)

Acapulco, México — viernes, 16 de septiembre de 2005

ACAPULCO: UNA PERLA EN EL PACIFICO.

Tomé el bus en San Luis a las 2.30 de la mañana. Me esperaba toda la noche de viaje. Los buses mexicanos son cómodos, con reposapies y baño, así que no tenía por qué tener ningún problema para descansar en el viaje. Pero lo mismo que me gusta viajar de día, también me gusta hacerlo en la noche. Las luces, pasar por pueblos débilmente iluminados, tienen un atractivo especial. No podía dormir, sólo podía mirar las luces y las sombras y recordar. De repente, en la madrugada, al girar una curva, algo llamó mi atención. Una sucesión de luces alineadas hasta el infinito en un explanada. Querétaro se asomó por mi ventanilla.

Llegué a Acapulco bien entrada la mañana. Me di cuenta de que estaba allí porque al bajar sentí una bofetada de calor húmedo.
Mi primera impresión sobre Acapulco es una similitud. Me recordó a Benidorm en lo geográfico. A medida que lo fui conociendo, fui ahondando en su propia esencia. Acapulco sabe a rancio abolengo. Se palpa en el ambiente el orgullo de haber sido un importante puerto comercial que unia América con Asia y Europa, y también el primer gran complejo turístico mexicano.

El eje central es la Avenida costera, que discurre paralela al mar. Enfrente, las montañas cubiertas por una vegetación de pinos que casi se precipitan sobre el mar. Verde, azul, playas de arena amarilla, de pronto la playa se convierte en un acantilado donde las aguas golpean bravas.

La Quebrada, desde donde se tiran los clavadistas, es como una grieta abierta en el acantilado bastante estrecha, de unos 60 mts. de altura. Yo no los vi tirarse, pero sólo de pensarlo ya me dio vértigo.

Sinfonía del Mar (no es un nombre delicioso?) es un paseo que nace en la Quebrada y va paralela a la Costera del lado del mar abierto. Yo lo vaminé con mi amigo Gonzalo. Es un paseo que recomiendo porque es realmente hermoso. La sensación es de tener el mar a tus pies. Pero un consejo, no lo camineis a las 3de la tarde. El calor es realmente asfixiante. Siguiendo por el paseo, se llega a una playa pequeña, lo que en España llamaríamos una cala, Playa Angosta, con chiringuitos en los que se pueden degustar toda clase de mariscos a bastante buen precio.

La marcha en Acapulco es increible. Hay locales (antros) para todos los gustos, discotecas con toda clase de fiestas y también bares tranquilos, como el Bar del Puerto, uno de los dos más antiguos de Acapulco, donde te puedes tomar plácidamente una cerveza oyendo buena música.

El sol cae sobre el Pacífico, y el rojo brillante se va apagando sobre el agua. Lucecitas aparecen por todas partes. Luces que circundan la bahia y que desde la cima de las colinas van bajando hacia el mar hasta iluminarlo. es entonces cuando de verdad se vive Acapulco.
La noche envolvente, el ambiente, la brisa besando mi piel, el mar, me hacen sentir feliz, siento que Acapulco es un trozo de paraiso. Deseo que esa noche no termine, porque al día siguiente me voy a Ciudad de México, y ya no veré el mar. Pero la mañana llega, y yo dejo Acapulco, con pena, pero contenta de haber conocido ese maravilloso lugar. Me encamino hacia mi última escala, el Distrito Federal.


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